Cuatro meses de impunidad por el femicidio de Florencia Gómez

María Florencia Gómez Pouillastrou, una mujer de 35 años, salió a caminar por su pueblo (San Jorge, provincia de Santa Fe) para encontrarse con una amiga el 12 de octubre del 2020, pero nunca llegó. Horas más tarde de su desaparición, encontraron su cuerpo con claros signos de abuso en un cañaveral ubicado a un kilómetro del pueblo. Casi cuatro meses más tarde, todavía no hay respuestas por parte de la justicia. 

Florencia era una militante fundamental de la Federación Juvenil Comunista Argentina (la “Fede”) y también madre de dos niñas. Sus compañeres -no sólo de militancia, sino de vida- denuncian que la causa de su femicidio está plagada de irregularidades. “Al principio la carátula era de ‘homicidio’, incluso cuando la encontraron semidesnuda. Sin embargo, después del informe de los médicos forenses la cambian a ‘femicidio’. Los fiscales y los jueces no tienen formación en género y hay muchas cosas que no entienden”, expresa Ayelen Beigbeder, dirigenta de la Fede y amiga de Florencia, en diálogo con Notas.

Desde el primer día que la investigación, a cargo de los fiscales Carlos Zoppegni y Omar de Pedro, tomó un camino sinuoso. Al día siguiente de la aparición del cuerpo de Florencia, una persona ajena al equipo de investigadores fue a recorrer el lugar y encontró su colita de pelo y la botella de agua con la que ella siempre salía a caminar. “Imaginate la cantidad de cosas que se les debe haber pasado por alto a los investigadores”, apunta Ayelén.

Lejos de ser una advertencia sobre la necesidad de que se realice una investigación profunda, los días pasaron y no hubo más evidencia. Ni siquiera sobre el mismo terreno donde encontraron a Florencia. “Me imagino que si alguien sale corriendo en diagonal entre los campos de soja queda algún rastro ese mismo día (un tallo cortado, por ejemplo), pero no encontraron nada. Tampoco dijeron nada sobre las pruebas biológicas -dice Ayelén- ni sobre su abuso, si fue un tipo sólo o treinta”. 

Según la camarada de Flor, “de esas irregularidades hay un montón”: comisarios contradiciendose con los fiscales, falsos sospechosos, acumulación de testimonios que no llegan a ninguna parte. La policía local llegó a decirle a la familia que ya habían encontrado al femicida de la militante, “pero era sólo un chabón que estaba borracho cerca de la escena del crimen. Estuvo retenido en la alcaldía un día, hasta que comprobaron que lo habían detenido a las once de la mañana y Flor a esa hora estaba en su casa con sus nenas”, relata su amiga. “Se tomaron muchísimas declaraciones porque en San Jorge todo el mundo conocía a Flor, y sin embargo no se llegó a ningún resultado”.

“Hasta en el cajón de las bombachas”

De todas formas, la investigación por el femicidio de Florencia no está cerrada ni congelada. Por el contrario, la fiscalía tomó uno de los caminos más frecuentes cuando se trata de un crímen de odio: buscan construir una radiografía de su vida personal, ignorando el entramado social del que forma parte su asesinato. 

Ayelén comenta que “por conversaciones que hemos tenido con la familia de Florencia nos enteramos que la están investigando a ella, cuáles serán sus actividades, cuáles eran sus preferencias sexuales, si estaba con una mujer, si no estuvo con una mujer, si estaría con uno, con tres, con cuatro, si le gustaban casados, petisos o rubios. No puede ser que en el 2021 sigamos así. Sabemos que tenemos muchos años de lucha por delante”.

Florencia era, por sobre todas las cosas, una militante política y feminista, pero para la justicia esto no parece tener relevancia. Cuando sus compañeres de la Fede pidieron formar parte de la querella de la causa, les rechazaron. Sin embargo, presentaron una apelación, y presentarán las que sean necesarias “hasta que se acaben las instancias”.

“No se acepta la identidad de Flor como militante. Era una de esas personas que viven por la militancia y que son solidarias. Su forma de ser se basaba en construir lazos y tratar de ayudar a la gente. Era feminista y abolicionista en un pueblo donde la trata está muy presente, y todas esas cosas no se tienen en cuenta”, relata Ayelén, quien subraya: “No se tiene en cuenta su vida social, política y pública, pero sí se quieren meter hasta en el cajón de las bombachas”.

Ayelén asegura que no se tiene en cuenta nada de lo que pueden llegar a aportar desde el partido, y que esto se basa en una intención de “reducir las situaciones de violencia de género al ámbito privado, cuando esto es un hecho social”. Florencia era una militante abolicionista y feminista que se recorría el barrio y los pueblos de los alrededores todos los días. Llevaba bolsones de verdura, organizaba roperos solidarios, e incluso acompañaba a las pibas que necesitaban abortar, “pero ‘a Florencia la mató un loquito’, y encima ese loquito es tan ágil que a cuatro meses de su femicidio no dejó ni una pista”. 

Los femicidios son crímenes políticos

Florencia habría festejado su cumpleaños número 36 con sus compañeres y sus hijas el último 25 de enero. Ella fue una de las 270 víctimas de femicidio que hubo en el año 2020: una de las que murieron cada 32 horas -y cada 22 en el 2021- en manos de la violencia machista. “Estamos cansades, y yo por lo menos también estoy cansada como militante política y feminista, porque lamentablemente la próxima puede ser cualquiera de nosotras”, expresa su amiga.

“A nosotres nos rechazan el pedido de querella por hacer estos planteos -asegura- porque estamos diciendo que los femicidios son crímenes políticos que tienen que ver con este sistema patriarcal, con que las mujeres tenemos que estar calladas y en nuestras casas. Si una piba decide maternar sin dejar de vivir su vida, es condenada a ser asesinada y abusada. Eso es lo que la justicia está diciendo en este momento”.

“Conociéndola a Flor, sé que ella querría que lleguemos al final de esto, y por eso no vamos a bajar los brazos nunca. Ya pasó un tiempo desde su femicidio, pero no nos vamos a quedar tranquiles y no vamos a aceptar ninguna solución fácil, queremos saber qué le pasó a nuestra compañera. Flor quería ver a sus hijas felices y libres, y nosotres vamos a tomar ese deseo como como propio. Por eso es importante saber lo que pasó, y poder seguir difundiéndolo”, concluyó Ayelén. 

Fuente: notas periodismo popular

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