Los peces se están volviendo adictos a las metanfetaminas que se filtran en los ríos

Un grupo de investigadores de la República Checa ha publicado recientemente un estudio en la revista científica Journal of Experimental Biology en el que demuestran que los peces pueden volverse adictos a determinadas drogas que, en muchos países, contaminan los ríos de las zonas urbanas.

Según la Organización de las Naciones Unidas, alrededor de 269 millones de personas en todo el mundo consumen drogas cada año. No obstante, si bien esto ya constituye un serio problema, el ciclo perjudicial de las drogas no termina ahí. Estas sustancias no se disuelven por completo en el organismo humano. Una parte considerable se expulsa a través de las heces y la orina, que luego van a parar a los sistemas de alcantarillados que desembocan en los ríos.

La consecuencia es lógica: a medida que las aguas residuales tratadas fluyen hacia los arroyos, también lo hacen las metanfetaminas y otras drogas.

“Donde hay usuarios de metanfetamina, también hay contaminación por metanfetamina”, dice Pavel Horký de la Universidad de Ciencias de la Vida, de República Checa.

Según Horký y sus colegas, en algunas corrientes de ese país,las concentraciones de metanfetamina se han medido en cientos de nanogramos por litro pero el efecto de estos niveles en los animales acuáticos no ha sido claro. 

Para investigar, pusieron en marcha un experimento para detectar posibles efectos secundarios adversos de esta epidemia ecológica oculta. Dividieron 120 truchas marrones (Salmo trutta) criadas en criadero en dos tanques de 350 litros.

El agua de un tanque contenía metanfetaminas que coincidían con las concentraciones en arroyos salvajes, mientras que el otro se dejaba sin contaminar como control.

Después de ocho semanas, los investigadores eliminaron la metanfetamina del tanque experimental. Durante el siguiente período de “abstinencia” de 10 días, Horký analizó peces seleccionados al azar de ambos grupos para detectar signos de adicción y abstinencia.

Para ello, construyó un tanque en el que el agua podía entrar por un lado y salir por el otro como si un arroyo pasara por el recinto. Sin embargo, un lado del flujo contenía el mismo nivel de metanfetamina que había contenido el tanque experimental.

El pez de control no mostró preferencia por un lado del arroyo simulado o por el otro, pero el pez expuesto a la metanfetamina eligió repetidamente permanecer en el agua drogada.

Además, los peces expuestos a la metanfetamina tenían niveles elevados de metanfetamina en el tejido cerebral y también eran menos activos de lo normal, lo que podría reducir sus posibilidades de sobrevivir y reproducirse.

“Los antojos de recompensa de drogas por parte de los peces podrían eclipsar las recompensas naturales como buscar comida o aparearse”, sostiene Horký. “Tal contaminación podría cambiar el funcionamiento de ecosistemas enteros”, cerró.

Fuente: EL LITORAL