Kazán, otro país

Kazán es la capital de la República de Tatarstán. Se dice que es la “tercera capital” de Rusia, detrás de Moscú y San Petersburgo, por su tamaño, su cantidad de habitantes, su progreso y su desarrollo.

Y porque se cree un país. De verdad: hasta tiene un presidente que gobierna el territorio. Pero hay un problema: no es una república independiente, desde hace varios siglos está dentro de Rusia.

 

Hubo reclamos, referéndums, intenciones de independizarse. Ninguno prosperó y es probable que ese sueño de los viejos tártaros no se concrete nunca: las leyes impuestas por Rusia van a ir haciendo desaparecer parte de la cultura propia de Tartaria y de tantas otras regiones que no se sienten parte del país.

Así como el territorio cuya capital es Kazán, otras zonas pretendieron en ciertas ocasiones alcanzar su independencia. Ninguna tuvo suerte. Para evitar ese tipo de “rebeliones”, el Gobierno Ruso prohibió que se enseñen dialectos y costumbres regionales en las escuelas. En el futuro, todas las lenguas que hoy se hablan en Rusia habrán desaparecido; y con ellas muchas de las costumbres de esas Repúblicas. Sólo “lo ruso” está permitido.

 

La capital tártara es una ciudad hermosa. Tiene una rara mezcla de dos culturas: la musulmana, la original, la de Tartaria; y la Rusa, producto de la conquista propiciada por Iván el Terrible, a mediados del siglo XVI.

Cualquier ruso que la haya conocido la recomienda. “Oh, Kazán! Es una ciudad muy bonita”, suspiran al escuchar su nombre. Es, ciertamente, una ciudad muy bonita. Además, es muy fácil de recorrer.

Todos sus atractivos se centran en las inmediaciones de su propio Kremlin. Esa ciudadela fue construida a instancias de Iván el Terrible, en el mismo lugar donde se situaba el antiguo palacio de los Khanes que gobernaban el territorio tártaro.

 

En ese lugar se encuentran numerosos edificios administrativos, mezquitas, iglesias y hasta la casa del Presidente de la República de Tatarstán.
Se da en el Kremlin una situación similar a la del resto de la ciudad: todas las edificaciones tienen un estilo antiquísimo, pero en realidad fueron construidas hace no tanto tiempo. En la ciudadela, las edificaciones que se reconstruyeron tras el período soviético se pensaron como réplicas de las construcciones que había cuando los tártaros se gobernaban a sí mismos.

Uno de los edificios más conocidos de Kazán es la torre inclinada, también conocida como “Torre del Khan”. Un mito cuenta que allí una princesa se arrojó al vacío cuando supo que Iván venía a buscarla para casarse con ella. Pensaba – o sabía – que negarse no era una posibilidad y por eso tomó la decisión.

En las inmediaciones del Kremlin está todo lo interesante: desde el malecón del río Kazanka (construido hace poco menos de 4 años) hasta la famosa Universidad de Kazán (donde estudió Lenin unos meses antes de ser expulsado por participar de actividades políticas), pasando por iglesias (católicas, ortodoxas, rusas), mezquitas, museos, edificios de viviendas, centrales administrativas, grandes parques – casi todos con fuentes de agua -, lagos y hasta una peatonal.

 

Con un mapa, que te entregan gratis en varios puestos, se puede recorrer el “casco histórico” de la ciudad.

Pese a que Lenin no fue muy bien tratado en la Universidad, su nombre está presente en las calles y tiene grandes homenajes: hay un monumento gigante de su figura en terrenos que pertenecen a la casa de estudios y existe un museo en la casa en la que vivió junto a su familia en sus años de estudiante. Todo separado apenas por unos pocos kilómetros.

La temperatura en Kazán registra, en esta época de verano, “hasta 50°”, cuenta Damir, un guía turístico nacido en Tayikistán que vive en la ciudad desde hace 5 años y la siente como propia: él se queja de las medidas del gobierno que tienden a hacer desaparecer la cultura originaria del lugar.

 

Damir, que es fanático del mate y del fútbol argentino y habla un español casi perfecto, conoce muchos de los secretos de la ciudad y los intentos que hubo para lograr la independencia: “Es como ustedes con la colonización de España; la diferencia es que ustedes pudieron independizarse, pero nosotros estamos rodeados por Rusia, no podemos”, dice.

Agrega que Kazán tiene petróleo y gas, por eso el gobierno ruso ni piensa en dejarla libre. “Hace unos años hubo un acuerdo y el Gobierno nacional no se llevaba tanto dinero de Kazán; ahora ese acuerdo se venció y no se renovó. La República pudo desarrollarse porque manejaba parte de sus fondos, ahora no se sabe qué va a pasar”, cuenta.

Parece que el problema de la coparticipación también está globalizado: el Estado central obtiene buena parte de la recaudación y no suele ser muy justo con la distribución. En el caso de Kazán, el perjuicio – cree Damir – será notable.

 

Del otro lado del río, que es uno de los afluentes del Volga, está el estadio Arena (donde se jugaron algunos partidos del mundial) y el Arena de Hockey, el deporte más popular de esta zona. Para cruzar el cauce de agua hay un puente gigante que tiene una M al medio: es el puente Millenium, que hace referencia a los mil años de la ciudad.

Es que Kazán fue fundada en el año 1005 por los tártaros. Allí desarrollaron sus costumbres, su cultura, su idioma. Ahora sus descendientes saben que van camino a perder todo eso.

 

Por Facundo Insegna.