Las vacunas contra la Covid-19 y los pacientes inmunocomprometidos

Con el progresivo desarrollo de los ensayos clínicos que resultaron no en una sino en varias vacunas aprobadas para prevenir la enfermedad de Covid-19, enseguida se hizo evidente el inconveniente de no poder aplicarlas a todas las personas al mismo tiempo. 

Dado que nuestro país, al igual que otros países del mundo, comenzó a recibir al principio una cantidad limitada de las mismas, se organizó entonces un plan de vacunación que se iría llevando a cabo en etapas y con algunos grupos con prioridad sobre otros de acuerdo con la exposición a la enfermedad, las funciones estratégicas que tengan o los riesgos que presenten.

Se comenzaba, entonces, con el personal de establecimientos de salud públicos y privados, adultos mayores de 60 años y quienes viven en establecimientos geriátricos, personal de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y de servicios penitenciarios; hasta llegar finalmente a los adultos que presentasen factores de riesgo —las personas diabéticas, con obesidad grado 2 y 3, y aquellas con enfermedades cardiovasculares, renales o respiratorias crónicas—. 

Distinta fue la situación de los pacientes trasplantados y/o inmunocomprometidos —como las personas con VIH / SIDA— que todavía no tienen la posibilidad de registrarse excepto en la provincia de Buenos Aires y quienes, al igual que los anteriormente nombrados, tienen más riesgo si contraen Covid-19, de tener complicaciones y más mortalidad; y para quiénes, además, los tipos de vacunas que están aplicándose en el país no presentan contraindicaciones.

“Cuando empiezan a entrar las vacunas en nuestro país —y en el mundo—, se empieza a ver qué hacemos con estas poblaciones. Hasta que en enero de este año la Sociedad Internacional de Trasplante, al cual estamos afiliados todos los países, publica un documento donde aconseja vacunar a los trasplantados”, explica el Dr. Hugo Petrone, Director de Redes de Unidades Públicas de Trasplante de CUCAIBA.

¿En qué se basa? El médico explica que no hay experiencia con pacientes de estas características, pero enfatiza en que las plataformas con las cuales se han hecho las vacunas son seguras para este grupo. “Los trasplantados no se pueden vacunar con aquellas que sean con virus atenuados o virus vivos, porque tienen las defensas más bajas y si los inoculás con un virus vivo, puede replicarse y terminar infectándolo. Ahora, como la mayoría de las vacunas en desarrollo no se basan en virus atenuados ni vivos, para los trasplantados son seguras”. 

Sobre los inmunocomprometidos, José María Di Bello, presidente de la Fundación Grupo Efecto Positivo (Fundación GEP) que trabaja por la soberanía sanitaria y el acceso a la salud de las personas viviendo con VIH / SIDA —que tienen entre dos y tres veces más riesgo de muerte o de desarrollar un cuadro grave a causa de la COVID-19—, describe una situación similar: “Naciones Unidas, particularmente ONUSIDA, que es la Agenciade Naciones Unidas por el tema de VIH, el 12 de enero de este año publicó en su página web que las vacunas eran seguras”.

Y agrega que posteriormente, a mediados de febrero, el Ministerio de Salud confirmaba que las vacunas no tienen contraindicaciones para esta población, aunque sostenía que recibirían la vacuna aquellas personas con VIH que se encontraran dentro de los grupos prioritarios ya establecidos, “ahora teníamos que tener esta comorbilidad o ser adultos mayores o trabajar en la salud”.

“Nos cambiaron las reglas del juego y estamos reclamando, pero este reclamo además también se asienta en que nosotros consideramos, más allá del mayor riesgo que significa tener VIH, que en Argentina como en otros países del mundo, la situación ha sido muy difícil”.

“Venimos de cuatro años de haber tenido que tomar las calles por faltante de tratamientos — muchas personas con VIH han tenido que interrumpirlos—, particularmente en los dos últimos años del macrismo y se tardó en solucionar ese tema, no hubo reactivos para carga viral y CD4, por lo que hay personas que no saben si su tratamiento está funcionando”, sostiene.

“En el medio la pandemia. La pandemia significó que muchas personas no se acercaran a las farmacias y hospitales a buscar su tratamiento, no tuvieron seguimiento: nosotros solemos tener otras comorbilidades, a veces ni siquiera por el VIH sino por el tratamiento, las personas que hace mucho años estamos en tratamiento tenemos algunas cuestiones cardiovasculares, del hígado, y tampoco tenemos control de eso”.

Di Bello explica, además, que el 70% de las personas con VIH se atienden en el sistema público de salud, lo que en otras palabras significa que el 70% de las personas con VIH no tiene trabajo registrado. 

“Eso tiene que ver con algo histórico que es la discriminación, que se siguen haciendo testeos forzosos en los análisis preocupacionales, entonces está incrementada la dificultad para conseguir trabajo; y en algún momento esto fue paliado de alguna manera con pensiones no contributivas para las personas con VIH en situación de vulnerabilidad, pero durante el macrismo no se entregaron esas pensiones e incluso a personas que las tenían se las retiraron”. 

“Entonces la situación social de vulnerabilidad, de falta de acceso a la salud, todavía agrava mucho más ese cuadro de mayor riesgo a desarrollar una enfermedad por Covid grave o inclusive llegar a la muerte”.

“Y es por todas estas razones que nosotros hicimos un petitorio la semana pasada a la Ministra de Salud, estamos esperando respuesta —ya pasó una semana y no hemos recibido respuesta— pidiendo que se nos vuelva a incluir en los grupos con factores de riesgo”.

Al igual que lo hace, en parte, Di Bello, María Elena y Leonardo Basualdo —ambos trasplantados renales—, reclaman atención desde su lugar de pacientes comprometidos. María Elena, tras siete años de espera en hemodiálisis, explica que al ser una persona trasplantada e inmunodeprimida lo primero que hizo el Hospital Argerich, donde se atiende, fue enviarle un protocolo por medio de un grupo de whatsapp donde decía que al ser un grupo de riesgo debía “aislarse y extremar los cuidados y los controles”. 

“Con respecto a la llegada de la vacuna, como el todo el resto de la población, veíamos esa noticia como una esperanza, muy alentadora, para ponerle fin a esta pandemia. Y también estábamos a la espera de que se habilite el registro para la población inmunosuprimida, personas con trasplante, que en un primer momento no estaba contemplado”. 

Hasta la primera semana de marzo, el registro no habilitaba a anotarse a personas que hubiesen recibido un trasplante.

Basualdo, por su parte, agrega que sigue tomando medicación, específicamente inmunosupresores que generan, por un lado, la adaptabilidad del órgano trasplantado al cuerpo y, por otro, una disminución grande en las defensas del cuerpo.

“Quiero vacunarme, primero porque mi médico me lo autorizó. Al principio, cuando no teníamos mucha información de la vacuna, si tenía miedo. Y no solo por mí, porque ahora tengo a carga una familia: una esposa, un niño recién nacido; y más que nada por eso. Por un temor ya no solamente propio sino por la familia, pero ahora ya tengo la decisión de vacunarme”, sostiene. 

El Dr. Petrone explica, además, que los trasplantados de órganos sólidos —riñón, hígado, corazón, pulmones, instentino— tienen que esperar, desde el momento del trasplante, por lo menos un mes para vacunarse; mientras que los trasplantados de médula ósea deben esperar tres meses desde el trasplante si no hay una circulación viral muy alta, y seis meses si la circulación viral es muy alta. “Por eso nosotros les recomendamos que siempre lo hablen con el médico de cabecera”. 

“El tema con la vacuna [de virus inactivados o porciones de virus] no es que vaya a hacer mal, no es que vaya a enfermar; el problema con la vacuna en los trasplantados es que por las bajas defensas generan menos anticuerpos. Vos te vacunás y no lográs la cantidad de anticuerpos que necesitás”.

“Eso está en íntima relación con el nivel de inmunosupresión, y como el máximo de inmunosupresión es durante el primer mes en los trasplantados de órgano sólido, y los primeros meses en los trasplantados de médula ósea, se desaconseja que se vacunen ahí porque la efectividad que va a tener esa vacunación va a ser muy mala”.

Por eso, sostiene, hay que dejar pasar un tiempo a que se recupere un poco el sistema inmune y pueda reaccionar a la vacunación. 

Otra cosa no menor, agrega, es que los trasplantados —en realidad todos pero ellos en particular—, tienen que seguir manteniendo el nivel de alarma y el nivel de cuidados por más que estén vacunados, porque hay una cosa que es cierta: no sabemos cuánto dura la efectividad de la vacuna.

Finalmente, pone especial énfasis en que también deben vacunarse aquellos quienes convivan con trasplantados. “Nosotros aconsejamos, especialmente cuando haya más disponibilidad de vacunas o cuando ya se vayan completando, que los convivientes se vacunen”. 

“Y te digo esto porque, como la vacuna no es obligatoria, hay gente que no quiere vacunarse, tiene dudas. Entonces, nuestro consejo es que se vacunen todos, porque la única forma de conseguir la inmunidad de rebaño es que se vacune por lo menos el 80% de la población. Segundo, los convivientes de los trasplantados, por su familiar, que se vacunen. El día que puedan, el día que les toque, que se vacunen”.

Las fases del plan de vacunación en Argentina

José María Di Bello, que pide agregar a los inmunocomprometidos a los grupos de riesgo, cierra diciendo que eso no sería nada más ni nada menos que estar, según el plan de vacunación, en la fase 5. 

“En la mayoría de los países del mundo que están dando vacunas, las personas con VIH están en los grupos priorizados justamente en este grupo, en el grupo con factores de riesgo, junto con las diabetes, con las personas con EPOC, con las personas con obesidad… Entonces nosotros pedimos esto, igualdad de criterio con el resto del mundo”.

“Desde la Dirección de Respuesta al VIH, Hepatitis, Tuberculósis e Infecciones de Transmisión Sexual, lo que nos dijeron en las últimas dos reuniones que tuvimos fue que ellos como dirección acompañan nuestra posición y han elevado a las autoridades del Ministerio la petición de que nos incluyan y que estemos dentro de las poblaciones priorizadas para la fase 5″.

“Entendemos que está habiendo una revisión, o por lo menos un diálogo al respecto, y tenemos la esperanza de que se nos está escuchando, pero igual ciertamente estamos haciendo bastante presión desde las distintas redes”. 

Fuente: Filo.news

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