Hacia un nuevo horizonte climático

Desde la Segunda Guerra Mundial no se había registrado una caída tan significativa del PBI global como la del año pasado, cuando la reducción en la producción mundial superó el 5 por ciento en las naciones avanzadas y el 10 por ciento en nuestro país. Por esta razón no debe sorprender que se estima una caída superior al 4 por ciento en las emisiones globales de CO2 en 2020. Esta reducción en las emisiones debida a las medidas de confinamiento de la población no es más que una alteración transitoria en la tendencia alcista de largo plazo. Hay que distinguir el flujo anual de emisiones contaminantes con el stock acumulado en la atmósfera rodeando a la Tierra. Después de más de un siglo de industrialización y deforestación a gran escala, los gases de efecto invernadero en la atmósfera se han incrementado y acumulado como nunca antes en millones de años. A menos que se actúe con decisión para frenar las emisiones de estos gases, la temperatura mundial podría aumentar entre 2°C y 5°C de aquí a final de este siglo, como informo el FMI en la reunión anual de octubre 2020.

Los gases CO2 acumulados en la atmósfera ya llegan a 415 partes por millón (ppm), esto significa un aumento de 2,3 ppm en los últimos 12 meses. A este ritmo en apenas 15 años cruzaríamos la barrera crítica de los 450 ppm, requerida para que la temperatura global no se incremente 2 grados centígrados sobre el nivel preindustrial. La pandemia mundial está cambiando transitoriamente esta situación, ya que la caída en la utilización de fósiles está reduciendo las emisiones de CO2, que se estima que este año serán inferiores debido a la recesión global, pero esta no es una solución sustentable ni alcanza ya que día a día sigue aumentando el CO2 acumulado en la atmósfera.

En noviembre de 2021 Naciones Unidas convocará a los líderes mundiales en Glasgow, Escocia, para considerar la actualización del Acuerdo de París de 2015. El problema fue que los compromisos asumidos por los países para reducir las emisiones de carbono no alcanzaron hasta ahora los objetivos establecidos de limitar el aumento a 1,5 °C. Pero no estamos avanzando en ese sentido, ya que según las políticas energéticas vigentes se espera que el mundo supere el límite de 1,5°C en menos de 20 años y que alcance 3 °C de calentamiento para fines de siglo.

Fue una buena noticia que en la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2020, el presidente de China, Xi Jinping, anunció que su país tenía como objetivo convertirse en neutral en emisiones de carbono para 2060. China no es el único país en tener estas iniciativas. En 2019, Reino Unido fue la primera de las principales economías del mundo en asumir un compromiso de cero emisiones netas. La Unión Europea hizo lo mismo en marzo de 2020. Desde entonces, Japón y Corea del Sur se han sumado a lo que, según estimaciones de la ONU, son ya más de 110 países que han establecido una meta de cero neto para mediados de siglo. Los países que fijaron la meta de llegar al cero neto representan más del 65% de las emisiones globales. Con la elección de Joe Biden los Estados Unidos ahora se reincorporan al Acuerdo de París, corrigiendo así la irresponsable decisión de Trump que había decidido desconocer los compromisos del Acuerdo de París.

Es un hecho positivo que la rápida caída del costo de las energías renovables este cambiando el cálculo de la rentabilidad financiera de la descarbonización. En octubre de 2020, la Agencia Internacional de Energía, expresó que los mejores esquemas de energía solar ofrecen ahora “la fuente de electricidad más barata de la historia”. Cuando se trata de construir nuevas centrales eléctricas, las energías renovables ya suelen ser más baratas que la energía generada por combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas). La Unión Europea y el nuevo Gobierno de Joe Biden, en EE.UU., han prometido billones de dólares en inversiones verdes para poner en marcha sus economías e iniciar el proceso de descarbonización. Ellos esperan que otros países se unan, ayudando a reducir el costo de las energías renovables a nivel mundial.. La caída del costo de las energías renovables y la creciente presión pública para que se actúe sobre el clima también están transformando las actitudes en los negocios. Al mismo tiempo, existe un impulso creciente para lograr que las empresas incorporen el riesgo climático en su toma de decisiones financieras.

Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, para tener una posibilidad razonable de alcanzar el objetivo de 1,5 °C, debemos reducir a la mitad las emisiones totales para fines de 2030. Esto implicaría lograr cada año la reducción de emisiones que hubo en 2020 gracias a los confinamientos masivos debido a la pandemia.

Según el acuerdo de París, los países acordaron volver a reunirse cada cinco años y revisar sus objetivos de reducción de CO2. Glasgow 2021 debería ser un encuentro en el que se acuerden metas más ambiciosas en los recortes a las emisiones de CO2. Tengamos presente que hay una gran diferencia en las metas exigidas por la preservación de la Tierra y las decisiones actualmente vigentes en el área energética mundial. Recordemos que el Informe Stern ya nos alertaba en 2006 que las demoras en actuar aumentarán los costos futuros para mitigar los efectos negativos del cambio climático. “cuidarlo”. Lanzan nueva versión del UNO en su aniversario 50 y preparan campeonatos mundiales.

Fuente: Ámbito

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