Lucrecia Gudiño, la primera mujer en completar el triatlón más largo del mundo

Lucrecia Gudiño es una chica como cualquiera: es profesora de educación física, tiene pareja, gente que la quiere y algunas pasiones. Pero también es una chica distinta a todas: el fin de semana completó los 602 kilómetros del “triatlón más largo del mundo”, una prueba extrema que se ganó para siempre un lugar en su corazón.

 

La atleta, nacida hace 31 años en Morteros, pero radicada en Freyre, fue la única participante femenina en anotarse en la competencia que se celebró el pasado fin de semana en el Valle de Calamuchita. ¿Qué lleva a una persona en hacer algo así? Ella lo resume en diálogo con TyCSports.com: “El deseo de superarse, de dar un paso más. Ya había corrido dos veces un Ironman y quería probar una carrera más larga y además me motivaba la posibilidad de ser la primera mujer en lograrlo”.

 

El viernes tuvo que nadar 10.000 metros y andar 200 kilómetros en bicicleta, con 3000 metros de desnivel. Eso le demandó 12 horas, 41 minutos y 50 segundos.

 

El sábado fue el día más difícil, porque fueron 15 horas y 11 minutos de pedaleo para recorrer los 300 kilómetros reglamentarios. “Se me hizo muy duro porque fue mucho tiempo y tuve calor, frío, sufrí el viento, se hizo de noche. Por momentos la verdad es que no la pasé bien”, reconoce a un puñado de días de su hazaña.

 

Y después de eso, en el tercer día de carrera le quedaban ni más ni menos que 92 kilómetros de pedestrismo, lo equivalente a un poco más de dos maratones. “De las tres disciplinas es la que más me cuesta y cuando arranqué la carrera no pensaba llegar ahí. Pero pude manejar la cabeza, no tuve calambres, que era lo que más me preocupaba, y la terminé pese a la dureza de los últimos 25 kilómetros. Siempre traté de enfocarme en todo lo que había entrenado, en lo que había dejado para estar ahí y en los que siempre me apoyaron: Mauricio, mi pareja, mis familiares, amigos y los vecinos de Freyre”.

 

Para finalizar, Lucrecia, que fue recibida a pura emoción en su pueblo adoptivo, dejó la última huella de esos 602 kilómetros: “Por ahí las mujeres tenemos otras cosas en la cabeza, lamentablemente. Y pensamos siempre primero en el otro, en la pareja, en los hijos y olvidamos de hacernos un espacio para nosotras, para poder hacer lo que nos gusta. Y siempre hay que tratar de hacer lo que queremos, organizarnos, poner metas realizables, pero no resignarse y darle tiempo a todo. A fin de cuentas estar feliz es hacer feliz a los que a uno lo quieren”.

 

Fuente: TycSport