Los detalles de ‘Moonwalk traverse’, la travesía del Fitz Roy de Sean Villanueva

El escalador belga cuenta los pormenores de su aventura a través de los nueve picos del macizo, llevada a cabo durante seis días, con cinco vivacs y en solitario. Lleva un año confinado en El Chaltén.

La noticia sobre la travesía del Fitz Roy realizada por Sean Villanueva la semana pasada corrió como la pólvora por las redes el viernes. Apenas se conocían los titulares de la misma, pero ya era razón suficiente para que algunos pidieran el Piolet d’Or para él. Lo cierto es que el escalador belga, que se vio sorprendido por los primeros confinamientos de la pandemia de coronavirus en El Chaltén, ha sacado el máximo provecho de ello y se ha pasado todo un año confinado y preparando la que sería su obra maestra.

En conversaciones con Rolando Garibotti (Patagonia Vertical), Sean Villanueva ha compartido los pormenores de su aventura en solitaria, que lleva incluidos cinco vivacs y más de 4.000 metros de escalada (6c, 50º), “todo en libre, excepto los rápeles”. La ha llamado The moonwalk traverse.

Sean Villanueva accedió al macizo del Fitz Roy desde el sudeste, a través de Laguna Sucia. Para toda la logística, llevaba una mochila y un petate, con comida para diez días, una tienda pequeña, saco de dormir ligero y su flauta irlandesa. También cargaba una cuerda de 60 metros y una cuerda fina para izar el petate.

Con una previsión meteorológica favorable para seis días, se lanzó a por su sueño. Su estrategia consistía en autoasegurarse y petatear en todos los largos excepto los más fáciles.

Día 1: Aguja de l’S y Aguja Saint-Exupéry

El 5 de febrero comenzó escalando la Aguja de l’S por la vía de la Cara Este (450 m, 6a, 30º) y, a continuación, enlazó con la Austríaca (550 m, 6c) de la cara sur de la Aguja Saint-Exupéry. Allí sufrió el primer percance de la aventura, cuando una caída de piedras provocó daños importantes en tres puntos de su cuerda. Se tomó un tiempo para valorar el estado de la cuerda y decidió repararla y continuar adelante hacia su primer vivac, situado en la arista entre las agujas Saint-Exupéry y Rafael Juárez.

Día 2: Aguja Rafael Juárez

El 6 de febrero comenzó con otro incidente inesperado. Durante la travesía hacia la Aguja Rafael Juárez, primer objetivo de la jornada, perdió un par de los contadísimos camalots que llevaba. “Con una cuerda dañada y menos camalots, las cosas no pintaban bien, pero la curiosidad lo alentó a continuar”, apunta Rolando Garibotti.

Así pues, escaló la parte superior de la Anglo-Americana (400 m, 6c) de la cara oeste de la Aguja Rafael Juárez y descendió por la Piola-Anker de la vertiente norte. Su idea era alcanzar por este camino la base de la cara sur de la Aguja Poincenot, el segundo punto más alto del macizo, situado por encima de los 3.000 metros.

Todavía tuvo tiempo de escalar buena parte de la Fonrouge-Rosasco (700 m, 6c, 60º) e instalarse para vivaquear cerca de su unión con la Whillans-Cochrane.

Día 3: Aguja Poincenot y Aguja Kakito

El 7 de febrero, día de su 40 cumpleaños, Sean Villanueva amaneció terminando de escalar hasta la cima de la Aguja Poincenot. Luego rapeló por la Invisible line de la cara norte. En el collado, buscó su camino hacia la vecina Aguja Kakito por su cara este, abriendo algunos largos nuevos.

Poco después de mediodía, ya había descendido y realizado una travesía para alcanzar La Brecha, donde decidió montar su tercer vivac y tomarse el resto del día libre para celebrar su cumpleaños.

Día 4: Cerro Fitz Roy

El 8 de febrero tenía como plato en el menú el Cerro Fitz Roy, que escaló por la Franco-Argentina (650 m, 6c). Según reconoció Sean Villanueva a Rolando Garibotti, “los momentos más aterradores de toda la travesía llegaron después del ‘final de las dificultades’, al negociar los neveros helados con zapatillas de aproximación y crampones de aluminio”. Una vez arriba, “me pasé una hora comprobando la acústica, cantando y tocando la flauta irlandesa, que para eso están las cimas, ¿verdad?”.

Durante el descenso por la Casarotto de la cara norte, tuvo que detenerse antes de lo previsto. El viento y la lluvia hicieron su aparición y se refugió montando su tienda en una repisa situada un par de largos por encima del Pilar Goretta: “una de las mejores vistas que podía imaginar”. Mojar su cuerda dañada no parecía una gran alternativa.

Día 5: Aguja Val Biois y Aguja Mermoz

El 9 de febrero por la mañana completó el descenso del Cerro Fitz Roy hasta el Bloque Empotrado. A continuación, realizó la ascensión de la Aguja Val Biois y la larga y engorrosa travesía hacia la Aguja Mermoz, que le llevó mucho más tiempo del que había pensado. A pesar de ello, consiguió alcanzar la cumbre antes del anochecer y vivaqueó allí mismo.

Día 6: Aguja Guillaumet

El 10 de febrero fue el último de la travesía del Fitz Roy de Sean Villanueva. Rapeló la cara noroeste de la Aguja Mermoz por la parte alta de la Argentina, antes de emprender la ascensión de la Aguja Guillaumet, el último pico que le quedaba. Lo hizo a través de la Lüthi-Domínguez a su Cumbre Sur, para posteriormente realizar la travesía hasta la cima principal.

Llevó a cabo sus últimos rápeles por el lado norte de la Aguja Guillaumet, a través de la Brenner-Moschioni. En el último de ellos, una de las heridas que sufrió la cuerda el primer día terminó por ceder y poner al descubierto varios metros del alma. Una resistencia milagrosa que Sean Villanueva celebró cantando durante el trekking de regreso a la civilización… eso sí, tomándose una noche más para descansar en solitario en Piedra Blanca.

La valoración de Rolando Garibotti

La enorme cabalgada en solitario de Sean Villanueva en el Cerro Fitz Roy despierta la admiración total de quienes conocen bien las montañas del Chaltén. El cronista patagónico y autor de otras tantas aventuras destacables, Rolando Garibotti, añade el siguiente comentario:

Parece que Sean es la única persona que no capta la magnitud de lo que ha conseguido, una ascensión que Colin Haley describía como posiblemente la ascensión en solitario más exigente que se haya realizado en la zona. Más allá de sus bien conocidas capacidad como escalador y fortaleza, lo que está claro es que el arma secreta de Sean fue su actitud mental, su disposición a dar siempre un paso más, y a hacerlo con ojos de curiosidad. Tocó su flauta irlandesa en cada cima y meditó durante casi 15 minutos cada mañana. Una escalada así de larga y dura requiere maestría física, pero por encima de todo requiere la capacidad de hacer pausas.

Fuente: Desnivel

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