Los detalles del juicio por el crimen de Brenda Arias: por qué Murúa fue condenado a 38 años de cárcel

El Tribunal Penal de la Tercera Circunscripción Judicial condenó este miércoles a Juan José Murúa a 38 años y 2 meses de prisión por el crimen de Brenda Arias, ocurrido el 11 de julio de 2009 en la localidad de Villa del Carmen.

La Cámara que dictó la sentencia estuvo conformada por Sandra Elizabeth Piguillem, Juan Manuel Saá Zarandón y José Luis Sosa. La última audiencia del debate oral se realizó en el Salón de Usos Múltiples del Juzgado Multifuero con asiento en Santa Rosa del Conlara, debido al numeroso público que quería concurrir para conocer el veredicto.

La instancia decisiva fue presenciada por familiares y amigos de Brenda, vecinos de Villa del Carmen, y organizaciones que se encargan de luchar por los derechos y contra la violencia hacia las mujeres.

Brenda, que en 2009 tenía 19 años, fue asesinada el 11 de julio de ese año en Villa del Carmen, y su cuerpo fue incinerado. Los restos mortales de la joven fueron encontrados recién el 16 días más tarde en un campo cercano a la localidad.

La investigación, que demoró más de 9 años en echar luz sobre los hechos, comenzó alrededor de César Darío Albelo, el novio de Brenda. Tras varios años bajo la lupa de la justicia, el joven logró desvincularse de la causa, cuando todas las pericias desestimaban su participación. Elba “Negrita” Garayalde, la recordada madre de Brenda, siempre sembró dudas de la acusación que pesaba sobre Albelo y luchó incansablemente para que se haga justicia sin encerrar a un “perejil”.

Recién en 2017 la jueza penal de Concarán, Patricia Besso, imputó a otro sospechoso: se trataba de Juan José Murúa, quien había sido pareja de Carolina Pereyra, una amiga de Brenda.

La noche que Brenda desapareció, que fue la misma en la que la mataron, había salido de su casa para ir a un comedor del pueblo con Murúa y Pereyra.

Sin embargo, Carolina nunca se encontró con la víctima fatal: según declaró, había estado en la casa de una amiga, cuyo marido se iba a cazar con Murúa. Sin embargo, Murúa nunca se fue de caza, sino que sí logró reunirse con Brenda.

Testigos que andaban de caza por la zona donde asesinaron a Brenda escucharon esa noche una discusión, dos disparos y el sonido de una motocicleta alejándose. Luego sabrían que uno de los disparos había causado la muerte a la joven de 19 años.

La víctima fue ultimada en la noche del 11 de julio, aunque su familia recibió mensajes desde el celular de la joven hasta el 15 de julio, en los que la supuesta Brenda les decía que estaba bien, pero que estaba cansada de todo y que se iría muy lejos.

A partir de la investigación del Departamento de Delitos Complejos del Poder Judicial, basada en el estudio pormenorizado de las sábanas de los celulares de Brenda y de Murúa, como así también del patrón de movimiento registrado en el teléfono de la joven los días anteriores y posteriores a su desaparición; se pudo determinar que desde las 19:57 hasta las 22:26 hs. del 11 de julio de 2009, Brenda y Murúa se comunicaban constantemente desde sus respectivos teléfonos celulares, y que los días 12, 13 y 15 de julio, el patrón de movimiento del teléfono de Brenda, coincidía con los del imputado en ese período.

Con todas las pruebas reunidas, la jueza Besso dictó el procesamiento de Murúa, pero no hizo falta dictar la prisión preventiva: el encartado ya estaba preso con varias causas (algunas por delitos contra la integridad sexual) en Villa Dolores, provincia de Córdoba.

La “Negrita” Garayalde supo del giro en la investigación pocos meses antes de su muerte: el 29 de octubre de 2017 falleció en una clínica privada de la ciudad de San Luis, ya con la certeza que por fin habían dado con el femicida de su hija.

El juicio por el crimen de Brenda se inició el 31 de octubre de este año, casi justo un año después de la muerte de la “Negrita”. El debate tuvo sólo tres audiencias para recolectar algunos testimonios que faltaban, tan fuerte era la prueba que lo vinculaba a Murúa con el asesinato. En la última, además, se dio a conocer el veredicto.

Los testigos del pueblo, que conocían al asesino, hicieron declaraciones que dieron mayor firmeza al perfil psicológico que la justicia ya se había trazado de él: era violento, obsesivo y si le interesaba una mujer, no aceptaba un no como respuesta.

Uno de sus ex amigos y ex compañero de trabajo en la avícola Globoaves, Gastón Emanuel Torres, contó que le había dicho que quería tener un contacto íntimo con Brenda, sin importarle que era amiga de su novia. También dijo que luego de la desaparición de la chica Murúa “se puso re loco”.

Otro de los puntos clave que salió a luz en el debate oral fue el frondoso prontuario del imputado: tiene condenas (en la provincia de Córdoba) por delitos de robo, amenazas calificadas, daños, lesiones leves, coacción y privación ilegítima de la libertad, todos ellos en concurso real; además de coacción calificada reiterada, 2 hechos en concurso real, amenazas y tenencia ilegal de armas de fuego de uso civil. Al momento de iniciarse el juicio por el asesinato de Brenda cumplía una pena de 4 años y 10 meses de prisión.

Asimismo, es investigado por la justicia cordobesa por la desaparición de Marisol Rearte y su pequeña hija Luz Oliva, de la localidad de Los Pozos, Córdoba, en febrero de 2014.

En los alegatos, el Fiscal de Cámara, Mario Néstor Zudaire, quien pidió al tribunal la emisión de una sentencia condenatoria para Murúa, “porque yo no tengo absolutamente ninguna duda, después de haber analizado las pruebas producidas en este audiencia pública, de que es el autor penalmente responsable del asesinato que perjudicó a Brenda Arias”.

El representante del Ministerio Público Fiscal, encargado de la parte acusatoria, aseveró que la conducta desplegada por Murúa, encuadra en el artículo 79 del Código Penal “El que matare a otro será pasible de una pena de 8 a 25 años de prisión”, y que la exigencia del dolo contenido en dicha figura penal estaba comprobado en la causa, es decir, la voluntad de Murúa de realizar la conducta de matar.

Además, recordó a los magistrados que al comienzo del juicio oral, a fines de octubre de este año, solicitó hacer reserva de aplicar el agravante establecido en el artículo 41 bis del Código Penal por la utilización de un arma de fuego. “Y la norma establece que la escala penal se incrementa en un tercio en el mínimo y en un tercio en el máximo”.

Con esos argumentos, pidió que el acusado fuera condenado a sufrir el máximo de la pena de 33 años de prisión, por encontrárselo autor material y penalmente responsable del delito que se le endilga, con el agravante del uso de arma de fuego.

Por su parte, el Defensor Oficial, José Luis Guiñazú, indicó que en el desarrollo del juicio observó que “se ha intentado acreditar una personalidad violenta, machista, misógina del Sr. Juan José Murúa”, aduciendo que el hecho de que su defendido padezca ese tipo de personalidad, no lo convierte automáticamente en un asesino, “porque además de los más de 16 cuerpos que tiene esta causa, es necesario que se reúnan pruebas, en lo posible, pruebas directas, pruebas que acrediten que fue el Sr. Murúa quien acabó con la vida de Brenda Arias”.

También dijo que resultaba un tanto “dificultoso” ubicar a Murúa en la escena del crimen, porque, según él, tampoco estaba claro cómo ocurrió el asesinato de Brenda.

Por ese motivo, el Defensor pidió a los jueces de la Cámara que se aplique el principio del in dubio pro reo, “derivación directa del principio de inocencia consagrado en nuestra Constitución Nacional y provincial”, por estimar que no se colectó la prueba directa suficiente para encontrar al culpable.

El por qué de los 38 años y dos meses

Tras los alegatos, el Tribunal dictó un veredicto unánime en el que declaró a Juan José Murúa “Culpable del delito de Homicidio Simple, Agravado por el uso de un arma de fuego en perjuicio de Brenda Jimena Arias” y lo condenó “a la pena de 38 años y dos meses de prisión”.

Murúa fue trasladado al Complejo Penitenciario de Pampa de las Salinas para cumplir su pena.

El cómputo de la pena se realizó aplicando el máximo previsto para el delito de homicidio simple, más un tercio por el agravante del uso del arma de fuego y unificándola con la dictada por la Cámara Criminal y Correccional de Villa Dolores en los Autos caratulados “Murúa Juan José y otros p.ss.as. de coacción calificada, etc.”, cuya sentencia fue emitida el 3 de noviembre de 2018, imponiéndole en esa causa, 4 años y 10 meses de prisión.

La “Negrita” Garayalde.

 

Con información y fotos de la Dirección de Prensa y Comunicación Institucional del Poder Judicial de San Luis