Cuando Lenín se volvió marxista

No estaba alejado Lenin de las ideas revolucionarias del marxismo durante su juventud. Pero abrazó esas ideas de la mano de su hermano, o más precisamente a partir de la muerte de su hermano, acusado de participar de la planificación de un atentado contra el zar Alejandro III, que gobernaba Rusia en las últimas décadas del 1800.

Aleksander, el hermano mayor de Lenin, al igual que sus hermanos, era un estudiante prolífico que fue aceptado en la Universidad de San Petersburgo. Durante su cursada participó de numerosos círculos y reuniones ilegales, en la búsqueda de iniciar una revolución para terminar con el zarismo y encarrilar una sociedad más justa.

Los planes de ese grupo de potenciales revolucionarios fueron descubiertos y cinco de ellos fueron condenados a la horca. No se trató de un episodio menor: el hecho dio inicio a la carrera ascendente de Lenin que lo llevaría luego a convertirse en el líder del proletariado mundial y en presidente de la Unión Soviética.

La historia de Lenin tiene capítulos en varias ciudades de la actual Rusia. No deja de llamar la atención como en aquellos lugares donde en su momento fue dejado de lado, hoy le rinden los más grandes honores.

 

En la ciudad de Samara (900 km al suroeste de Moscú), la familia Uliánov – Lenin en realidad se llamaba Vladimir Ilich Uliánov – se instaló durante 3 años, para huir un poco de las desgracias. Iliá Uliánov fue un destacado y reconocido educador que falleció en 1986. Aleksandr fue ajusticiado un año más tarde.

En mayo de 1890, María Aleksandrovna Blank, madre de Lenin, decidió que era tiempo de alejarse de “todo el ruido” y con su luto a cuestas – el que llevó desde la muerte de su marido hasta la suya propia, con el fallecimiento de dos hijos en el medio – alquiló un departamento en la ahora calle Leninskaya de Samara.

Un poco lo hizo también para “proteger” a Lenin, que había sido expulsado de la Universidad de Kazán por sus manifestaciones revolucionarias en la propia casa de estudios. Temía – claro – que sufriera la misma suerte que su hermano mayor.

La casa, ubicada en el segundo piso de la edificación, es un museo dedicado a los años de la familia Uliánov en ese lugar. Es, en realidad, el lugar donde Lenín comenzó a interiorizarse con mayor devoción por las ideas marxistas.

 

La vivienda es una típica casa familiar: una escalera (en aquellos años el ascensor no era una opción al alcance de todo el mundo) un recibidor, una cocina, un pasillo que comunica el resto de las habitaciones y el gigante comedor que tenía hasta un piano de cola.

La historia del piano es fantástica: siempre estuvo en el mismo lugar, desde que vivieron los Uliánov hasta la actualidad, ya que la familia lo vendió cuando se mudó de ciudad. Más allá de las particularidades en la decoración de cada habitación (elementos de maquillaje en el de la hermana mayor, juegos en la de los hermanos menores), todas tenían estantes con libros y una mesa o escritorio en la que los jóvenes/adultos de la prole estudiaban.

En una de esas habitaciones, Lenín empezó a leer a Karl Marx y a apropiarse de las ideas revolucionarias. Aquí se inició, al menos ideológicamente, buena parte de la “Revolución de Octubre” que terminó con el período zarista e instaló el gobierno socialista por más de 80 años en la URSS.

Pese a que se trata de un pequeño museo y con muchas facilidades para seguirlo, no parece ser de los principales centros de atracción a los turistas. Tiene una entrada accesible (200 rublos = 95 pesos), un valor bajo para las audioguías en español, inglés o ruso (150 rublos = 70 pesos), otro mínimo para poder tomar fotografías (100 rublos = 46 pesos) y una importancia notable para la historia del siglo XX.

 

Cierto es que los turistas de estos días son bastante particulares: muchos son los que vinieron para el mundial y se quedaron conociendo alguna parte de Rusia, cada cual con lo que más le atrajo. Por cierto, Rusia ofrece un gran abanico de posibilidades para entretenerse. Hasta podrían hacerse tours cosmonáuticos, deportivos, de guerra o de cualquier otra rama; y la visita al país sería también muy satisfactoria.

Como en toda ciudad sede del mundial, la FIFA desplegó banners por todas partes para indicar los caminos no solo al estadio, al Fan Fest, a la Tienda Oficial, al transporte gratuito para fanáticos, sino también a los principales sitios de interés de la ciudad. En la mayoría de esos planos, el museo de Lenin (que está cerca de los demás museos, casi todos separados por unas pocas cuadras) no figura entre los destacados. Si aparece, claro, en los mapas que son propios de la ciudad. Quizá a la FIFA no le simpatiza mucho el comunismo.

 

Lo cierto es que Samara, en alguna forma, se enorgullece de haber sido la cuna del pensamiento revolucionario del más activo partícipe de la gesta que terminó con la opresión y atrajo un nuevo modelo de vivir al país.

Lenin, al llegar al máximo cargo del Partido Bolchevique y a Gobernar Rusia, concretó lo que bien podría ser una “venganza familiar”, aunque sería injusto reducirlo de esa manera: ordenó el fusilamiento de todos los integrantes del zar que gobernaba en el momento, heredero directo de Alejandro III, el que había dispuesto la horca para el mayor de los Uliánov.

La historia terminó donde comenzó: entre la familia de Lenin y la del zar Alejandro III.

 

Por Facundo Insegna.