Coronavirus: diferir la segunda dosis equivale a proteger más personas

Ante la escasez mundial de vacunas, el acaparamiento por parte de las grandes potencias (aproximadamente el 10% de las naciones concentra el 90% de las dosis) y una nueva ola que provoca suba de casos, colapsos sanitarios y muertes en la región, diferir tres meses la segunda dosis se establece como la mejor opción. Así lo decidió el viernes el Consejo Federal de Salud, del que participan los ministros de las 24 jurisdicciones. Una acción concreta que, desde una perspectiva sanitaria colectiva y no centrada en el individuo, servirá para disminuir el impacto de las hospitalizaciones y la mortalidad. Aún más cuando la inoculación de una sola dosis (tras 15 días de recibirla) confiere una protección considerable, que va desde el 60% al 80% según las plataformas vacunales. Como las autoridades sanitarias remarcan, diferir la segunda no equivale a dejar de darla sino tan solo a posponerla. ¿El objetivo? Proteger a la mayor cantidad de personas lo más rápido posible. Hay que subrayar que la ministra Carla Vizzotti había deslizado esta posibilidad en una entrevista con Página 12 realizada a principios de enero.

Desde esta perspectiva lo entiende Mario Lozano, virólogo del Conicet y experto en vacunas: “Me parece una acción que vale la pena llevar adelante en esta emergencia. A mediano plazo se debería cumplir el protocolo estándar y todas las personas que solo recibieron una dosis, deberían recibir la segunda. En el corto plazo, esta estrategia permite proteger a más personas y más pronto”. Y luego sostiene que aunque “cada vacuna cuenta con sus particularidades que se desprenden de los ensayos realizados, con tres meses de distancia entre la primera y la segunda inoculación estaría bien y no habría ningún problema”. La razón es matemática: escoger si se privilegia inmunizar al doble de personas con una dosis y obtener una buena protección, o bien, a una menor cantidad con las dos.

Hasta el momento, según los datos consignados en el Monitor de Vacunación que administra y gestiona el Ministerio de Salud de Nación, fueron inyectadas 3.570.460 dosis, de las cuales 2.908.932 corresponden a la primera y 661.528 a la segunda. A la fecha, Argentina recibió 5.250.000 vacunas. A éstas deben sumarse las 218 mil que arriban el domingo, las 3 millones de Sinopharm que comenzarán a llegar a partir de la semana próxima (para el miércoles se aguarda el primer millón). En abril, según se espera, también aterrizarán las 580 mil Covishield (Oxford/AstraZeneca fabricadas en India) restantes (ya que la primera remesa llegó en febrero) y el primer lote de 900 mil de Oxford/AstraZeneca elaborado en el país por la biotecnológica local mAbxience y distribuido por México y Estados Unidos.

El plan estratégico de vacunación, desarrollado por el Ministerio de Salud, contempla inocular como población prioritaria a los adultos mayores. Aproximadamente 7.300.000 personas tienen 60 o más años en Argentina y se espera protegerlas antes de que se acentúe el frío y se consolide la nueva ola. La meta es alcanzable, más aún, luego de la autorización de uso de emergencia de la vacuna china en esta población. Cumplir con ese propósito sería clave, sobre todo, si se contempla que el 84% de los fallecimientos por la Covid-19 corresponden a esa franja etaria. Bajo esta premisa, días atrás, Alberto Fernández señaló que si los contratos con las farmacéuticas avanzan según lo esperado, el anhelo podría volverse realidad antes del 30 de abril.

Según aclararon desde la cartera sanitaria que conduce Vizzotti, no está en los planes dejar de dar el esquema completo. Simplemente, se trata de un retraso para poder inmunizar a más gente. Las recomendaciones para todas las vacunas tienen en cuenta los lapsos mínimos que deben cumplirse entre la primera y la segunda dosis. De acuerdo a lo que se explicita en los canales de difusión oficiales del área, la segunda inoculación debe ser “a partir” de los 21 días. Vale destacar que si bien las vacunas no pierden su efecto, al no darse la segunda en el corto plazo, los individuos transitan esos meses de espera con un porcentaje menor de protección, pero inmunizados al fin.

El ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollan, apuntó en el mismo sentido a través de un mensaje que difundió a través de sus redes sociales: “Todas las vacunas que se aplican en Argentina son, hasta ahora, de dos dosis. La estrategia que se está evaluando es aumentar el tiempo entre la 1ra y la 2da para tener rápidamente protegidas a más personas, para luego completar la segunda dosis cuando lleguen mayores cantidades”. Y completó: “Además, los primeros estudios a nivel mundial demuestran la alta eficacia de las primeras dosis de todas las vacunas”.

La evidencia hasta el momento

El titular de la cartera de la Provincia de Buenos Aires se refiere a investigaciones realizadas en Israel y publicadas en la prestigiosa revista The Lancet. Un trabajo ofrece evidencia de que una sola dosis de Pfizer proporciona 85% de eficacia. En paralelo, también hay que destacar que en los países que ya han inmunizado a buena parte de su población de riesgo las hospitalizaciones y la mortalidad se reducen de manera drástica.

En febrero, investigadores de la Universidad de Oxford publicaron un Pre-print en The Lancet en el que revelaban una eficacia de dosis estándar única de su vacuna desde el día 22 hasta el día 90 después de la aplicación del 76%, sin que la protección disminuya en este período de tres meses. Lo que aún significa más, diferir la segunda dosis de AstraZeneca, mejora su eficacia. “La vacuna de AstraZeneca/Oxford protege con una muy alta eficacia los casos graves de coronavirus. Incluso, los equipos científicos a cargo de su desarrollo observaron que en aquellos protocolos en los que se prolongaba el período entre dosis era mejor, porque los individuos inmunizados alcanzaban la máxima producción de anticuerpos. Me refiero a una brecha de entre 60 y 90 días entre una y otra”, detalla Lozano.

Otro análisis publicado como Pre-print en la misma revista especializada, también en febrero, evaluó la eficacia de las vacunas de Pfizer y Oxford en Escocia “en la vida real” y arrojó que una sola dosis generó reducciones “sustanciales” en el riesgo de hospitalización. El estudio contempló a 1.137.775 de personas vacunadas que se compararon con el resto de la población gracias a un sistema de datos integrados (que incluyó información de registros de vacunación, testeos por PCR, hospitalizaciones y mortalidad). El artículo concluyó que la vacuna de Oxford dio una protección contra casos severos del 94% entre 28 y 34 días post aplicación de primera dosis; mientras que la de Pfizer generó una protección del 85% en el mismo período.

Desde este enfoque, Lozano continúa con la descripción de la evidencia disponible hasta el momento al respecto de las otras dos tecnologías que están siendo aplicadas en Argentina. “La finalización del estudio de Fase III de Sputnik V, por ejemplo, ha mostrado que a los 21 días de la primera dosis las personas alcanzan un 80% de eficacia en evitar el contagio. Pero lo que aún significa más, para ese momento, ya evita en un 100% las internaciones en terapia y el desarrollo de casos graves”, explica. Luego completa: “Para esta opción vacunal, por lo tanto, no sería un problema diferir la segunda. Como los dos componentes son diferentes, si se difiere la segunda hay que planificarlo bien. El gobierno debería programar adquirir más lotes de la primera que de la segunda, de hecho, ya lo está haciendo”, apunta.

Por último, consultado por la tecnología china, plantea: “De la vacuna de Sinopharm no hay datos sobre qué ocurre al diferir la segunda dosis, pero sí hay referencias al respecto de la tecnología que emplean. La metodología de virus inactivados también cuenta con esa chance de extender en el tiempo el segundo suministro, por lo que las segundas dosis podrían recibirse a los dos o tres meses sin inconvenientes”.

Argentina no está sola en esta estrategia sanitaria. Reino Unido informó la decisión de diferir la segunda dosis en enero. Decidió tal acción luego de comprobar que con una sola dosis con Pfizer/BioNTech o de AstraZeneca las hospitalizaciones y fallecimientos se reducían en un 90%. Canadá es el otro país que ya adoptó una estrategia similar y dilata la segunda inyección hasta un plazo de cuatro meses.

Los recuperados de covid tienen alta inmunidad con una sola dosis

Un equipo de científicos y científicas del Conicet y de otras instituciones coordinados por el Ministerio de Salud de Buenos Aires midió las defensas totales en personas vacunadas luego de 21 días de la primera dosis de Sputnik V y 21 días tras la segunda. En el primer informe técnico divulgado concluyeron que los niveles de anticuerpos son similares en individuos que recibieron dos dosis sin infección previa respecto de aquellos que recibieron una y previamente se habían infectado. El trabajo del equipo continúa y, en los próximos días, iniciarán los mismos estudios con las otras vacunas con la que está siendo inmunizada la ciudadanía argentina: Oxford/AstraZeneca y Sinopharm.

En consonancia con ello, esta semana, un Pre-print de una investigación liderada por la investigadora Rossana Chahla describe y analiza los resultados de un estudio realizado con personal de salud en Tucumán. En su artículo comparte conclusiones similares: la infección genera lo que se conoce como “memoria inmunológica”, que se identifica al suministrar la primera dosis de la tecnología elaborada por el Centro Gamaleya y produce defensas iguales o superiores con respecto a aquellos que reciben las dos dosis pero no se habían contagiado.

En el marco internacional, Israel realizó un trabajo con personal sanitario y también concluyó que aquellos que habían tenido previamente Covid-19, más allá de la gravedad con la que habían afrontado la enfermedad, tras recibir la primera dosis de la vacuna de Pfizer, desarrollaron anticuerpos al nivel de aquellos que habían recibido las dos dosis. La evidencia científica comienza a acumularse en esta línea y, aunque los datos que se extraen de uno y otro lado del Atlántico son preliminares, no dejan de ser contundentes. Pueden ser utilizados, en el mediano plazo, como un insumo para modificar la estrategia de vacunación y reorganizar prioridades.

Fuente: Página |12