Las maniobras del chavismo no impiden su derrota en Barinas

El voto de castigo le pudo al chantaje millonario. Y para celebrarlo, el gobernador electo de Barinas alzó este lunes su voz para entonar “¡Primero lo primero!” y reunirse después con su gente en la catedral de la capital llanera, toda una tradición en las gentes de esta tierra.

Sergio Garrido es el hombre del momento en Venezuela. Apoyado en la dirigencia llanera, en sus seguidores y en Freddy Superlano, ganador de las elecciones regionales de noviembre a quien Nicolás Maduro arrebató la gobernación por decisión personal, recorrió Barinas y conquistó a la gente por humildad. En un acto de rebeldía y resistencia, los barineses despreciaron el diluvio de electrodomésticos, bombonas de gas, techos de zinc, cemento, cajas de comida subsidiada y toneladas de regalos enviados por el gobierno tras tantos años de olvido.

La paliza fue tal que imposibilitaba que el chavismo revirtiera el triunfo de Garrido, como ya hizo con Superlano el año pasado o con Andrés Velásquez, líder de La Causa Radical, en 2017 en el estado Bolívar.

Más allá de claves electorales, la realidad se convirtió en la principal carta para la oposición: Barinas vive sus tiempos más oscuros, golpeada por la pésima gestión bolivariana y atrapada entre la pobreza, la emigración y el derrumbe de los servicios estatales. Los estados llaneros de la Venezuela profunda, en el oeste del país, suman fallas eléctricas, falta de agua, racionamiento de gasolina y unos salarios paupérrimos, con sus hospitales en pésimas condiciones pese a estar vigente la pandemia del coronavirus.

En las elecciones repetidas de forma arbitraria y a la fuerza, una pieza más en el puzzle de poder de la revolución, la oposición multiplicó los 130 votos de diferencia de noviembre para convertirlos en 43.914 sufragios de ventaja,14% de diferencia, una derrota inimaginable para Maduro, quien estuvo al frente de la estrategia oficialista. Y ello pese a tener a la todopoderosa revolución enfrente, incluida la llamada Familia Real de los Chávez, que ha gobernado la cuna de la revolución durante 22 años.

“La clave de mi victoria es que soy de Barinas, la constancia y la unidad. Hablar con las personas y siempre hablándoles con la verdad de lo que está pasando y de lo que se va a realizar para mejorar”, destacó el ganador, quien también ayer recibió del Consejo Nacional Electoral (CNE) la credencial que le acredita como ganador.

La oposición encajó con alegría la victoria en Barinas, acostumbrada siempre a recibir golpes por todos lados del chavismo. Eso sí, los distintos grupos (electoralistas, abstencionistas, radicales, colaboracionistas) interpretaron los resultados según sus intereses, que como casi siempre no reflejan la realidad más allá de sus propias narices.

“Toca comprender y administrar este éxito histórico. Gracias Barinas por tan importante lección”, advirtió la politóloga Maryhen Jiménez.

¡Mucho cuidado, señor Garrido! No vamos a permitir que le hagan daño a Barinas”, amenazó el derrotado Jorge Arreaza, aplastado por la ola opositora pese al mayúsculo ventajismo del gobierno.

El ex canciller, quien ha encajado una derrota histórica en su primera incursión en las urnas, usó de forma deliberada en varias ocasiones el verbo proteger, una forma de adelantar que el chavismo puede optar por una de sus tradicionales estrategias cuando pierden una elección: nombrar un protector, gobernador paralelo, que por decreto de Maduro roba competencias, presupuestos e incluso edificios a la gobernador triunfante.

Fuente: El Mundo