Fair Play sí, pero sin descuidar el negocio

En una insólita definición del grupo H, Senegal se quedó afuera (y Japón sigue) por una nueva regla que impuso la FIFA en esta Copa del Mundo: el Fair Play.

Ya desde hace varios años que los equipos con menor cantidad de tarjetas recibían un reconocimiento por eso. Incluso Colombia, que terminó primero de ese grupo H, se acreditó el premio en el Mundial de Brasil y ahora es probable que también lo consiga.

Pero la FIFA ahora le dio más poder a las tarjetas. Las definiciones de los grupos (cuando había dos o más equipos empatados en puntos) se regían por la diferencia de gol, los goles a favor y el resultado de los partidos que las selecciones en disputa habían tenido entre sí; si todo eso quedaba igualado, se apelaba a la cantidad de tarjetas: el equipo con menos tarjetas tenía un plus. En realidad, cada amarilla sumaba un punto negativo y cada roja tres. El conjunto con menos puntos en esa tabla era el beneficiado.

Así fue que Senegal se quedó afuera: empató en puntos, goles y en el partido con Japón. Pero perdió en la tabla de las tarjetas y se volvió a casa.
Curioso lo de Japón: perdía con el eliminado Polonia y sabiendo su mejor posición en el Fair Play, y que Colombia ganaba, se dedicó a “no arriesgar”, no confió en que podía empatar y se dejó ganar. Jugó a tocar la pelota hacia atrás, nunca buscó ganarse por mérito propio la clasificación sino que esperó que Colombia le diera la mano que le estaba dando.

El “juego limpio” no pareció tan limpio (casi ni pareció juego el último tramo del partido entre japoneses y polacos) pero Japón avanzó por el Fair Play.

La FIFA sabe lo que es el negocio del fútbol. Por eso tomó otras decisiones rayanas con la hipocresía para esta Copa. Parece que las tarjetas amarillas, las mismas que pueden definir una clasificación a octavos, no son tan importantes en la fase final.

La regla, impuesta desde hace mucho, indica que los jugadores que sumen dos tarjetas amarillas en dos partidos distintos son sancionados con una fecha de suspensión. En esa situación, por ejemplo, están 6 jugadores argentinos: Mercado, Ottamendi, Mascherano, Acuña, Banega y Lionel Messi.

Si alguno recibiera una amarilla más en octavos o en cuartos, no podría jugar el siguiente partido. Después, las tarjetas “se borran” mágicamente.
Es decir, todos los amonestados hasta octavos pueden perderse un partido, pero nadie podrá perderse la final por acumulación.

De esta manera, la FIFA se asegura que la final la van a jugar los mejores jugadores disponibles, de los equipos que lleguen, sin que un arrebato arbitral los pudiera dejar afuera. La tarjeta amarilla, en este caso, ya no cotiza tanto con en la primera fase.

Después sí habrá premio para el equipo “más limpio” del torneo, pero es un premio que nadie lucha demasiado por ganar.
Justo o injusto, es el criterio de la FIFA para “incentivar” el Fair Play sin poner el negocio en riesgo.

 

 

Por Facundo Insegna.