Deportaron de Irán a un escritor y activista homosexual argentino

¨Habíamos planificado el viaje por Turquía, Beirut e Irán con la idea de inspirarme para hacer un libro de relatos y crónicas sobre Medio Oriente y también con fines turísticos, porque tenía muchas ganas de conocer Irán, y habíamos incluso tomado contacto con gente del colectivo LGBT que viven en un estado de angustia y están todos en el closet”, relata a Filo.News desde Estambul, la ciudad a la que fue deportado desde el aeropuerto de Teherán, Alejandro Modarelli.

 

El escritor, colaborador del diario Página/12 y miembro de la organización Gays por los derechos civiles (Gays DC) durante la década del ’90 junto a Carlos Jáuregui y otros referentes homosexuales, quedó impactado por el mal trato que recibió al hacer sus trámites migratorios en Irán y la imposibilidad de ingresar a ese país “por puto”, tal como él lo explica.

“Yo creo que es peor a lo que se vivió en Argentina en la época de la dictadura militar, lo digo en el sentido de que existe en Irán esta tradición del honor familiar, son sociedades que nunca tuvieron una apertura hacia esta forma de disidencia, dentro de las propias familias eso puede ser visto como para que uno lo expulsen de la casa, y en las zonas rurales también de violencia, de hecho ha habido pena de muerte en algunos pueblos del norte de Irán.

 

Deportado por “puto”

“Llegamos a Irán, allí se puede hacer lo que se llama ‘visa on arrival’, que permite gestionarla al llegar al país, de hecho ni bien llegamos pagamos por la visa y por el seguro médico. Después nos dieron un formulario para llenar donde te preguntaban la ocupación, yo de hecho no puse que era ni escritor, ni periodista”, indicó el escritor, que es además funcionario del Ministerio Público Fiscal, actividad que citó en el trámite migratorio en el aeropuerto Khomeini en Teherán.

“Al principio parecía todo normal, eran tres personas, una iba, la otra anotaba, hasta que de pronto se abre una puerta y llega un hombre con una actitud más severa, muy inquisitiva. Se sienta y veo que en una hoja tiene anotado, en castellano “Fiestas, baños y exilios”.

 

Ese es el nombre del libro que Modarelli escribió hace unos años junto a Flavio Rapisardi, publicado en 2001, para retratar la vida de los gays porteños durante la última dictadura. Precisamente esa investigación será reeditada el mes próximo por el diario Página/12.

Modarelli quedó sorprendido y comprendió que lo habían googleado. El funcionario de Migraciones le preguntó al escritor si él era el autor de ese libro y ante la respuesta afirmativa indagó entonces sobre la orientación sexual del visitante.

 

“¿Usted es gay?”, le preguntó. Modarelli respondió que si y luego el interrogatorio giró en torno a cuáles eran sus reales intenciones en Irán y si tenía contactos con personas de allí.

A partir de ese momento, la situación fue más tensa, le pidieron que fuera a buscar el dinero que había pagado por la visa y el seguro médico y lo trasladaron junto a su compañero de viaje a otro sitio donde aguardaron horas hasta ser finalmente deportados a Estambul.

“Éramos inexistentes, habíamos dejado de ser visibles, habíamos pasado a la calidad de deportados”.

 

Después de casi treinta horas llegaron a un hotel en Estambul. “Es tremendo, tan ajeno a nuestra actualidad, pensar que por ser gay y marica te pueden llegar a negar el ingreso a un país”, reflexiona Modarelli, quien ya tiene tema para un próximo libro.

“Esta cosa de volverte invisible, infrahumano, donde tu voz ya deja de ser escuchada. Eso debería generarnos más empatía mucho mayor por aquellos otros deportados que lo son por venir de países pobres o cuestiones de etnias. La mayoría eran africanos, ahí ves cómo el poder toma la dimensión del otro como amenaza a través de la cara o el país de proveniencia”, concluye.

 

Fuente: FiloNews