La inactividad del Congreso se convirtió en una traba para dirigentes que buscan candidatearse

Tras las últimas elecciones de medio término, el Congreso se llenó de figuras de peso que ocuparon las bancas sin ocultar sus intenciones de dar el salto a un cargo ejecutivo en 2023.

Entre los presidenciables que llegaron a las Cámaras se destacan la ex gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, el neurocientífico Facundo Manes, el ex gobernador Alfredo Cornejo y los liberales Javier Milei y José Luis Espert. También estaban los aspirantes a gobernar una provincia o un distrito, como Diego Santilli (Buenos Aires), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Leandro Santoro (CABA), Ignacio “Nacho” Torres (Chubut) o Victoria Tolosa Paz (La Plata).

Esta masa crítica de dirigentes de alto perfil y con aspiraciones concretas invitaba a imaginar un Congreso que se convertiría en el centro del debate político. Especialmente si interactuaban con figuras como Cristina Kirchner, Sergio Massa, Martín Lousteau y Máximo Kirchner, entre otros. Sin embargo, la parálisis que atraviesan ambas Cámaras por la ausencia de mayorías y de consensos entre las principales fuerzas terminó reconfigurando el escenario y las estrategias de cara a las próximas elecciones.

“El Congreso no está funcionando como vidriera ni como caja de resonancia porque está prácticamente cerrado”, explican desde Juntos por el Cambio, y aseguran que esta dinámica se impuso por la fractura política del Frente de Todos y por las tensiones internas de la principal coalición opositora. Estos dos fenómenos “hacen que la conversación pública pase por otro lado”.

“Algún senador o diputado podría haber aspirado a levantar el perfil a partir de la confrontación con Cristina Kircher en el Senado o con Máximo en Diputados, pero hubo muy pocas sesiones. Además, Cristina muchas veces no preside durante los debates y Máximo directamente se corrió a un costado al dejar la presidencia del bloque”, reflexionan cerca de una legisladora.

Por otro lado, la crisis económica y política que atraviesa el gobierno de Alberto Fernández generó un efecto particular: tras las elecciones legislativas los principales espacios continuaron en “modo campaña”, especialmente debido a las dificultades que encuentra el Presidente para imponer su proyecto reeleccionario. Ese “clima de campaña”, aseguran, también conspira contra la búsqueda de consensos legislativos.

“En el Senado solo avanzan los proyectos de Cristina y se frenan los de Alberto. No estamos tratando nada importante, por eso no puede funcionar mucho como ‘trampolín’ hacia 2023″, lamenta una senadora de la oposición. No obstante, reconoce que hay algunas pocas excepciones que logran hacer crecer su imagen desde una banca, como Martín Tetaz o Javier Milei. El primero a partir de intervenciones “picantes” durante los debates; el segundo, con propuestas disruptivas como “cerrar el Banco Central” o sortear su dieta todos los meses. Ambos, buscando sinergia con las redes sociales.

Sin embargo, no todos perciben la parálisis del Congreso necesariamente como un problema en términos de estrategia electoral, ya que la poca actividad permite concentrar esfuerzos en los armados territoriales y las recorridas de campaña permanente.

De hecho, algunos consultores señalan que la opinión pública no mira con buenos ojos a los diputados y senadores. “Si tenés ambiciones de ser una figura ejecutiva, difícilmente la construyas siendo diputado: hablando en todas las sesiones o presentando todas las semanas un proyecto. La gente no valora eso”, sintetiza un especialista que suele trabajar en campañas y recuerda con ironía que Mauricio Macri fue electo jefe de gobierno en 2007 tras haber faltado la mayoría de las sesiones cuando era diputado.

Y agrega: “El trabajo en el Congreso te desdibuja el perfil ejecutivo, si querés ser presidente, gobernador o jefe de gobierno es mejor estar en los medios hablando de temas de gobierno”.

Esto podría explicar el poco protagonismo durante los debates -y en las comisiones- de futuros candidatos como Manes, Santilli, Tolosa Paz, Frigerio, Vidal o Santoro. De hecho, ninguno pidió la palabra durante la última sesión, el 5 de mayo. Fue apenas las segunda del año, en la primera se trató el acuerdo con el FMI.

Durante esa extensa jornada se votó el emplezamiento a las comisiones para que comiencen a debatir la implementación de la Boleta Única de Papel, la nueva ley de VIH, se aprobó un régimen de fomento para la construcción y la regulación de la producción industrial de cannabis y cañamo. La defensa de esos proyectos quedó en manos de las habituales “espadas legislativas” de los principales espacios.

Fuente: Infobae