El día que el tiempo se detuvo

“Tocó la trompeta el tercer Ángel… Entonces cayó del cielo una estrella grande, ardiendo como una antorcha. Cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre las manantiales de agua. La estrella se llama Ajenjo. La tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, y mucha gente murió por las aguas, que se habían vuelto amargas”. Apocalipsis 8,11.

 

 

  El ángel negro en la entrada a la zona de exclusión.

 

Con esa ¿profecía? el museo de Chernobyl en Kiev, capital de Ucrania, recibe a los visitantes en la sala 1. Allí, una réplica del funcionamiento del famoso reactor 4 cumple el objetivo de hacer entender a los alejados de las teorías científicas qué fue lo que pasó el 26 de abril de 1986 a la 1.23 en el estado que, en ese momento, pertenecía a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

 

El reloj de pared en el ingreso al museo hace referencia a la hora exacta del accidente).

 

La presencia de la profecía bíblica no es tan azarosa como pudiera parecer: Chernobyl, en ucraniano, significa ajenjo, hierba amarga. En ese territorio, la URSS había instalado la planta nuclear Vladimir Ilich Lenín, la más potente del mundo en la década del 1970. La construcción se realizó a 18 kilómetros de la ciudad de Chernobyl y a 16 kilómetros del límite de Ucrania con Bielorrusia (y a unos 110 de la capital Kiev).


Para los obreros y sus familias, la URSS creó la ciudad de Pripiat, a sólo 3 kilómetros de la planta nuclear. La cercanía entre ambos sitios no fue un descuido: el diseñador del proyecto, Viktor Briujanov, había asegurado a las autoridades soviéticas que la nueva construcción era tan segura que hasta podría instalarse en la Plaza Roja sin ningún riesgo para nadie. Luego del accidente del 26 de abril de 1986, Briujanov fue señalado como uno de los principales responsables del episodio.

 

 El cartel colocado en la inauguración de la ciudad, el 4 de febrero de 1970).

 

La explosión del reactor 4, el incendio posterior, la fuga de contaminación hacia gran parte de Europa, la evacuación de Pripiat, el cierre parcial de la planta primero, que se convirtió en total muchos años después, son circunstancias que todo el mundo conoció.


Por eso, desde hace algunos años, Chernobyl y Pripiat están abiertos al público. Turistas de todo el mundo recorren las instalaciones de la “ciudad fantasma” y parte del predio donde funcionaba la planta nuclear. Chernobyl no dejó de trabajar desde el accidente. Recién se dispuso su cierre definitivo en el año 2000, tras la presión (y el aporte económico) internacional.


Los guías van contando historias sobre el episodio, las graves consecuencias, las responsabilidades y el enorme trabajo de los “liquidadores”, los miles de trabajadores que arriesgaron sus vidas para evitar una catástrofe aún mayor, a medida que avanza el recorrido en el enorme predio llamado “zona de exclusión”.

 

Así quedó el reactor 4 tras la explosión).

 

Como suele suceder, los primeros afectados por el accidente fueron los obreros de la planta – ni en un estado que se proclamaba comunista la historia fue diferente -: dos de los operarios que trabajaban en esa noche maldita murieron en el lugar, al desarrollar acciones que permitieron salvar las vidas de sus compañeros. Otros 29 fallecieron en el mes siguiente como consecuencia de haber recibido grandes dosis de radiación.


En el museo ubicado en Kiev, la historia que se cuenta es muy crítica con las autoridades de la URSS. Responsabilizan al Gobierno de no haber dado la importancia que correspondía a la explosión y, con esa medida, no haber mitigado las consecuencias de manera conveniente. Las explicaciones que se brindan en el lugar remarcan que podrían haberse minimizado los daños si el accidente se tomaba en serio desde un primer momento.

 

Postales de una de las escuelas de Pripiat a 32 años de haber sido abandonada).

 

La población de Pripiat siguió con su actividad normal durante las 36 horas posteriores. Recién ahí el Gobierno envió al Ejército a evacuarlos a todos. A través de la radio se dio un plazo de dos horas para que los habitantes prepararan documentos, ropa y algo de comida para llevarse y tuvieron que irse. Algunos casi con lo puesto, nada más.

 

Científicos, ingenieros y especialistas varios se hospedaban en el hotel cuando tenían que realizar alguna tarea puntual en la planta nuclear).

 

Ahí quedaron enormes edificios, un hospital, escuelas, un parque de diversiones, un hotel para científicos, ingenieros y especialistas varios que realizaban tareas puntuales en la planta nuclear por solo unos días, centros de actividades culturales y nocturnas, plazas, espacios públicos, calles. Ahí se detuvo el tiempo.


Todo está como hace 32 años, como si el tiempo en verdad estuviera detenido. Claro que deteriorado por el paso de los años. Y, por supuesto, algunos aprovecharon el estado de abandono de la ciudad para apoderarse de marcos de aluminio, puertas, ventanas, cables varios.


Recorrer los edificios abandonados de Pripiat es como un viaje a un pasado que espera intacto la visita. En las aulas de las escuelas hay cuadernos, muñecas, libros, pizarras, tablas, bancos, útiles antiquísimos. Algunos objetos parecen dispuestos exprofeso para generar esa sensación de tiempo detenido. Y la generan.

 

El sarcófago que cubre el reactor accidentado).

 

El reactor 4, obvio, no se puede visitar. Sólo se puede ver el sarcófago ultramoderno que lo cubre e impide la continuidad de la contaminación. Se trata de la mayor estructura móvil construida en la historia de la humanidad. Pese a la contaminación y que habrá sectores que no podrán ser habitados hasta dentro de 24 mil años, en las inmediaciones del epicentro de uno de los mayores desastres no naturales ocurridos desde que el mundo es mundo hay vida: animales y plantas se desarrollan con normalidad, aunque la guía se empecina en decir que en una laguna de refrigeración del reactor 5, que nunca se terminó de construir por el accidente en el 4, hay peces de un tamaño superior al normal. Por cierto, en el recorrido no se asomó ninguno.

 

El reactor 5 quedó a medio construir).

 

Las consecuencias del accidente, al menos las cifras oficiales, también forman parte de lo que todo el mundo conoce: más de medio millón de personas (cifras oficiales) fueron afectadas. Más de 600 mil liquidadores combatieron el incendio y evitaron su propagación y daños mayores. 31 obreros murieron como consecuencia directa de la explosión. En al menos 13 países europeos se detectaron elevados niveles de radiación.
Los habitantes de Pripiat también sufrieron consecuencias más contundentes: los niños de padres que vivían en esa ciudad nacieron con problemas genéticos que no tenían sus hermanos, procreados antes del accidente.


Ucrania recuerda cada paso a las víctimas (directas e indirectas) del episodio, y también las numerosas muestras de solidaridad que recibió de países de todo el mundo. Sin embargo, tanto el final del paseo en el museo como el del tour dejan un mensaje contundente: es enorme el poder de daño que tiene el ser humano.

 

El mostrador del hospital de Pripiat marca un nivel altísimo de radiación, medido por dosímetro, casi 40 veces más que los sectores donde no hay peligro).

 

El homenaje a los que combatieron el fuego y evitaron mayores daños).

 

El sarcófago, desde otro ángulo).

 

Por Facundo Insegna.