La Mona Jiménez: el “Cordobazo” que tomó por asalto el Lollapalooza

Así como el año pasado Pablo Lescano y sus Damas Gratis hicieron bailar con su cumbia villera al público de todas las edades, en esta edición del Lollapalooza Argentina el protagonista fue el cuarteto. Y llegó de la mano de su más querido y experimentado representante: La Mona Jiménez.

 

El arranque fue con lo más puro de su repertorio: “El león”, “Ramito de violetas” y “El Federal”. “Soy un muchacho de barrio que no tiene horario cuando hay que cantar / soy uno más de la esquina de esa barra querida que no voy a olvidar”, cantó en “Muchacho de barrio”, en la que mostró al cien por ciento su ADN cordobés. Se trata de una canción que dice la verdad en eso de que no tiene horario: “Buenas noches, Lollapalooza”, tiró… ¡Pero era una tarde de pleno sol!

 

“Estoy contento, Lollapalooza, y más con ustedes que me tiran toda la onda y el corazón de esa juventud hermosa, que tal vez sea la última vez en mi vida que esté en este festival. Pero sí: estoy feliz”, agradeció emocionado en “Beso a beso”, cuando vio cómo se había dado el primer baile fuerte de su show.

 

La Mona, de riguroso traje rojo y negro, se cansó de tanta formalidad y en medio de “El marginal” revoleó el saco y quedó con su musculosa negra característica, que luego cambió por una amarilla fosforescente.

Cerca del final, el cantante homenajeó a la banda que lo legitimó como ícono de la música argentina más allá del cuarteto: Kapanga. Así sonó “Me mata”, con el Mono Fabio entre el público, pero sin poder acceder al escenario. Una lástima porque podría haber sido un gran momento de un show que, igualmente, no perdió velocidad durante el transcurso de la tarde.

 

Para el cierre, con el tercer cambio de remera, la Mona hizo la versión light de un clásico, abrió la boca y se bajó una botella de agua mineral de 600 centímetros cúbicos, entera. “Quién se ha tomado el vino”, “La novia blanca” y “El renegado” fueron el broche con el que el cuarteto

 

 

Fuente: Infobae