Antes o a horario: la increíble precisión del transporte público en Rusia

Los colectivos en Rusia no cumplen el horario: llegan varias horas antes de lo que anuncian. Viajar en autobús entre ciudades rusas no es una experiencia muy recomendable. No por peligrosa sino por incómoda. Aunque también tiene este tipo de particularidades.

Si hay algo que cumple a rajatabla el transporte público en este país es el horario: los micros, trenes, metros, tranvías, trolebuses, pasan por cada parada en el momento previsto para que pasen. Suele haber diferencias de apenas minutos.

En Moscú, por ejemplo, en las paradas hay carteles que exhiben el horario exacto en que cada micro va a pasar por allí a lo largo del día. Los pasajeros jamás deben esperar más de un par de minutos de demora. En el resto de las localidades funciona igual.

 

En Lyalovo, una pequeña localidad a 40 minutos de Moscú, el micro hacia Zelenograd (donde había que hacer la combinación para ir hasta la capital) tiene una precisión que ya envidiarían los relojes suizos.

El servicio de transporte urbano e interurbano corto se suele realizar con dos tipos de vehículos: colectivos y trafics. Ambos son igualmente legales (y autorizadas a funcionar) y reciben tarjeta de débito para el cobro. Casi todos los rusos utilizan ese sistema de pago. El resto paga con rublos. En algunos casos, como en Lyalovo, el chofer no entrega boleto a los pagadores en efectivo (si, en cambio, les da el recibo a los que abonan con tarjeta).

En Moscú tampoco existe el boleto en papel: o se utiliza la tarjeta Troika (que además tiene descuentos en pasajes comunes y más si se utilizan dos transportes diferentes en un lapso de 90 minutos) o una tarjeta descartable que se le puede comprar al propio chofer o en las cajas que hay en algunas paradas y estaciones del metro.

 

Esa misma tarjeta descartable puede ser utilizada para viajar en el metro, siempre que se le carguen los viajes correspondientes al momento de comprarla. Moscú tiene una red de transporte muy bien aceitada, tanto que podría recorrerse toda la ciudad en unas pocas horas y por, relativamente, pocos rublos. En realidad, los boletos en la capital rusa son de los más caros.

Por ejemplo: un pasaje sin tarjeta Troika cuesta 55 rublos (poco más de 20 pesos); con Troika 36 rublos (16 pesos); un combinado de dos transportes en 90 minutos 56 rublos (24 pesos). En el resto del país, los boletos urbanos rondan entre los 20 y los 30 rublos (entre 8 y 13 pesos).

Moscú, además, tiene un fantástico sistema de Metro que unen distancias enormes dentro de la propia ciudad. La frecuencia y precisión de los subtes asusta: en hora pico, puede haber una diferencia de 45 segundos (dependiendo la línea) entre un tren y el siguiente que hace el mismo recorrido. En horario no pico, como mucho 3 minutos. Y todo puede ser monitoreado por los pasajeros: en las bocas de los túneles por donde aparecen y desaparecen los trenes hay cronómetros que se activan en el momento en el que los trenes se ponen en marcha.

 

Para moverse en el Oblast de Moscú existen varias alternativas de trenes. Los precios son más elevados, pero hay numerosos vehículos que te llevan a cualquier lugar. Por ejemplo, el Aero Exprés cuesta, desde cualquiera de los tres aeropuertos al centro, 500 rublos (230 pesos). Es rapidísimo y no tiene paradas intermedias. El viaje, igual se puede hacer con combinaciones de buses y metros por mucho menos (56 rublos con la Troika).

Moverse dentro de una ciudad es más barato en Kazán o en Nizhny Novgorod, por ejemplo. En la primera, todos los transportes – metro, trolebús y autobús – tienen la misma tarifa: 25 rublos (12 pesos). En la segunda, varía entre 20 y 28 rublos (9 y 13 pesos, aproximadamente).

Los colectivos funcionan como los metros: se detienen y abren las puertas en todas la paradas, haya o no gente para bajar y subir. No es necesario ni hacerle señas para abordarlo ni tocar el timbre para descender en la próxima.

El sistema de cobro es particular. En Samara y Kazán no se le paga al chofer. Hay casi siempre una mujer (a veces, muy pocas, suele ser un hombre) que recorre todo el micro o el trolebús cobrando el pasaje. También se paga con tarjeta o con efectivo, pero siempre se recibe el boleto a cambio.

Nizhny Novgorod, en ese sentido, es particular. Sí hay que pagarle al chofer, que va manejando. Los pasajeros pueden subir por cualquiera de las puertas del cole, no solo por adelante. De ahí tienen que dirigirse a la parte delantera a abonar el pasaje. Cualquiera podría evitar pagar si subiera por detrás y nadie se daría cuenta. Pero nadie lo hace, todos pagan.

 

Para viajar entre ciudades a distancias más o menos largas conviene aplicar la máxima mochilera que recomienda viajar de noche y así ahorrar un día de alojamiento. En ese sentido, el tren es la mejor opción aunque no la más barata.

Los pasajes de trenes se ponen a la venta con 90 días de anticipación. A medida que va acercándose la fecha, los precios van en ascenso. Hay diferentes clases y vagones. En la clase 2 y 3 se puede dormir plácidamente en sus confortables literas. Además, hay acceso a agua caliente, baños bastante limpios y, si uno pagó lo suficiente, a té y café. Los viajes son placenteros y cómodos. En algunos casos, la ropa de cama viene incluida. En otros no pero hay que pagarla aparte, porque está prohibido (por razones de higiene) dormir en una litera sin ropa de cama.

La opción menos costosa es ir sentado, ahí se acaba la comodidad para dormir: son asientos rectos sin posibilidad de reclinar.

Viajar en avión puede ser barato, si se encuentra la oferta justa en el momento indicado. Todas las ciudades grandes de Rusia tienen hasta 3 aeropuertos en sus ejidos. Los viajes son supercortos, por lo que conviene ante la necesidad de acortar tiempos.

El colectivo no es recomendable bajo ningún punto de vista para un viaje de varias horas: los asientos apenas se reclinan, hay poco espacio y las rutas, a decir verdad, no están en fantásticas condiciones. Igual tienen su punto positivo: siempre llegan antes de lo estipulado. Mucho antes.

 

Por ejemplo, de Samara a Kazán, el bus partió a las 11 de la noche y tenía que llegar a las 7 de la mañana del día siguiente: llegó a las 5.21 de la mañana. De Kazán a Nizhny Novgorod lo mismo: debía llegar a las 7 de la mañana (había salido a las 22.25 del día anterior) pero llegó a las 5.36. El horario de llegada figura incluso en el pasaje, aunque no se respete gran cosa.

El control sobre los pasajes suele ser aleatorio y a veces mochilas, bolsos y maletas deben pagar un plus. Otras veces solo te dejan subir y ni te preguntan por el pasaje.

Parece que el transporte público en Rusia se rige sobre todo por la honestidad de los pasajeros, más que por los controles que se puedan ejercer. O tal vez es tan grande el volumen de pasajeros que trasladan que poco le importa a las empresas que algunos puedan hacerse los vivos.

 

Por Facundo Insegna.