Es la crónica de una muerte largamente anunciada

La gran mayoría sabe que es así. Pero prefiere lamentarse tardíamente.

 

Pity Alvarez vuelve a ser noticia no por su música sino por sus transgresiones y delitos. Pareciera que nuestra sociedad se confunde con las drogas tanto como Alvarez ¿Esa misma sociedad es drogadependiente?

 

Inmediatamente todo transcurre frente a cámaras: el abogado habla más con los periodistas que en el Juzgado; los familiares y amigos relatan sus historias para la tele; los “expertos” en balística o en drogas “saben” y “explican” todo. El show debe continuar.

 

Es curioso: se habla y se escribe sobre el victimario; sobre su vida, sus logros, sus conductas ilegales. Se habla con tono comprensivo adjudicándole a la sociedad las culpas del hecho criminal en Villa Lugano.

 

Pero no se habla de la víctima que ya bajó al sepulcro. Ese no tiene vida, no tiene logros, no tiene familia ni historia. No es nadie. Es un humano sin derechos ni existencia. El que existe es el otro.

 

Se ha puesto en marcha – como siempre – la máquina de juzgar. La mayoría dice que Alvarez es víctima de las sustancias, un enfermo que no sabe lo que hace. Otros ya lo ajusticiaron en nombre de derechos que penan el asesinato; hay quienes enjuician la propia vida del mundo rock.

 

Del hecho doloroso se hace una nueva trinchera para confrontar todos contra todos. Reaparece el clásico interrogante: habrá otra vez impunidad? O también: su adicción a las drogas es una enfermedad? Y si lo es: puede ser juzgado o condenado aún siendo enfermo?

 

Estas son épocas en que los diagnósticos psiquiátricos se han transformado – muchas veces – en certificados de impunidad para quienes delinquen- Los mismos psiquiatras y/o psicólogos son requeridos por los medios de comunicación para opinar sobre hechos o expedientes judiciales, y sus informes suelen ser más esperados que los propios fallos del Juez.

 

La Ley no sólo debería sancionar o castigar: ella también educa o repara. El inexcusable tratamiento que necesita el delincuente adicto es también para reparar el daño social provocado por su conducta. A la vez que recibir la sanción correspondiente según indica la Ley, urge hacer un tratamiento médico para abordar la enfermedad. Porque no se trata sólo de un tema individual sino también de las consecuencias sociales presentes en las conductas de los seres humanos adictos. Me refiero tanto al daño colectivo como a los derechos de las víctimas y sus familiares. Todo aquello que nos enseñó la Victimología.

 

La justicia debe sancionar el delito – si lo hay – e indicar el tratamiento correspondiente para abordar la enfermedad en caso que la misma exista. Pero ésta no puede fundamentar la impunidad, así como tampoco su tratamiento puede estar ausente en la mirada de un Juez.

 

Queda también para ser pensado lo de “muerte anunciada” como arriba escribí. Está la historia previa de Alvarez, pública y conocida, que pareciera querer taparse porque nos involucra a todos. Vivimos rodeados de hechos que no queremos ver hasta que adquieren una criminalidad imposible de ocultar. Pero ya es tarde.

 

 

Por Jorge Pellegrini (médico psiquiátra) 

Especial para Sanluis24