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2013
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Memorias Tristes y Alegres de una Princesa Vasca
Miércoles, 10 de Marzo de 2010 19:54
Incendio

Y sí…Y sí….Con la frente marchita debo reconocer a mis queridísimos lectores (ahora tengo uno menos) que por la misma razón que desaparecí…Volví.

 

 

Empiezo a escribir esta Crónica sentada en un barcito de Buenos Aires;  esos que están repletos de personajes tan extraños a nuestros “interiores”  ojos y tan comunes para los porteños. Un pajarito se acerca a mi sandalia y come unas miguitas de un alfajorcito que decido compartir con él y mientras lo saborea me confirma que estoy más cerca suyo que de toda la locura que me rodea.
Gracias a vos Pajarito!!!

Hay un hombre sentado cerca  que me mira desafiando y buscando mi mirada, que por el momento, no  encontrará.  Podría alguien afirmar que también lo miro, como es sino, que sé que me mira? No es ningún talento personal; es una condición inherente a  mi género. Soy mujer y podemos (cuando queremos) mirar sin que noten esa mirada que,  en estos casos,  sólo está teñida de cierta curiosidad. Del mismo modo que miramos cuando tenemos “segundas intenciones” (OK, “primeras” sería más honesto).

Supongo que el hombre no podría de ninguna manera saber qué esconde mi mirada, que esconde mi rostro, que esconde mi alma. Porque yo me desconozco (o me conozco más que nunca) en este proceso, raro esta vez, que es olvidar y  desdibujar (los colores fueron mi elección),   al ser  con quien compartí los últimos siete meses: “Un amor sietemesino que no sobrevivió a la incubadora”.

A veces estoy triste y no puedo, ni quiero evitarlo, pero a veces también estoy feliz, sintiendo que volví a casa, y tampoco puedo evitarlo. Estoy loca?  Tampoco puedo evitarlo…

Mi consejera espiritual que no es una monjita, está de vacaciones (epa!! no sólo por mi se toma un descansito), así que solita, solita deberé decodificar este estadito, intentando ser lo más  fidedigna posible.
Pasé estos meses desde el primer día al último conviviendo sin convivir con un hombre que creí especial; de esos que “ya no quedan”, hubiera dicho mi abuelita si viviera. Atento, cariñoso, responsable, laborioso, fiel (en verdad, esto no podría aseverarlo pero parecía), trabajador (en todos los sentidos…), que me daba la mano en la calle (son serias mis dudas si lo hacía por amor o para que no me atropellara un auto), que me preparaba  unos riquísimos asados con verduritas a la parrilla que  me seducían más que cualquier perfume francés. Igual, mi costado frívolo, es capaz de darles  de comer polenta un  mes seguido a mis niños para comprarme un perfumito de esos que casi, casi, cotizan en  bolsa.

Y podría seguir enumerando virtudes del caballero. Pero no tengo ganas. Sobre todo porque el último día de nuestro idilio, en sólo un minuto, supe que todas aquellas virtudes, no eran tales, el hombre sólo busco algunas cosas que conmovieran al común de las mujeres y las aplicó. Y como yo soy tan mujer y tan común…funcionó.

Lo que no tuvo en cuenta el buen señor, es que esta mujer, sabe  más lo que No quiere, que lo que quiere.  Así las cosas,  y considerando que  los cobardes, los tibios o  los mudos por elección, (y desconozco dónde ubicar al mocito)   nunca me simpatizaron, emprendí la retirada.

Ojo….debo dejar sentado que aparentemente él no me quería más y no se animaba a decírmelo porque parece que  yo soy muuuuuuuy mala y temía por mis represalias….. Pero…….Momentito!!!! También  soy muuuuuuuy astuta y cuando mis palabras fueron: “Mirá que me voy eh….”  y  lo único que mis oídos escuchaban eran los Goles  de la Fecha del Torneo Clausura  en Crónica y su mirada estaba más atenta a ese detalle que a mi partida inminente,  me avivé y me dije: “Sí, sí, me parece que me voy a ir yendo”…. Una genia no? Dos días antes  me hablaba de amor….  Dios mío qué pasa con las personas? Me fui,  devolviendo las llaves del Reino, las Cartas y los Peluches y en una trágica Noche de Domingo (que no era con Sofovich) supe que jamás volvería.

Igual, nobleza obliga, debo admitir que no creo ser precisamente la más fácil de las Mujeres….y encima vengo con una mochilita interesante compuesta por una Small de 5  y un  Large de 16,  que aunque son “limpitos y educaditos”, y  muy queribles, hay quienes sólo la quieren a una pensando que tenemos 20 (éstos claro, de ahora en más abstenerse…están avisados…)

Como sea, hizo mucho por mí, aunque creo que impostado, y a la inversa, no miento si afirmo que aposté con ingenuidad. Y así  compramos que estábamos enamorados. Realmente lo creímos. Tanto lo creímos que nos convencimos. Ahora sé que no. Los dos, necesitamos creerlo.

Y entiendo que por la misma razón.

La sabiduría popular nos dice “un clavo saca otro clavo”, frase que me cuestiono hace tiempo, porque hasta donde mis artes domésticas me enseñaron, sólo un destornillador o un martillo sacan un clavo, pero nunca otro  clavo.
“A rey muerto, rey puesto” dicen también por ahí.
¿Me siguen?

Pero…atención…..ya lo gritaba la Pimpinela Lucía “es mentira, es mentira que un amor con otro amor siempre se olvida”.

Y este creo, es el punto. Ambos veníamos de otras historias intensas. Doce años en su caso, tres meses en el mío. Debo reconocerle cierta exactitud al Negro Dolina cuando dice que “muchas veces, los mejores amores son los fugaces”.

Y en honor a nuestra cordura,  puedo asegurarles  que sólo nuestros inconscientes fueron responsables de esto, necesitábamos olvidarnos de quienes no nos habían elegido.
Juro que yo  aprendí la lección;  él, hombre al fin, creo que ya está con 3 talles más grande de corpiño;  pero como bien sabemos, los hombres nunca se separan….simplemente cambian de mujer.

Con mi compañero fugaz, es decir el ex que precedió al actual ex,   y en nuestra primer “Cena con velitas para dos” quedó clarísimo que esa misma “Cena”, varias veces podría tener distintos protagonistas. Ambos enunciamos, sin estrategias,  lo utópico que el Amor nos parecía, que no había riesgo de enamorarse, que cuando “pintara”, y bla, bla, bla, bla.

Inauguramos,  él “La Relación que No Es” y yo el “Spa”. Sí, lo admito, dos tarados….pero tampoco fue nuestra culpa….es el signo bajo el que nacimos y que compartimos, el que nos condena a cometer ciertas estupideces, de las que además, nos jactamos!!  De todas formas debo reconocer que él sí decía la verdad.

En ese acuerdo tácito, yo también decidí que ni mis hijos, ni mi otro mundo, se rozarían; no estábamos disponibles, ni queríamos  una “pareja”. 

Desconozco cuánto de mi  habrá quedado en su vida … Pero sí diré que pasé en esa casa, la suya, noches muy agradables, con la persona más fresca que conocí ultimamente, que compró comida riquísima,( sí,  soy una gordita encubierta) que me hizo escuchar canciones hermosas, que me mostró  videítos que me llegaron al corazón, que la primer noche que cenamos sonó y se vio en el plasma a Cat Stevens cantando “Padre e Hijo”, sin sospechar él,  que aunque esté en el Súper un domingo al mediodía, lloro igual cada vez que lo escucho, porque me emociona tantísimo. Y esa vez no fue la excepción.  Que me contó historias de sus viajes (el hombre es muy viajado y yo sólo llegué hasta el Peaje, con lo cual disfruto mucho escuchando lo que aún no pude vivir) y que me contó mucho más de lo que quiso contarme…con sus silencios, con su acidez tan parecida a la mía, con su risa. Eso habló mucho más que él. Vi su alma cuando le hablaba de mis hijos y su dolor  por los que no le llegaron.

Lo vi, no sólo hasta donde me mostró. Lo vi mucho más  y cuando mi corazón, irrespetuoso, indómito, vulnerable, cerradísimo comenzó a latir muchísimo más fuerte y esos latidos fueron acompañados por distintos cepillos de dientes  y ya “la persiana no pudo corregir la aurora” hice lo que debía. Pregunté; al que también me dijo que mentía,  la única pregunta que tenía sólo una respuesta que sabía sería verdadera. Y escuché  esa verdad. Y abrigando  mi tristeza porque no podía elegirme como yo a esa altura quería, me fui. Cuidando mi corazón  y eligiendo una vez más mi soledad.

Y  a ver……, Chicos, Hombres que nos quitan el sueño y el vestido. Habemos damas, que definitivamente preferimos estas verdades a las mentiras ocultas, a la provocación para irnos porque carecen de cojones para sostener los sueños que creen demandamos. Habemos mujeres que estamos muy lejos de ser Glen Cloose y hervirles el conejito. Ni rayarles el auto, ni robarles su camiseta de fútbol, ni dejarnos de rehén a sus hijos, sus CD, o sus herramientas. Ni mucho menos llamarles un sábado a las 02 de la mañana para informarles que nos bajamos una caja de Rivotril y estamos a punto de morir porque El nos dejó; cuando en realidad todo lo que hicimos fue chuparnos 1 Mentolyptus mirándonos al espejo y tejiendo las mil y una forma de seguir rompiéndole las pelotitas….

Insisto, muchas preferimos sólo la verdad, perder con hidalguía y dignidad, y entonces nos vamos silbando y llorando bajito, pero no más que eso. Compréndanlo….No somos todas TAN iguales.

En el caso que les conté, todo un caballero que dijo la única verdad  que yo no quería escuchar y por eso, entre otras cosas, se ganó mi respeto y mi cariño presente.

Los días siguientes a esa verdad  fueron una sucesión de mi alma en pena, deambulando entre los mates con mis amigas , mirando, en  pijama,  películas tristísimas para seguir llorando abrazada a mi bolsa de agua caliente, escuchando tangos, boleros y la Colección completa de las 100 Canciones de Amor del Siglo XX, y aún a riesgo de  tambalear mi sentido estético de la música no importaba si era Pablo Milanés cantando “El breve espacio en que no estás” o Cristian Castro y “El amor es azul, como el mar azul”, todo me hacía llorar por igual , pensando sin alivio “por qué no me quiere?”  Y en realidad  la respuesta había sido clara y contundente: Nos quería a todas….

Y en exactamente esas circunstancias, apareció, con una sonrisa hermosa que sigue teniendo, el vergel de virtudes amorosas, aquel hombre que decidió jugar a los Novios conmigo y que yo acepté también las reglas de un juego que empiezo a entender un poco más; un hombrecito al que hoy debo olvidar o más bien, olvidar la costumbre, la rutina, la cotidianidad de compartirlo todo. No me es fácil, lo quería mucho y no importa si él  lo merecía o no; pero sin duda, mi  vida sin él es lo que elijo y en esto,  todas son certezas.

El resto, mis amigos, son todas dudas, y no me avergüenza  decirlo. Ni me hacen ruido mis contradicciones, ni la felicidad que tengo de a ratos, ni la tristeza que tengo de a otros, ni remotamente poder saber si quiero un Novio, el Spa,  los dos en uno, o casarme en patas a  orillas  del Mediterráneo….. No lo sé. Y me  permito estas dudas  porque a esta altura del camino recorrido, es casi un milagro mantener ignorancias que traen como únicas consecuencias, agradables sorpresas.

Definitivamente prefiero arañazos en mi corazón que cuidarlo tanto, y que en ese cuidado se me vaya la vida, como una espectadora más, sin magullones, transitándola  sin conocer qué carajo es sentir el alma al ras del piso, por amor, por ilusiones desarmadas, por futuros que no vendrán como lo imaginamos, por pasados muchas veces pisados.

Tenía 9 años cuando conocí el dolor, el dolor verdadero; el dolor que deja la muerte de un hermano de 7 añitos, cuando la niñez, la mía y la de todos,  nos dice, erróneamente, que sólo mueren los viejitos. A partir de entonces tuve una ventaja sobre varios. Supe que la única manera de convivir con el dolor es dejarlo formar parte de toda nuestra existencia, sin resistencias ni engaños efímeros,  y sólo de ese modo es cuando, créanme, uno luego puede comerse la vida, disfrutarla, gozarla, asombrarse, descubrir, animarse, aceptar nuevos dolores,  y todo lo que acabo de relatarles en esta Crónica, que no sólo me trae de vuelta a ustedes sino que me trajo hasta Casa, Mi Casa de donde espero no alejarme más…

Optimismo pelotudo, pensarán algunos…..
Yo en cambio diré:
La vida, los libros, el cine, los amigas, las amigos,  la luna, la noche, el vino, la hierba, bailar, besar, abrazar, las canciones, las traiciones, las mentiras mentirosas, las piadosas, las escuchadas y creídas  en la ingenuidad, las creídas a conciencia, las dichas sin querer, las verdades más dolorosas y  las más bellas, las heridas y las cicatrices, la mirada de mi hija, las pavadas, el perdón, las lágrimas con o sin sentido,  los mimos disfrazados de mi adolescente hijo, la risa interminable con ellas, los recitales, comer, el agua, las cosquillas, el fuego, las golosinas, la playa, los sueños por cumplir, el sexo apasionado de una noche de amor, el amor de una noche, los magos, el fútbol, el cielo, los brazos de mi amiga que sostienen mi cuerpo y mi angustia con mates que suavizan una noche interminable, el campo, los perros de la calle, algunos ex y sus encantadoras mujeres,  la tristeza y el consuelo, el tiramisú, los enojos, los piropos,  los asados,  los viajes por empezar, la familia, la lluvia, el frío,  las zapatillas, el sol, los amantes ardientes, los ausentes y los presentes, cocinar, los recuerdos de casi todo, el olvido necesario, la memoria intacta y elegida de mis muertos queridos y los hijos, otra vez los hijos, claro.
Ustedes si quieren, busquen su lista…

Y hablando de hijos , mi pequeña Manuela cumple  años y aunque su madre no es precisamente Maru Botana  para la repostería, quiere  preparar su fiestita y su torta,   que encararé en unos minutos y de ninguna manera me frustraré a pesar de que cuando fui a comprar chirimbolos para decorarla  y  le pedí a la señora que atiende “Quiero un poquito de esas pelotitas plateadas” ; ella,  con mucha displicencia ,  efectuando  un suave movimiento hacia abajo con sus lentes y mirándome fijamente a los ojos, haya contestado:  “ Confites señora, se llaman confites”…..

Hasta la próxima.

Esta Crónica está dedicada a Vos, que me regalaste una nochecita  tu Notebook (en donde escribí casi todo esto), un beso  y una vez más me hiciste feliz….Gracias Nenito…
“Los hechos y personajes de estas Crónicas No Son Mera Coincidencia y cualquier parecido con la realidad es Bien a Propósito”

 

Memorias Tristes y Alegres de una Princesa Vasca