Cracovia, la elegida por los nazis

La ciudad de Cracovia es una de las más bonitas de Europa. La conservación de sus antiguos edificios, las calles empedradas, enormes parques, playitas junto al río, mucha historia y un buen movimiento de actividades nocturnas invitan a visitarla.

No se trata de una ciudad tan cara, si hasta puede adaptarse a cualquier presupuesto. Claro que si uno paga excursiones y guías todo el tiempo, hoteles caros, comida en restaurante, el precio de la estancia será más elevado, como en cualquier lugar.

Pero tiene una gran ventaja: todo queda cerca, por lo que no es necesario gastar en transporte. Y la información de cada lugar suele estar en inglés, por lo que es bastante fácil de conocer un poco de la historia.

De la estación central de autobuses y trenes, el casco antiguo de la ciudad ocupa un territorio accesible a pie. Puede llegarse al punto más lejano caminando tan sólo 30 minutos. El hecho que estén condensados todos los sitios de interés en cortas distancias también incrementa la atracción de la ciudad.

 

El Castillo de Wawel.

 

El castillo de Wawel tal vez sea uno de los sitios más bonitos, junto a la antigua plaza del mercado. Si bien la entrada a la ciudadela es gratuita, en los edificios del interior, en la mayoría, sí se cobra entrada. En algunos casos, lo más lindo es la parte exterior, por lo que pagar para acceder termina siendo innecesario.

El castillo fue construido en el siglo XIV a instancias de Casimiro III el Grande y sirvió, durante muchos años, como lugar de residencia de los reyes de Polonia. Tuvo, en su largo historial, varias reconstrucciones que lo dejaron en el estado actual.

El espacio tiene un patio central, alrededor del cual se erigieron varios edificios, incluidas las recámaras de los reyes y sus familias, una fantástica catedral y otros que ahora se convirtieron en museos.

 

La Barbacana.

 

La residencia real tiene una particularidad vinculada con la historia reciente de esta parte de Europa: después de invadir Polonia, en 1939, el gobierno nazi instaló su base en Cracovia para manejar, entre otros asuntos, el campo de concentración de Auschwitz. El mandatario alemán designado para llevar adelante las acciones desde esta ciudad eligió esa zona para hacer su “bunker”. Así, tiró abajo parte de la histórica residencia y construyó un edificio despojado de estilos clásicos.

Con la derrota de Alemania y la recuperación de la democracia por parte de Polonia comenzó el debate por la reconstrucción total del castillo: esa construcción nazi estaba tan arraigada a la parte que quedó en pie de la antigua residencia que los especialistas recomendaron no derribarla para evitar un derrumbe completo.

 

Torre del Ayuntamiento.

 

De esta manera, una parte de la negra historia reciente del país quedó retratada en un edificio que nada tiene que ver con los que lo rodean.
El castillo tiene su correspondiente fortaleza que lo circunda y hasta un dragón en uno de sus laterales. El fenómeno forma parte de la mitología cracoviana y hasta es utilizado – faltaba más – como atracción turística.

La leyenda dice que el dragón apareció en la época del príncipe Krakus (de ahí el nombre Krakovia) cuando la ciudad prosperaba a buen ritmo. Este ser mitológico comenzó a arrasar con animales de los pastores locales haciendo caer a muchos en desgracia.

Ante la imposibilidad de asesinarlo, el Príncipe ofreció una gran recompensa – la mitad de su reino y la mano de la princesa – a quien lo cazara. Muchos lo intentaron pero sólo un pobre zapatero, valiéndose de azufre, alquitrán y una oveja, pudo darle muerte.

El humilde trabajador mató a la oveja, la desolló y la rellenó con alquitrán y azufre. El dragón se comió al animal y sufrió tal ataque de sed que se tomó toda el agua del río Vístula, ubicado en las inmediaciones del castillo. Aun así no logró saciarla y pereció ahí mismo.

Hoy Cracovia ofrece visitar la “Cueva del Dragón”, el lugar donde supuestamente descansaba la bestia. Para ver el lugar, claro, hay que pagar entrada. Parece una ridiculez y hasta los guías turísticos lo consideran así.

 

La Plaza del Mercado.

 

La plaza del mercado, el otro lugar interesante de la parte antigua de la ciudad, tiene no sólo edificios muy interesantes sino también mucha historia vinculada a la vida cotidiana de los cracovianos.

Allí, claro, se realizaban compras y ventas de alimentos y productos para la casa, como también de joyas y objetos de gran valor económico. Además, en los alrededores está la Basílica de la Virgen María, una de las más bonitas de la ciudad.

 

Basílica de la Virgen María.

Se trata de una iglesia altísima, en la que Karol Wotjila (más tarde Papa Juan Pablo II) ofició como sacerdote: el lugar conserva hasta el confesionario que utilizaba en su estancia desde 1952 a 1956.

El templo, eso sí, está como demasiado cargado de pinturas y ornamentaciones. Tanto, que da la sensación de ser mucho más chico de lo que en realidad es. Desde allí, a cada hora, suena una trompeta que anuncia no sólo el tiempo sino también la ausencia de peligros, ya que es tan alto el punto desde donde se toca que se puede observar si vienen invasiones desde alguno de los 4 puntos cardinales. Por supuesto que ahora no sucede, pero esa era la idea original cuando se construyó la iglesia.

Del resto de los edificios de la plaza ubicada en el centro de la ciudad, los más llamativos son la “Lonja de Paños”, sector comercial construido donde se situaban los antiguos puestos de venta cuando comenzaron los robos a los vendedores, y la torre del ayuntamiento.

En el resto del Stare Miasto (casco histórico) hay restos de la fortaleza que rodeaba a la ciudadela, con algunas de las puertas de ingreso (como la puerta de Florian), la barbacana que se erigió en medio de las invasiones otomanas. También hay más iglesias y sinagogas.

Por todas partes, además, hay homenajes a Juan Pablo II, una de las figuras más emblemáticas de la historia reciente de Polonia. Si bien no nació en Cracovia, fue sacerdote y siempre hablaba de la bella ciudad. Incluso hay una fotografía de él en la habitación en la que dormía cuando venía de visita.

 

Papa Juan Pablo II.

 

Al haber sido Cracovia una de las ciudades con mayor presencia del nazismo en la segunda guerra mundial, diferentes lugares recuerdan parte de ese período negro de la historia. El barrio judío (Kazimiers) tiene un recordatorio impactante: en la ahora Plaza de los Héroes del Guetto hay un homenaje a las víctimas del nazismo. El espacio está situado en la misma plaza dónde se realizaba la “selección” de los que iban a ingresar a los campos de concentración ubicados cerca del distrito.

 

También en la zona está la fábrica de Schindler, cuya historia se hizo conocida por la famosa película “La lista de Schindler”. Se trata de la planta donde el empresario Oskar Schindler comenzó a comprar judíos para trabajar en su fábrica de utensilios de cocina, porque le salía más barato que pagar empleados. Una vez que progresó, vio – o quiso ver lo que antes no había querido – el horror al que eran sometidos los que ingresaban a los campos de concentración y decidió comprar todos los que pudiera para salvarlos de las torturas y la muerte. El empresario es recordado con muchísimo respeto por los judíos polacos.

La “remodelación” de la residencia real, el establecimiento de una de las bases principales, el cambio de nombre de la plaza del mercado (durante los años de ocupación alemana se llamó plaza Adolf Hitler), decenas de banderas con la esvástica que son ahora exhibidas en los museos de la ciudad y algunos otros detalles invitan a pensar que los nazis se “apropiaron” de la ciudad como quizá ninguna otra fuera de Alemania. Eso explica también que no haya sufrido grandes daños durante la guerra.

Justo en Polonia, donde en aquel momento vivía la segunda mayor comunidad judía del mundo, por detrás de New York.

 

Por Facundo Insegna.