Estudian realizar cambios al proyecto del aborto para lograr su aprobación

Los diputados que promueven la despenalización del aborto estudian retocar algunos artículos del proyecto para seducir a los indecisos y acercarse a una mayoría que aún no tienen pero no ven tan lejana. 

Lo consensuaron mientras se realizaban las dos primeras audiencias para debatir las iniciativas sobre la interrupción voluntaria del embarazo.

Hay nueve proyectos en carpeta pero el principal es el de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, un grupo de organizaciones que bregan por esta ley hace años e integran diputadas de todos los bloques.

Los proyectos comparten tres ejes que no se negocian: la posibilidad de interrumpir el embarazo hasta la semana 14 de gestación, la despenalización de la práctica y su incorporación al sistema de salud.

El proyecto de la campaña tuvo 71 firmas, 48 menos que la mayoría del recinto, pero sus referentes aseguran que ya hay 110 diputados capaces de votarlo y pueden sumarse más si eliminan algunos tramos sensibles del texto, aprovechados por sus detractores.

El más más polémico es el artículo 8, que habilita explícitamente a interrumpir el embarazo a personas de entre 13 y 16 años, si asisten a un hospital acompañado de padres o tutores.

La sola idea de incentivar a niñitas embarazadas al quirófano causa ruido, pero el texto no es  más que la réplica de fragmentos del artículo 26 del Código Civil y Comercial, que alude a los derechos de los menores de edad “a través de sus representantes legales” y “presume” que los adolescentes de esa edad pueden decidir sobre tratamientos “no invasivos”.

Algunos diputados llegan a especular con que sirva para esconder violaciones familiares y entre los pro aborto entendieron que tal vez en el apuro crearon un problema innecesario.

Para resolverlo estudian borrar ese párrafo, no hacer referencia a edades y que las menores sean reguladas por el Código Civil. O sea, sería casi lo mismo, pero sólo quedaría implícito.

Otro tema que se escuchó mucho en las audiencias es el stress post aborto, un supuesto cuadro depresivo citado por varios oradores.

Las diputadas de pañuelo verde sumarían al proyecto la obligación de una “compañía terapéutica” para las mujeres con embarazos no deseados, sin inducir a tomar una decisión.

El otro retoque sería incorporar una regulación clara a la “objeción de conciencia”, que el Gobierno sumó a la ley de culto y encendió a varios de sus diputados, que la denostaron ante el secretario de Culto, Santiago de Estrada. 

Para marcar la cancha, Daniel Lipovetzky, el macrista que coordina los plenarios y está a favor del aborto, presentó un proyecto con el trazo grueso del texto de la Campaña y límites claros a la objeción de conciencia. La restringe al ámbito individual y el planteo debe surgir con antelación y no ante casos concretos, para facilitar la garantía del derecho en cuestión.

No es una aclaración menor: muchos médicos alegaron problemas de conciencia para negarse a practicar abortos en los casos en que ya es legal, como violación y riesgo de vida.

En las negociaciones de pasillo, los referentes de la Campaña identificaron que a muchos colegas indecisos no les gusta criminalizar a las chicas que abortan y quieren votar la despenalización cuando llegue el debate en particular, pero para llegar a ese momento hace falta aprobar la ley. 

“Nos dicen voto en contra, pero a favor de la despenalización. Tenemos que lograr un texto para que apoyen la ley en general y rechacen artículos menores”, se entusiasmó uno de las estrategas.

Las diputadas pro-aborto anotaron dos tareas más para esta semana. La primera es buscar voceros en las provincias del norte, donde la Iglesia pesa fuerte. La otra misión es hablar con Malena Galmarini, la esposa de Sergio Massa. El matrimonio está a favor de la ley, pero Graciela Camaño, la jefa del Frente Renovador, está en contra y la mayoría de su bloque muestra indiferencia: sólo firmaron con la Campaña Cecilia Moreau y Raúl Pérez y el resto no habló. “Son 17, pero pueden ser claves”, admiten desde ambos campamentos.

Los anti abortistas son un grupo por ahora disperso, que integran entre otros Polledo, la macrista Cornelia Schmidt Liermann, la puntana Ivana Bianchi y el cordobés Juan Brügge, de la democracia cristiana. 

Pero también hacen su ajedrez. La mayoría insiste en evitar un dictamen, o sea, obligar a sus rivales juntar mayoría en las cuatro comisiones que tiene los proyectos y si no lo logran, no habrá recinto. 

Por ese plan, dicen, diputados que no las integran se llamaron a silencio con la expectativa de no tener que hablar nunca del tema y evitar enemigos innecesarios.