A cinco años del Acuerdo de París, Argentina mejora su meta climática, aunque no lo suficiente

Hace cinco años, la comunidad internacional lograba un histórico acuerdo para reducir las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera y empezar a mitigar el avance del calentamiento global, un fenómeno que en el Litoral de Argentina resulta en mayor cantidad de eventos extremos como lluvias intensas, olas de calor, sequías o inundaciones.

El llamado Acuerdo de París busca de cada país establezca metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para llegar así a una deseada “neutralidad en carbono”. ¿Está Argentina de llegar a eso? La sensación es que no, mientras no se revise de manera profunda y concreta la manera de producir y consumir, atada a un modelo extractivista donde las externalidades ambientales son consideradas “daños colaterales” de un progreso que, por otro lado, nunca terminó de consolidarse en un país con la mitad de sus chicos en situación de pobreza.

Compromiso argentino

La semana pasada tuvo lugar, de forma virtual, la Cumbre sobre la Ambición Climática en la cual 75 jefes de Estado anunciaron nuevos compromisos climáticos, en casi todos los casos insuficientes.

Argentina estuvo representada por el presidente Alberto Fernández, quien anunció tres compromisos: el primero fue una nueva meta de la NDC (emisiones nacionales) que consiste en no exceder las 358,8 millones de toneladas de dióxido de carbono para 2030. Una meta que supera la anterior (que era de 483 millones de toneladas), pero aún alejada de la necesaria, que no debería superar los 250 millones de toneladas en los próximos diez años.

“El presidente anunció una ambición casi un 26% más alta para 2030 y reafirmó el compromiso de ser carbono neutral. Esto representa una mejora importante en la ambición climática del país, pero no lo suficiente para limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados”, explica la Fundación Argentina de Recursos Naturales (Farn) en un análisis reciente.

En pocas palabras: Argentina se compromete a contaminar menos, pero eso no alcanza para volver a un promedio de calentamiento global que no supere por más de 1,5 grados centígrados a los promedios de temperatura globales previos a la revolución industrial.

A esa meta se le sumaron dos anuncios más: la puesta en marcha de un Plan Nacional de Adaptación y Mitigación y el compromiso de llegar a la neutralidad en carbono en 2050, algo que ya había anunciado Mauricio Macri.

Una transición necesaria

Para acercarse a la neutralidad de carbono hace falta avanzar en al menos dos planos al mismo tiempo: por una parte, reducir las emisiones de las actividades económicas que las generan (industria, transporte y modelo agropecuario). Por el otro, avanzar con planes que ayuden a “absorber” carbono como la reforestación o la restauración de ambientes naturales destruidos.

Para dejar de emitir gases contaminantes, el país debería encarar una transformación de su matriz productiva profunda, que no asoma por ahora en el horizonte cercano. Significa, también, modificar hábitos de consumos muy instalados en los consumidores, donde (por ejemplo) la demanda sin fin de energía o el uso de plásticos de un solo uso se han “naturalizado” en las últimas décadas de manera alarmante.

Se trata, en definitiva, de cambiar la forma de actuar y pensar no sólo en lo productivo, sino también en lo político y en lo cultural. Un verdadero cambio civilizatorio, con todo lo que eso implica.

Según analizaron desde la Farn, las señales del gobierno nacional son muy contradictorias en este sentido: “Las metas declaradas por el presidente no se condicen con los anuncios para los sectores productivos de 2020”, explicaron, para agregar que el mandatario “no hizo referencia a la importancia de contar con planes de recuperación económica post-pandemia hacia un desarrollo sostenible y bajo en carbono, que Argentina no ha desarrollado hasta ahora”.

Los subsidios a los combustibles fósiles, el barril criollo de petróleo y el potencial acuerdo porcino con China se cuentan entre las principales señales que van en contra de lo que el propio gobierno dice. “Para ir en la dirección correcta, la acción climática tiene que comenzar a implementarse desde ahora, y de forma contundente, en todos los sectores de la economía” señalaron desde la Farn.

Las idas y vueltas de Estados Unidos

Hasta la asunción de Donald Trump, Estados Unidos era –comandado por Barack Obama– uno de los países líderes en la lucha al menos discursiva contra el cambio climático. Trump siempre detestó eso, así lo dijo durante su primera campaña electoral y así lo ratificó al llegar al poder, cuando decidió sacar a ese país del Acuerdo de París, algo que en lo formal recién ocurrió hace pocas semanas atrás.

Donald Trump y Joe Biden se encuentran en las antípodas respecto a su posicionamiento frente al cambio climático y al acuerdo de París

Durante su última intervención en el foro del G20, Trump dijo que el Acuerdo de París “no fue diseñado para salvar el medioambiente” sino “para matar a la economía estadounidense”, algo que creyó buena parte de la población de esa nación.

Joe Biden, quien asumirá en pocos días, usó ese argumento como lema central de su campaña, al avisar que bajo su presidencia Estados Unidos iba a volver al Acuerdo así como a liderar “la lucha mundial contra el calentamiento global”. También propuso un plan de 1,7 billones de dólares para que el país norteamericano llegue a un neto de cero emisiones de carbono en 2050.

Fuente: Aire de Santa Fe