El plan de Macron para calmar a los chalecos amarillos costará 10.000 millones al Estado

Las medidas anunciadas anoche por el presidente francés, Emmanuel Macron, para apagar el descontento de los chalecos amarillos tendrán un costo para las arcas públicas de “entre 8.000 y 10.000 millones de euros” y aumentarán el déficit público, explicó hoy el Gobierno. El portavoz del Ejecutivo, Benjamin Griveaux, hizo esta primera evaluación en una entrevista en el canal “BFMTV”, sin precisar si esa cifra incluye los 4.000 millones de euros que se dejarán de ingresar por la anulación la semana pasada de la subida de impuestos sobre los carburantes que debía entrar en vigor en enero de 2019.

 

“En un primer momento” esas medidas implicarán “un aumento del déficit público”, reconoció el ministro de la Transición Ecológica, François de Rugy, quien justificó las medidas señalando que el objetivo es “que vuelva la paz social”, en una entrevista a ‘Radio Classique’.

 

Aumento en el salario mínimo

“Son cuarenta años de malestar que reaparece: el malestar de los trabajadores que ya no se encuentran a sí mismos; el malestar de los territorios, de pueblos y barrios donde vemos que los servicios públicos se reducen y el espacio de vida desaparece; malestar democrático donde se desarrolla el sentimiento de no ser oído; incomodidad con los cambios en nuestra sociedad, el secularismo y los estilos de vida cambiantes que crean barreras, distancia”. Con su retórica habitual, el presidente francés se dirigó este lunes a los franceses para tratar de resolver la profunda crisis que sacude el país a raíz de las movilizaciones de los chalecos, la amenaza más grave a su Gobierno en los 19 meses que lleva en el Elíseo.

 

Tras reunirse con los sindicatos y la patronal, el líder galo trató de apaciguar los ánimos, haciendo un acto de contrición que ha tratado de evitar hasta el último momento. Macron aseguró que comprende “la justa ira” de sus compatriotas, y, consumado político, quiso recuperar la iniciativa: “Puede ser nuestra oportunidad”, dijo ante las cámaras. Prometió aumentar el salario mínimo, pero también que se castigará a los responsables de los actos de violencia de las últimas manifestaciones, que han dejado un saldo de cuatro muertos, cientos de heridos de diversa consideración, miles de detenidos y millones de euros en destrozos.

 

En un discurso televisado, sin apenas preámbulo, Macron fue directo al fondo de la cuestión: “Los sucesos de estas últimas semanas en el Hexágono y ultramar han preocupado profundamente a la nación. Han mezclado reivindicaciones legítimas con un encadenamiento de violencia inadmisible, y les quiero decir que el empleo de estas violencias no se beneficiarán de ninguna indulgencia”. “De aquí en adelante, la paz y el orden republicano deben reinar”, dijo el presidente, asegurando que con eso no quiere minimizar la cólera de los chalecos amarillos. La cólera “de la madre soltera o divorciada que ya no tiene vida, que no tiene los medios para cuidar a sus hijos y mejorar sus ingresos mensuales, y que no tiene esperanza. Es la de los modestos jubilados que han contribuido toda su vida y que, pese a recibir ayuda de sus hijos, no consiguen salir”, subrayó.

 

Macron también anunció una reducción de impuestos para los jubilados cuya pensión sea inferior a los 2.000 euros al mes, así como una serie de medidas agridulces para la patronal: el pago, por parte de “todos los empleadores que puedan permitírselo”, de una prima de fin de año para los trabajadores, que estará exenta de impuestos, así como la exigencia de que las grandes empresas contribuyan a este esfuerzo de redistribución.

 

Sin embargo, el Gobierno no reinstaurará el llamado “impuesto de solidaridad sobre la riqueza”, vigente desde la era de François Mitterrand y que Macron suprimió este año, y cuya restitución exigen muchos chalecos amarillos. “No habrá marcha atrás. Ir hacia atrás no debilitaría”, indicó el presidente francés, prometiendo sin embargo luchar contra la evasión fiscal y el despilfarro público.

 

El discurso de Macron al país, con el que el presidente ha roto más de una semana de mutismo mientras la crisis de los chalecos ponía a su Gobierno al borde del colapso, estuvo precedido de una reunión de cuatro horas con las principales organizaciones sindicales y patronales para escuchar sus propuestas y analizar iniciativas que puedan frenar la furia de este movimiento horizontal en el que, por unas u otras razones, se ven reflejados la mayoría de los franceses.

 

Fuente: ElConfidencial