Kazán: una linda ciudad para un mal recuerdo

Aun sin conocer la ciudad, Kazán genera de manera inmediata un mal recuerdo que, para más, es reciente: en este lugar, en el fantástico estadio Arena, la selección Argentina se quedó afuera del Mundial. Aquí fue que perdió 4-3 con Francia, selección que luego – un par de semanas más tarde – se alzó con la Copa.

El viaje de Samara a Kazán tiene varias alternativas: avión, bus, tren. El avión es más rápido y, claro, más caro. En precio le sigue el tren, aunque tampoco es nada barato. El autobús parece ser la mejor opción. Pero al final no lo era.

El pasaje, como en cualquier lugar, se puede sacar anticipado en la boletería. Como extranjero hay que presentar siempre el pasaporte y el registro de inmigración, que es un papelito que parece insignificante que, acaso por el mundial, lo tramita el mismo funcionario que sella el pasaporte. En otras ocasiones son los hoteleros los encargados de registrar al visitante. Lo cierto es que sin ese papel es imposible hacer ninguna gestión.

Para los argentinos es tan fácil como presentar el pasaporte al ingresar al país. Pero hay ciudadanos de otras nacionalidades que necesitan visas o cartas de invitación.

 

Hay frases que se escuchan con frecuencia y se toman como verdades dichas por alguien que supuestamente sabe, pero en realidad son más bien tiradas al azar: que las rusas son todas prácticamente supermodelos, por ejemplo; que los rusos son prácticamente réplicas – en distintos tamaños y formas – de Iván Drago; que los autobuses son el medio de transporte más incómodo.

Hay mujeres en Rusia muy lindas. Rubias, altas, de ojos azules. O morochas, altas y de ojos azules. También hay otras pelo castaño, estatura media, ojos marrones, que son una belleza igual. Algunas más bellas, otras no tanto. Pero no se trata de supermodelos, aunque sí es cierto que deben dedicar varios minutos a producirse antes de salir – lo más coquetas – a la calle.

Hay tipos con ese rictus que tenía el boxeador que enfrentó a Rocky en la IV entrega de la saga cuando dice “Si se muere, se muere”, en relación a Apollo Creed, a quien le había dado una paliza segundos antes. Pero también hay de los más simpáticos personajes, como en cualquier lugar del mundo. Gente que ríe y es amable, solidaria, generosa.

 

Acaso lo de los colectivos si pudiera ser verdad. Es difícil encontrar una incomodidad semejante para realizar un viaje. Hasta es justo pensar que lo hacen a propósito para desalentar el uso de ese medio de transporte.

Además de asientos mega-ultra-duros, hay muy poco espacio entre uno y otro (hacia los costados, adelante y atrás) y, con cierta lógica, apenas se reclinan un par de grados. Dormir en esas butacas es una tarea solo destinada a valientes o soñadores muy potentes.

Al menos, el chofer para dos veces en el camino para que los pasajeros bajen – y nunca mejor utilizado el término – “a estirar las piernas”. Realmente hay que dejar pasar unos segundos para que pase el entumecimiento que impide el normal desarrollo de la caminata para bajar del micro unos pocos minutos.

El micro no salta, no parece viejo, no amaga con romperse. Sólo es incómodo. Al extremo.

Los conductores también son particulares: el viaje se extiende por unas 6 horas y maneja 3 horas cada uno. Mientras uno conduce, el otro no acompaña: duerme estirado en los cuatro asientos de la primera fila, pasillo de por medio.

 

En el camino, una localidad llamativa, no porque tenga nada en particular sino por su nombre: Кошки. La traducción literal: gatos. ¿Qué habrá en esa ciudad? Difícil saberlo, el micro salió de noche de Samara y llegó temprano a la mañana a Kazán, estaba muy oscuro cuando pasó por la pequeña localidad del Oblast de Samara.

En Kazán, a las 5 de la mañana, se nota que la temperatura ese día va a ser infernal. La ciudad, la “tercera capital” rusa (tras Moscú y San Petersburgo), debe ser una de las más bonitas que hay en el país. Una combinación arquitectónica envidiable, una temperatura normal para la época de verano, y miles de espacios para conocer y recorrer, pero todo separado por unos pocos kilómetros de distancia.

Para un argentino el desafío es obtener un resultado más satisfactorio de su visita de lo que consiguió la selección en la Copa del Mundo. Esperemos.

 

Por Facundo Insegna.