Las nuevas revelaciones de la causa judicial sobre la agresión al micro de Boca

Fue el escándalo más vergonzoso del fútbol argentino de los últimos tiempos. El suceso que dio vuelta al mundo y que llevó la final de la Copa Libertadores a Europa. Un River–Boca que debió ser histórico sólo por el fútbol y la fiesta, terminó siéndolo por el papelón más estruendoso de la seguridad, que no pudo garantizar simplemente un operativo de arribo del micro de Boca hasta el estadio Monumental.

 

Y a 40 días del suceso, la causa judicial avanza con algunos descubrimientos impactantes que nadie sabe muy bien hasta dónde van a llegar, dado que muestra como mínimo negligencia en el accionar policial, aunque algunos se plantean si gente formada para este tipo de eventos puede ser, simplemente, negligente. Más cuando en las cámaras de video y en las más de tres horas de comunicaciones entre la Superintendencia de Operaciones y los efectivos que estaban en las calles, emanan órdenes difíciles de entender.

 

El hecho más llamativo, según el sumario que instruye la fiscal Adriana Bellavigna con la información de todas las fuerzas participantes, ocurrió 15 minutos antes de que el micro pasara por la ya célebre esquina de Lidoro Quinteros y Libertador, donde se produjo la agresión de los hinchas de River hacia el plantel de Boca. Porque hasta ese momento había cuatro grupos de combate en la zona, acompañando a la gente de Prefectura que estaba formando dos hileras para contener a la gente. Pero, extrañamente, esos grupos se desplazaron por Quintero hacia Figueroa Alcorta dejando la zona más conflictiva vacía de los elementos disuasivos y represivos más importantes con los que contaba el operativo.

 

¿Por qué?

Una fuente policial admite que la hipótesis de conflicto era la barra, y que en las imágenes que se tomaban de Quinteros y Libertador estaba claro que los integrantes de Los Borrachos del Tablón no estaban allí, sino la facción oficial sobre Figueroa Alcorta, y la disidente se preparaba en Barrancas de Belgrano. Y entonces no pensaban que muchos hinchas “comunes” podían generar los incidentes graves contra el micro.

Todo lo que falló en el operativo quedó además expuesto al día siguiente, el 25 de noviembre, donde la zona estaba cuasi militarizada. Si se hubiese llevado adelante con esa saturación el día anterior, el micro habría arribado sin problemas y el partido podría haberse jugado en el Monumental.

 

La causa además tiene peritado el micro donde arribó Boca, donde se deja constancia de que tres vidrios fueron destrozados por las pedradas y botellas arrojadas por hinchas de River, y otros dos fueron rotos de adentro hacia afuera con el martillo de seguridad, cuando los gases lacrimógenos comenzaron a invadir el vehículo y los jugadores necesitaban aire para respirar.

Lo que sí queda claro de las imágenes es que no hubo preparación previa del ataque: la mayoría toma objetos tirados en la calle o lo que encuentra a mano. Lo que habla bastante sobre el nivel de violencia de muchos hinchas denominados “comunes” que asisten al fútbol.

A fines de mes estará terminada toda la pericia de imágenes y se podrán determinar finalmente las responsabilidades del hecho.

 

¿A quiénes imputará la Justicia?

River, en principio, quedaría fuera de toda mirada inquisitoria porque para la Justicia no tenía capacidad de decisión sobre lo que ocurría en la calle. Sí hay una intención de aplicarle la omisión de recaudos de organizador a la Policía, algo que sería inédito, ya que esta figura del código -que pena con multa o arresto de hasta 60 días- sólo fue usada en la Ciudad contra las instituciones. Pero también es cierto que el Gobierno ya entregó una cabeza, y la más importante del área: Martín Ocampo, ministro de Seguridad porteño por entonces. Y no tiene intenciones de entregar ni una más, ni siquiera de los jefes policiales que debían garantizar un operativo que, 40 días después y a la luz de la investigación judicial, fue -como mínimo- de una negligencia que asusta.

 

Fuente: Infobae