Irak: un Estado endeudado, quebrado, acosado por protestas y sin respuestas económicas

La crisis en Irak no es nueva, pero terminó de acentuarse con la pandemia de coronavirus. La caída del PBI en 2020 se estimó en 9,5%, la peor desde 2003, año de la invasión estadounidense.

Hace más de un año y medio que las masivas protestas en Irak se repiten, aún en medio de los momentos más inciertos y oscuros de la pandemia de 2020 cuando todo instaba a los ciudadanos a quedarse encerrados en las casas, un clima de hartazgo y desesperación popular que desnuda la profunda crisis económica que vive el país que visitará esta semana el papa Francisco y para la que el Estado -endeudado, quebrado y en recesión- aún no ha podido dar respuestas efectivas.

La crisis en Irak no es nueva, pero terminó de acentuarse con la pandemia de coronavirus, como pasó en gran parte del mundo: el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó en octubre pasado que el país terminaría el 2020 con una contracción del 9,5% de su PBI, la peor caída desde 2003 -año de la invasión estadounidense-, provocada por la reducción de la producción petrolera acordada por la OPEC, pero también por el desplome del sector de servicios y la recaudación, que empujó a una caída de casi el 50% de los ingresos del Estado solo en los primeros siete meses del año pasado, según el Banco Mundial.

Según el Ministerio de Finanzas, actualmente siete de los casi 40 millones de habitantes viven con un salario o una pensión del Estado y, dado que por momentos no pudo cumplir con todos ellos o lo hizo con importantes retrasos, el estimado de los organismos de crédito internacionales es que la pobreza en el país aumentó del 20% en 2018 a más del 30% el año pasado.

Además, el desempleo es de más del 10%, pero desde hace tres años supera el 25% entre los jóvenes.

Todo indica que este escenario ya sombrío empeorará aun más este año con la devaluación del 20% del dinar iraquí frente al dólar que ejecutó el Gobierno en diciembre pasado, como primer paso de una hoja de ruta de reformas que presentó antes de la pandemia para reactivar la economía, un cúmulo de objetivos y medidas que fueron prometidas una infinidad de veces en el país pero nunca se aplicaron a fondo.

En un país en el que la producción agrícola de alimentos se desarrolló pero nunca para permitir romper la dependencia exterior y menos para alcanzar el ritmo de crecimiento demográfico de las últimas décadas, la devaluación ya significa para muchos iraquíes una canasta básica más cara, una realidad aún más dramática para los más de 1,4 millones de iraquíes que fueron desplazados por los combates en los últimos años y aún no han podido volver a sus hogares.

TELAM

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