El Mundial va perdiendo color

Sólo dos partidos quedan para que Rusia 2018 sea historia. Poco menos de 4 días y habrá nuevo campeón del mundo, festejos, lágrimas y a renovar la ilusión para ir a Qatar en 2022.

Rusia es un polo turístico importante en Europa, por su geografía, por su historia, y también por sus precios. En esta oportunidad, no solo se llenó de visitantes por la temporada de verano, sino que, sobre todo, lo colmaron los seguidores del fútbol.

Moscú, San Petersburgo, Kazán, Volgagrad, Samara y otras ciudades sede de los 64 partidos de la Copa vieron sus calles repletas de hinchas que, con camisetas, banderas, gorros y muchos elementos decorativos, hacían transitar los colores de Colombia, Croacia, Perú, Argentina, Brasil, España, Marruecos, Egipto, Arabia Saudita, Japón, Francia, Alemania y muchos países más.

Claro que a medida que fueron pasando las semanas, muchos empezaron a irse, pero otros – ilusos resultadistas – iniciaron sus viajes: desde octavos de final en adelante, algunos decidieron desde ahí acompañar a sus equipos. Es posible que haya quienes hicieron negocio.

 

Aun así, es diferente el ambiente que se vivía en las primeras semanas – festivo todo el tiempo – que la actualidad más apaciguada. No sólo que hay menos gente sino que también hay menos euforia.

En los rusos también se nota: al principio miraban con curiosidad a los particulares visitantes, hasta se adentraban en las hinchadas para vivir un poco desde adentro el aliento extranjero. Ahora, en cambio, algunos parecen cansados de tanto turismo futbolístico.

Un ejemplo son los FIFA Fan Fest, esos predios en los que la FIFA coloca pantallas gigantes para ver los partidos y monta un escenario con espectáculos varios, además de vender merchandising oficial, comida y bebidas.

En Moscú, por su tamaño y cantidad de habitantes, el FIFA Fan Fest tenía capacidad para albergar a 25 mil personas. Casi siempre, incluso cuando había partidos de menor nivel futbolístico (por ejemplo Egipto – Arabia que jugaron ya eliminados), lucía una buena cantidad de público. Claro que en los partidos más importantes – cuando jugaba Rusia, por ejemplo – el lugar estaba repleto.

 

Sin embargo, en Samara, cuyo Fan Fest tiene capacidad para albergar 15 hinchas, no alcanzó ni a completar la mitad en uno de los partidos de semifinal: fue notoria, además, la ausencia de extranjeros observando las acciones.

Quizá un poco haya quitado el entusiasmo ruso la eliminación de su selección en los cuartos de final. Más allá que la campaña fue mucho mejor de lo que se esperaba.

Como sea, el próximo domingo termina el mundial y con él, también finaliza la “fiebre mundialista” que, sin prisa pero sin pausa, se va pasando.

 

Por Facundo Insegna.