Maduro acusa a los observadores europeos de ser “espías” enviados a “manchar” sus elecciones

Hasta que por fin estalló. Nicolás Maduro ha reaccionado a las censuras europeas y del gobierno español ante la falta de condiciones democráticas en las elecciones regionales y municipales del domingo pasado. Y lo ha hecho con acusaciones fuertes contra la Misión Electoral de Observación enviada por la Unión Europea: “Vinieron como enemigos, una delegación de espías” para “manchar” las elecciones.

El “presidente pueblo”, tras regresar de su viaje sorpresa a Cuba, justificó el informe preliminar de la eurodiputada portuguesa Isabel Santos asegurando que los enviados europeos “trataron de generar opiniones y matrices para manchar el proceso, andaban desplegados por el país espiando la vida social, económica y política… Pero ya en el mundo se sabía la verdad, ya que en Venezuela había elecciones libres, transparente y el chavismo arrasó”.

El informe de la UE, “la real estampa del proceso”, como aseguró Santos al borde de las lágrimas, constató las trampas electorales que el chavismo ha impuesto durante dos décadas de ejercicio de poder: uso extendido de recursos del Estado para los candidatos chavistas, falta de independencia judicial, no adherencia al Estado de Derecho, inhabilitaciones arbitrarias de candidatos por vías administrativas, suspensión de los dirigentes más reconocidos, establecimiento de puntos rojos en los 23 estados y agresiones a observadores electorales, además del asesinato de un elector que esperaba para votar en la cola frente a su centro electoral.

Basándose en este informe, el gobierno español hizo público un comunicado crítico con Caracas, en el que enfatizaba la ausencia de “expectativas democráticas”.

El chavismo intentó contraponer a los observadores europeos con los amigos de la revolución a los que invitó en calidad de veedores internacionales. A la cabeza estuvo el expresidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, junto a Juan Carlos Monedero, fundador de Podemos, y el eurodiputado comunista Manu Pineda.

Pese a obtener 19 de las 23 gobernaciones y el 63% de la alcaldías gracias a la abstención opositora y a la arquitectura electoral impuesta por la fuerza, la revolución bolivariana ha mostrado al mundo parte de lo que quería evitar. Transcurrida una semana de los comicios, Barinas continúa sin gobernador electo pese al triunfo del opositor Freddy Superlano.

En Caracas se cree que mañana el Consejo Nacional Electoral (CNE) reconocerá la victoria en la cuna de la revolución del dirigente de Voluntad Popular (VP), el partido del presidente encargado, Juan Guaidó, y del exprisionero político Leopoldo López. Un territorio bajo control de la familia Chávez desde hace dos décadas en el que puede suceder lo más rocambolesco: las tres actas definitivas para cerrar el triunfo de Superlano estaban en manos de un general que se negaba a entregarlas.

Además, varios dirigentes, incluso un alcalde, fueron detenidos por la policía política, así como alcaldías saqueadas por dirigentes bolivarianos. Incluso al flamante gobernador electo del estado petrolero del Zulia, Manuel Rosales, ya le han arrebatado varias competencias administrativas, uno de los abusos clásicos cada vez que gana un opositor.

Fuente: El mundo