Leandro Grimaldi: “Es posible que la vacuna pueda llegar a la Argentina a mediados del año que viene”

Este reconocido investigador, que trabaja en EE.UU. en la búsqueda de una vacuna, explica a Clarín por qué el experimento en un laboratorio norteamericano podría acelerar “tremendamente” el desarrollo y producción de una.

Leandro Grimaldi apenas duerme y no solo por sus dos hijitos de un año y medio y seis meses. Es un médico investigador argentino egresado de la Universidad de Harvard, experto en salud pública y políticas de salud, que trabaja estos meses sin descanso, enfocado en el desarrollo de una vacuna que pueda frenar al coronavirus, en un mundo en el que ya hay cerca de 5 millones de contagiados y 318.000 muertos.

En una empresa multinacional de bioinvestigación, Grimaldi, de 33 años, está a cargo de la coordinación de alianzas entre el sector público y privado, entre empresas de biotecnología, investigación, farmacéuticas, laboratorios gubernamentales e instituciones académicas, con todo el arsenal apuntado a lograr un freno a la pandemia.

Además, integra un comité de profesionales en Harvard que trabaja en la contención del virus en Estados Unidos. Santafesino, hincha de Colón, Grimaldi vive en Boston desde hace 10 años y contó a Clarín cómo es la carrera mundial de 118 candidatos por alcanzar rápidamente una vacuna, los riesgos que puede acarrear el apuro por lanzarla y las presiones que reciben los protagonistas. También explica que los avances anunciados en Estados Unidos el lunes sobre una vacuna probada en humanos aceleraría “tremendamente” el proceso para la aprobación.

–¿Cuántas vacunas hay hoy en desarrollo en todo el mundo?

–En este momento, pero esto cambia hora por hora, hay 118 vacunas en diferentes etapas de investigación en el mundo. Hay 110 que están en estado preclínico, o sea que no comenzaron los testeos en humanos. La mayoría están siendo desarrolladas en Estados Unidos y China, pero también hay otros esfuerzos en Europa.

–Hay ocho que están más avanzadas ¿Cuáles son?

–Hay ocho que están en etapa clínica y de estas hay dos o tres que quizá están un poquito más avanzadas que todas. Pero están prácticamente todas en el mismo lugar. Son tres fases de investigación y todas estas están en fase uno o en fase dos o haciendo una combinación entre fase uno y dos, que es algo que se hace cuando uno quiere expeditar el proceso para acortar tiempo.

–La compañía Moderna, con sede en Boston, anunció el lunes avances en una vacuna. ¿Cuál es la importancia real de ese proceso?

–Difundieron resultados parciales y preliminares en este estudio clínico de la fase uno, en donde enrolaron a aproximadamente a 100 pacientes sanos que dividieron en diferentes subgrupos y les aplicaron diferentes dosis de esta vacuna. A un grupo le aplicaron 25 microgramos, a otro 50 y otro 250, en dos aplicaciones. Lo que anunciaron es que, después de seguir por dos meses a estos pacientes, ya empezaron a recibir los resultados preliminares que dicen que, en bajas dosis, se logra estimular el sistema inmunológico de manera similar a lo que hemos visto en pacientes que, de hecho, contrajeron Covid 19. Además, cuando midieron los anticuerpos que desarrollaron los pacientes eran similares o superiores a lo que sería el suero convaleciente de los pacientes que han padecido la enfermedad. Lo que la comunidad científica tomó como algo muy bueno es que no solo que es una baja dosis, sino que es una vacuna muy especial porque está desarrollada con “ARN mensajero”. No hay ninguna vacuna procesada con esta tecnología hasta el día de la fecha.

–¿Por qué es distinta esta tecnología a la de una vacuna común?

–Es una plataforma de tecnología en la que lo único que se necesita para empezar a desarrollar la vacuna es el perfil genético del microorganismo, en este caso el SarsCov2, que es el virus del Coronavirus 19. Contrariamente a lo que históricamente hemos hecho que es “agarrar el bichito” (por el virus) y sacarle los genes o bien “agarrar el bichito” y atenuarlo. Es decir que es algo que se puede obtener más fácilmente.

–¿Esta novedad aceleraría el proceso de desarrollo y producción de la vacuna?

–Sí, tremendamente. Esto es algo que nos ha ahorrado meses y meses de trabajo de laboratorio para desarrollar todo eso. El otro día le explicaba a mi abuela el proceso de una manera más simple. La premisa es, por ejemplo, hacer un tipo de pasta como spaghettis. Entonces durante un tiempo nosotros hicimos ñoquis, fideos o ravioles con diferentes recetas y distintos modos de hacerlos y distintos rellenos. Lo que esta compañía hizo y otras están haciendo es trabajar en crear una máquina que haga las pastas directamente: le indicas la pasta que querés que te haga y te la produce.

–Esto entonces permite ahorrar muchos pasos y tiempo.

–Sí, de una forma impresionante.

–¿Cuál es la diferencia con la vacuna que se está desarrollando en Oxford, por ejemplo? ¿Está en el mismo camino?

–La de Oxford maneja otra tecnología diferente, que ya está probada para otras patologías. Se ha probado para MERS, influenza, tuberculosis.

–¿Es más clásica?

–Sí es más clásica. Utilizan un vector viral. Justamente antes hablábamos del “bichito” al que uno atenúa su patogenicidad o lo mata y con eso se inocula. Esa es la ruta que está siguiendo el grupo de investigación en Oxford.

–En Gran Bretaña decían que la vacuna podría empezarse a ver recién en septiembre. Con esta novedad, ¿se acortan los tiempos?

–Con esta tecnología de “ARN mensajero” definitivamente se acortan los tiempos, pero la realidad es que ahora viene lo más importante que es el estudio de fase 2, que ya le dio la aprobación la FDA (Food and Drug Administration), y donde van a enrolar a 600 pacientes. Allí se va a ver la efectividad a mayor escala, si la dosis que ellos están planteando, que era la más baja de todas, va a ser la que potencialmente va a salir al mercado.

–¿Se testean con seguridad los posibles efectos secundarios que podría llegar a tener?

— En este estudio se midió de forma secundaria y fueron muy escasos, creo que solo hubo un efecto adverso, como una irritación local de piel. Pero cuando uno empieza a manejar números más grandes no eso solo para ver la efectividad de la dosis sino también para analizar en detalle el perfil de seguridad.

–Pero con esta rapidez con la que se está actuando ¿están salteando pasos importantes sobre seguridad?

–No, no se saltean pasos importantes. Lo que sucede es que hay tiempos de la ciencia. Por ejemplo, si un efecto adverso tarda 12 meses en aparecer, obviamente si estamos probando esto en sujetos humanos hace 2 o 3 meses no va a aparecer eso. Hay una cuestión relacionada al factor tiempo que, desde la ciencia, por más que se haga todo bien, no se puede hacer nada. Ese es el gran dilema: nos movemos rápido, extrapolando información y haciendo la inferencia de que esto va a tener un impacto a nivel poblacional o esperamos un tiempo y nos movemos con más seguridad, y ahí es donde está la toma de decisiones de los gobiernos y las agencias regulatorias.

–¿Qué injerencia concreta tienen los Gobiernos en el proceso?

–Es un PPP, un convenio público–privado. Está el desarrollo privado de esta compañía, como tantas otras más, y el subsidio del Gobierno. En este caso HHS, que es un agente como el ministerio de Salud, fue básicamente uno de las entidades que puso dinero y también está el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas. Ellos son sponsors. Lo mismo se da en Alemania, en China.

“Si entre fines de este año y los primeros meses del año que viene tenemos una vacuna ya aprobada y en proceso de manufactura, es posible que la vacuna pueda estar llegando a la Argentina cerca de mediados del año que viene”

-¿Se puede llegar a tener lista la vacuna este año?

–Yo creo que sí. Estoy confiado y no es una apreciación personal, sino que es desde el punto de vista de los hechos. Cuando trabajamos en el desarrollo de una vacuna, por ejemplo la fiebre amarilla, hubo 10 estudios en 10 o 15 años. Ahora pasamos a tener 118 candidatos en un lapso de menos de seis meses, esto no tiene precedentes. Cuántos más programas tenemos, más posibilidades hay de que salga. Sobre todo si se mueven a la velocidad que se están moviendo y si desde el gobierno y otras instituciones se sigue poniendo la presión que se está poniendo.

–¿Cómo se siente esa presión de los gobiernos en esta carrera por sacar la vacuna?

–La presión es enorme y no solo de los gobiernos sino también de instituciones académicas, profesionales y de los sistemas de salud. Por eso realmente creo que es factible que tengamos un candidato que esté llegando a este proceso de aprobación fase 1,2 y 3, que realmente va a ser por una vía expeditiva. Quizá para fin de año ya veamos el primer paquete de dosis que se esté distribuyendo muy probablemente en el personal de emergencia. Después empezaremos a vacunar a las poblaciones estratificando en base al riesgo.

–¿Cuándo llegaría a la población en general?

–Va a ser más fácil el acceso para una persona que viva en el mundo desarrollado que en lugares de África e incluso Latinoamérica. Ahí está el quid de la cuestión. Uno puede decir que es muy probable que se empiece a distribuir en el primer semestre del año que viene. ¿Pero uno puede garantizar que las poblaciones vulnerables la van a recibir? Porque otra cosa que tiene esta vacuna que es importante mencionar es que el compuesto “ARN mensajero” es inestable y requiere un ambiente muy controlado para la distribución y la logística. No es lo mismo una vacuna que se conserva casi en cualquier lugar que la vacuna que necesita una cierta cadena de frío perfecta, un rango de temperatura.

–Hay muchos que creen que si Estados Unidos consigue la vacuna, bajo un gobierno como el de Donald Trump, primero vacunarán a sus 300 millones de habitantes y después recién la distribuirá al mundo ¿Esta es una realidad que puede pasar?

–Cualquier compañía que termine sacando la vacuna es casi 100% probable que termine haciendo una alianza estratégica con una gran cadena de suministro, distribución y logística y también manufactura. Por ejemplo, en el caso de Moderna ya tienen un contrato con Lonza, una empresa suiza que está en todos los rincones del planeta. Entonces no hay una barrera geográfica de vacunar primero en Estados Unidos y luego Canadá o Europa. Uno pasa la tecnología y ojalá que esta compañía tenga la posibilidad de hacer la manufactura con plantas en Buenos Aires, en San Pablo o en África y que la cadena logística de distribución sea mucho más sencilla. Creo que a esto apunta esta compañía y todas las demás.

–¿Qué pasa con las patentes? Existe la controversia de que China y Europa quieren que sea accesible para todo el mundo y sea declarada un bien común y Estados Unidos parecería que se resiste.

–Realmente esto tiene que ver con la política y la visión de la compañía o las compañías, porque seguramente va a haber más de una vacuna con el correr del tiempo que esté aprobada. Puedo contar cómo se han hecho convenios y cómo se negoció en otras oportunidades. Nunca hubo una situación de crisis en donde Moderna diga, por ejemplo: “Ahora le ponemos un precio ridículo porque solo nos interesa hacer ganancias”. Eso devastaría a la compañía. Por eso yo creo que se va a terminar negociando de una manera en la cual la vacuna va a estar altamente subsidiada. No me animaría a decir gratis porque no sé cuáles son los convenios que tienen estas compañías, pero creo que va a ser de muy fácil acceso. Nosotros estamos cruzando los dedos para que sea gratis para esta población de emergencia y para los pacientes que están inmuno-comprometidos y la gente de edad avanzada. Después se irá negociando sobre los diferentes estratos que siguen. No sé si le darán ese sentido de bien comunitario, que implicaría que la compañía rescindiera cualquier tipo de patente y propiedad intelectual y lo abriera al planeta para decir: “aquí está tenemos la vacuna y el dinero lo hacemos por otro lado y no estamos cobrando equis cantidad por cada dosis”. No sé si llegará a ese punto, pero va a estar altamente subsidiada no solo en Estados Unidos y en Europa sino también en la Argentina y otros lugares.

–¿Cuándo puede estar lista en Argentina, dado este nuevo escenario?

–Creo que para el año que viene. Si entre fines de este año y los primeros meses del año que viene tenemos una vacuna ya aprobada y en proceso de manufactura, es posible que la vacuna pueda estar llegando a la Argentina cerca de mediados del año que viene. Obviamente, esto tiene que ver como se negocia desde Buenos Aires este tipo de convenios.

Fuente: Clarín

× Whatsapp