Dramático Pedido de ayuda de una mujer víctima de violencia de género

Tiene 37 años y tres hijos. Sufre amenazas y hostigamiento por parte de su ex pareja, que no puede acercarse al hogarSonia Sosa tiene 37 años y tres hijos. Después de tres años volvió a tener mucho miedo. Cuando C. le dijo semanas atrás que la iba a matar, a ella y a su hija, e ingresó de madrugada al patio de su casa para reventar las cubiertas del auto que su amiga guarda allí a diario, regresó a los Tribunales de Rosario.

“Hace tres años lo denuncié por violencia, yo ni sabía lo que era la violencia de género, me lo explicaron cuando fui a pedir ayuda. Ahí le dieron la exclusión del hogar, violó la medida varias veces, pero se había calmado”, relató la mujer, que en las últimas semanas volvió a sufrir, ella y sus hijos, persecuciones y hostigamiento por parte de su ex pareja.“La Justicia ratificó la exclusión, pero necesitamos contención, yo y mis hijos”, dijo horas atrás en un expreso pedido de ayuda, y señaló: “Yo pensé que iba a poder sola, pero no puedo. Esto me desborda completamente y tengo mucho miedo”.

   Cuando retrocede en el tiempo, Sonia saca la cuenta de que estuvo sometida por lo menos 18 años a situaciones de violencia en la relación que mantuvo con C., un hombre de 49. Lo había conocido cuando ya tenía una hija, que actualmente tiene 19 años, y juntos tuvieron dos hijos en común, de 8 y 5 años.

   “Los primeros años estuvimos bien, después empezó a ser cada vez más violento, hasta que llegaron las amenazas y los golpes, todo se tornó insostenible y yo me di cuenta que no tenía otra alternativa más que irme de la casa con mis chicos”, relata a La Capital.

   Sonia hacía trabajos de costura en ese momento, una tarea que sostiene y a la que sumó un empleo en el bar del Centro Municipal de Distrito Sur Rosa Ziperovich para cubrir sus necesidades y las de los chicos. Pero lo que Sonia no tenía por entonces era un lugar adonde ir a vivir porque la casa que habitaban en Villa Gobernador Gálvez era propiedad de la familia de C.

   “Ahí fue que pedí ayuda —contó sobre la primera denuncia—. Me atendió una psicóloga, me ofrecieron una abogada, me acompañaron a los Tribunales de Rosario y la Justicia determinó la exclusión del hogar, dijeron que la casa que había sido de la abuela de él era para los chicos que son menores, y le dijeron que no se podía acercar”.

   El 21 de febrero próximo se van a cumplir tres años de ese paso. Con el agresor viviendo a unos escasos cientos de metros, Sonia tuvo que pedir auxilio varias veces al 911 ante el incumplimiento de la prohibición de acercamiento. “Venía, molestaba, rondaba, pero logramos que se calmara”, contó la mujer, que admitió cierta expectativa en ese lapso de serenidad que había logrado.

Violencia in crescendo

“Cuando te pueda encontrar y a tu macho te voy a pegar un tiro, a vos, a él y a tu hija”. La amenaza, una más, sonó ante Sonia hace dos semanas en la puerta de la casa, mientras ella intentaba meterse adentro. Su principal miedo es lo que le pueda pasar a su hija mayor, que también es víctima constante de las amenazas y la violencia verbal del hombre.

   “Empecé desde entonces a andar con más cuidado, a mirar cuando entro y salgo, pero él viola constantemente la restricción”, insistió. Incluso quienes la rodean, en su trabajo y sus vecinos, registran un incremento cada vez mayor de la violencia que ella y sus hijos sufren.

   Tras la amenaza, vino un lunes de hostigamiento a través de innumerables llamados telefónicos a su celular y un nuevo hecho en plena madrugada que la conmovió. “Mi amiga guarda el auto en el patio de casa, me advirtieron los vecinos que lo habían visto merodear en la noche y encontramos que se había metido, él sabe cómo hacerlo porque conoce el patio, y le había reventado las cubiertas del auto”, contó. El episodio la empujó a exponer la situación en el Centro Territorial de Denuncias (CTD) de la zona sur de la cuidad en las últimas horas, y volvió también a los Tribunales, donde obtuvo una medida de protección. “Me volvieron a ratificar la exclusión del hogar”, alertó.

   “Me dicen que en caso que aparezca vuelva a llamar al 911 o al 144, —continuó Sonia—, pero yo y mis hijos necesitamos contención psicológica por todo lo que estamos viviendo”.

Episodios que crecen y que recrudecen

La violencia de género recrudece y más de una vez las medidas de protección otorgadas por la Justicia resultan insuficientes. Sólo en el primer semestre de 2019, los equipos de la Municipalidad que acompañan a las mujeres víctimas de violencia realizaron más de 1.500 intervenciones, más del doble de las que se habían llevado adelante en 2016, cuando se creó el Teléfono Verde. Un promedio de 20 llamados diarios. Y más aún, en el 10 por ciento de los femicidios cometidos en 2019, el agresor tenía una medida perimetral o prohibición de acercamiento a la víctima.

   De acuerdo a las estadísticas del 2019 elaboradas por el Observatorio de la Organización Mumalá, cada 31 horas una mujer murió en la Argentina asesinada por la violencia machista. Fueron 268 varones que cometieron a lo largo del año 284 femicidios —el 5 por ciento de los femicidas tiene más de una víctima—, dejando además a 319 niños y adolescentes sin sus madres.

   En el 38 por ciento de los casos, los agresores convivían con las víctimas y no fueron pocos los casos donde las mujeres ya habían pedido ayuda previa, o incluso habían logrado medidas de protección. Es más, de los 268 femicidas, el 8 por ciento ya tenía denuncias previas por parte de la misma víctima, el 10 por ciento tenía una orden judicial de restricción de contacto vigente al momento del crimen, y el 9 por ciento tiene antecedentes penales de violencia de género sobre otras víctimas.

 

Fuente: La Capítal

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