El riesgo de contagio de covid durante las fiestas se puede evitar

Una Navidad sin precauciones supone el escenario con mayor potencial de extensión de la covid. Comidas de empresas, con amigos y familiares en interiores, desplazamientos en vehículos y celebraciones de fin de año convierten estas fiestas en el campo perfecto para la propagación del coronavirus. La vacunación ha demostrado su eficacia en prevenir el desarrollo más grave de la enfermedad, pero el contagio sigue dependiendo del comportamiento y del empleo de las medidas de protección sanitaria.

El equipo de investigadores ATEP130-ArqWellness de la Universidad de Sevilla ha desarrollado una calculadora (Covid Risk Airbone), gratuita y accesible por internet, que permite estimar el riesgo de contagio por aerosoles (media y larga distancia) según el modelo de propagación de enfermedades de transmisión aérea de Wells-Riley, adaptado al SARS-CoV-2 por el profesor José Luis Jiménez de la Universidad de Boulder (Colorado, USA). Miguel Ángel Campano, del grupo TEP130 de Arquitectura, Patrimonio y Sostenibilidad de la institución sevillana, explica: “Nos permite ver qué pasa en cada recinto de forma muy certera, estando orientada tanto para los propietarios de locales, gestores y responsables, así como para cualquier persona que quiera evaluar y anticiparse a los riesgos de cualquier evento en el que vaya a participar”.

La clave está en que, al igual que existe el peligro, hay múltiples medidas combinables para conjurarlo: ventilación, filtración, mascarillas ajustadas, distancia y reducción de los tiempos de exposición. La herramienta las incluye en su análisis.

Estas son las situaciones de riesgo alto, medio y bajo desarrolladas en cuatro posibles escenarios reales y comunes de esta Navidad (para la elaboración de este reportaje se han detallado 206 hipótesis), elaboradas por el equipo de la Universidad de Sevilla teniendo en cuenta un porcentaje de vacunados del 78% o superior y con la variante delta como principal agente infeccioso. En todas las hipótesis se asume que hay un único ocupante infectado:

Comida de compañeros de trabajo y amigos

Riesgo alto. Un total de 25 compañeros de trabajo y amigos (78% de ellos vacunados) se reúnen sin mascarilla en un local de 63 metros cuadrados por tres de alto. Hablan fuerte y permanecen en actitud sedentaria, de pie o sentados, sin bailar y sin cantar durante tres horas. Al estar las ventanas cerradas, la concentración de CO₂ va ascendiendo durante el evento hasta alcanzar un valor promedio de 2.813 partes por millón (los índices de calidad recomendados durante la emergencia sanitaria son los inferiores a 700). Este indicador permite evaluar de forma indirecta el nivel de aire previamente respirado y, con ello, la calidad ambiental. En el caso de que exista un infectado y, dado que tampoco es habitual la existencia de purificación de aire mediante filtrado, el 27% de los ocupantes susceptibles termina corriendo el riesgo de infectarse por transmisión por aerosoles de media y larga distancia. Sin embargo, gracias a la vacunación, el número de casos posibles disminuye a un promedio de 3,01. Solo con entreabrir las ventanas y permitir la renovación de aire, sería posible reducir a la mitad tanto el porcentaje de riesgo como el número de casos posibles.

Riesgo medio. En el mismo local, con los mismos clientes sin mascarilla y en las mismas condiciones, tan solo aplicando medidas de ventilación cruzada para mejorar la calidad del aire a 550 partes por millón de CO₂ (límite recomendado por Aireamos para espacios sin mascarillas, como hostelería y guarderías o aulas de infantil), el porcentaje de personas vulnerables contagiadas baja al 3,4%, reduciéndose con ello el número de casos posibles a 0,37.

Riesgo bajo. Hay eventos de empresa o de colectivos en los que se puede tener un nivel de riesgo asumible, pero ello sería necesario que tanto el local como los presentes se impliquen en las precauciones. Mismo escenario y mismo número de comensales, pero llevando estos en esta ocasión mascarillas FFP2 correctamente ajustadas durante el 75% de las tres horas (equivalente al tiempo en el que no están estrictamente comiendo), estando asimismo todos vacunados. El local cumple con el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) en cuanto a ventilación y sistemas de filtrados exigidos para este tipo de instalaciones (IDA 3). Tan solo 1,22 comensales serían susceptibles estadísticamente de contagiarse.

En este sentido, Campano añade que no se debe culpar de forma generalizada a la hostelería de ser un foco de contagio y deben valorarse los establecimientos con instalaciones que cumplen con la normativa de ventilación y se hayan adaptado a las condiciones impuestas por la emergencia sanitaria dado que el riesgo asumido en ellos puede ser bastante reducido.

Reunión familiar

Riesgo alto. Un total de 14 personas se reúne durante cuatro horas en un salón de 22 metros cuadrados por 2,7 metros de alto, con las ventanas cerradas y sin purificación mediante filtro HEPA, un equipo compuesto por un ventilador asociado a un filtro de partículas de alta eficiencia (High Efficiency Particle Arresting) capaz de retener los bioaerosoles en suspensión del aire, pero que permite el paso de gases. Están disponibles en el mercado a partir de 80 euros. La actividad es sedentaria y la conversación transcurre a un volumen alto. Ninguno lleva mascarillas y el 78% está vacunado, dado que hay niños y personas sin inmunizar. Durante ese tiempo, el valor promedio de CO₂ del recinto arroja una concentración de 5.647 partes por millón frente a las 550 recomendadas. El 77% de los participantes sería susceptible de contagiarse en el caso de participar un infectado, pero al considerar la efectividad de las vacunas, el número de casos baja a un promedio de 4,55. Si en la misma celebración se dejasen las ventanas entreabiertas, aunque el riesgo siga siendo alto, los casos posibles bajan a solo 1,77.

Riesgo medio. En una comida de las mismas características, se recurre a una ventilación cruzada, continua, distribuida y medida (CCDM) para reducir y mantener la concentración promedio de CO₂ a 550 partes por millón, así como a un purificador de aire mediante filtro HEPA (correctamente dimensionado) para retirar la posible carga vírica del aire. El porcentaje de susceptibles infectados desciende drásticamente al 7% y el número de casos posibles es de tan solo de 0,41 gracias a las vacunas.

Riesgo bajo. Ninguno de los 38 escenarios analizados se sitúa en esta franja, aunque, si todos los comensales estuvieran vacunados, con ventilación cruzada y purificación mediante filtrado de aire, el número de casos posibles se reduciría a 0,24. El empleo de mascarillas ajustadas cuando no se esté comiendo también permitiría disminuir el riesgo de forma notable. Una alternativa, en el caso de disponer de esa posibilidad, es intentar buscar un espacio de mayores dimensiones que ayude a diluir la carga vírica en el aire. Otra estrategia podría ser limitar el número de comensales asistentes.

Coche

Riesgo alto. Ha terminado la cena o la comida navideña, pero la fiesta continúa. Los comensales se distribuyen en coches para seguir la celebración en un local. Uno de los vehículos es un modelo familiar convencional con un habitáculo de unos cinco metros cúbicos. De los cinco ocupantes, uno no está vacunado y ninguno lleva mascarilla. Durante los 45 minutos del trayecto hablan animadamente. Las ventanas están cerradas y no se utiliza ningún sistema de ventilación (ventanillas o ventilación mecánica del vehículo). Uno o dos de los ocupantes pueden resultar contagiados.

Riesgo medio. Solo un gesto puede hacer que ese vehículo sea más seguro y que la probabilidad de casos de contagio se reduzca a 0,15: bajar todas las ventanillas tan solo entre cinco y diez centímetros.

Riesgo bajo. Ese mismo coche, que es el espacio de mayor riesgo por sus características, puede ser un espacio casi inocuo con solo llevar mascarillas FFP2 ajustadas durante todo el trayecto, así como estando todos sus ocupantes vacunados, incorporando la ventilación mecánica del vehículo o entreabriendo las ventanillas. En esos casos, con algunas de estas medidas preventivas, el riesgo por transmisión a media distancia es prácticamente cero. Aunque el posible contagio por aerosoles de proximidad no se ha evaluado en el estudio, la combinación de estas medidas puede ser la actuación óptima.

Sala de fiestas

Riesgo alto. Como en todos los casos anteriores, este escenario se corresponde con una sala de fiestas real. Se trata de un local de 430 metros cuadrados por 3,2 metros de altura, con las ventanas cerradas y sin purificación de aire, en el que hay 300 personas (78% vacunadas) sin mascarilla y donde la celebración se prolonga durante cinco horas, con baile y conversaciones en tono elevado o incluso cantando. De todos, en el caso de que uno de los asistentes esté contagiado, existe un promedio estadístico de 133 ocupantes susceptibles de contagio (gracias a la tasa de inmunización) y la probabilidad de casos es de 77,19, contando con la eficacia de las vacunas frente a la infección.

Riesgo medio. Para encontrar circunstancias de menor riesgo en este local, contando con la misma cantidad de personas, habría que incorporar a la sala de fiestas un filtrado de tipo IDA 3 (categoría requerida para este tipo de locales) y las características de ventilación previstas en la norma de ventilación de espacios públicos, el RITE. ”No están tan extendidas ni utilizadas como sería necesario”, advierte Campano. Su uso reduciría la concentración promedio de CO₂ a 868 partes por millón . Además, los asistentes tendrían que llevar mascarilla FFP2 adecuadamente ajustada al menos el 75% del tiempo. Solo entonces se alcanzaría un promedio de 0,52 casos.

Riesgo bajo. Como en las comidas familiares, de todos los escenarios analizados, ninguno llega a esta categoría. El mejor de los supuestos, con un 0,4% de personas susceptibles de contagio, sería con un local que cumpla con la normativa de ventilación, uso de mascarillas durante más de cuatro horas y las 300 personas vacunadas.

El análisis de los 206 escenarios con la herramienta COViD Risk Airborne ha sido elaborado por el grupo Arquitectura, Patrimonio y Sostenibilidad de la Universidad de Sevilla, del que forman parte Miguel Ángel Campano, Samuel Domínguez-Amarillo, Ignacio Acosta, Jessica Fernández-Agüera, Pedro Bustamante y Juan José Sendra, con la participación y colaboración de José Luis Jiménez, de la Universidad de Colorado Boulder (EEUU), Juan Diego Velarde (desarrollador web) y las plataformas Aireamos y VentilANDo. En este modelo de cálculo no se ha incluido el posible contagio a corta distancia (inhalación de aerosoles de proximidad), con lo que los investigadores recomiendan mantener en todo caso la distancia interpersonal, recordando que las mascarillas y la ventilación también son eficientes para limitar esta vía de transmisión.

“Lo más importante”, explica Campano, “no es solo saber si un evento presenta un riesgo asumible, sino si este se puede a su vez mejorar y en qué forma se puede llevar a cabo. Aportamos con esta herramienta las pautas para hacerlo a través de la mejora de la calidad ambiental, ya sea con ventilación, purificación de aire o con mascarillas. Y, además, se puede determinar la importancia de la vacunación”.

También se puede recurrir a los test de antígenos para quienes acudan a las fiestas o cenas de Navidad, con lo que se podría evitar que personas asintomáticas pudieran propagar la enfermedad. “Es una capa más de seguridad”, advierte el investigador, “pero hay más, como la ventilación regulada mediante medidores de CO₂ , que también evitan sobreventilar y ahorrar energía, algo tan pertinente en estos momentos”. “Se trata”, concluye, “de tener en cuenta que hay soluciones para que la Navidad no suponga un nuevo castigo para la población, dotando a los hosteleros y familias de múltiples herramientas a combinar para evitar las restricciones que no estén basadas estrictamente en la evidencia científica”.

Fuente: El País