Maravillas bajo el suelo de Moscú

La historia del Metro de Moscú, y los de Rusia en general, es bastante conocida: Iosif Stalin lo pensó no sólo como un medio de transporte para la creciente ciudad sino también como una fórmula de competir “mano a mano” con el capitalismo.

El mandatario quería demostrar que el sistema soviético también estaba a la altura de los avances en todos los campos, como lo hizo con la tecnología y el desarrollo aeroespacial.

Una leyenda dice que también se pensó como refugio ante la inminencia de una guerra nuclear que, claro, nunca llegó. Aunque las estaciones del Metro sí sirvieron de resguardo para muchos moscovitas durante los bombardeos alemanes a Moscú, en la Segunda Guerra Mundial: se dice que hasta nacieron allí más de 200 niños.

 

Stalin llamó a las estaciones “El Palacio del Pueblo” y las construcciones lo reflejan: son verdaderos museos abiertos que engalanan cualquier viaje.

La utilidad de ese sistema de transporte en una ciudad como Moscú es impagable: funciona de una manera tan brillante y los recorridos son tan extensos y combinables que se puede ir “de una punta a la otra” bajo el suelo.

El 15 de mayo de 1935 se puso en funcionamiento la primera línea: Sokólnicheskaya. La primera estación inaugurada fue Komsomolskaya, que está en un lugar clave: allí confluyen 4 estaciones de trenes (entre ellas Leningradsky Vokzal y Kazansky Vokzal, dos de las que mayor afluencia de pasajeros tienen). Se trata de una de las más lindas estaciones, además de su importancia por ser la pionera del sistema.

 

En realidad, las estaciones construidas durante el periodo soviético son verdaderos recintos de obras de arte. Belaruskaya, Kievskaya, Park Pobedy, Lubyanka, Slavyansky Bulvar son de las más lindas. Muchas de ellas conservan aún los símbolos de la hoz y el martillo comunistas, presente incluso las decoraciones que adornan la espera de los trenes.

Las estaciones más modernas tienen una misma estructura pero también tienen su encanto. Los días de lluvia, varios en verano, son ideales para recorrer algunas de ellas ante la imposibilidad de transitar al aire libre.

Es en este tipo de lugares donde se ven – al menos en estos días – los mayores gestos de hospitalidad de los rusos para con los extranjeros. Si un turista, sin que nada lo exponga demasiado como tal, se detiene algunos minutos frente a un cartel tratando de descifrar el idioma cirílico siempre un local se detendrá para tratar de orientarlo, a veces mediante el uso del inglés, otras – muy pocas – en un precario pero entendible español. Lo importante es la voluntad que le ponen a la tarea.

 

Las decoraciones invitan a fotografiar cada rincón. Las eternas escaleras mecánicas también son inusuales. La más larga, del Park Pobedy, es acaso la más llamativa por su extensión y lo que se tarda en subirla o bajarla. Pero no es la única, en otras apenas se alcanza a observar el final del camino.

El funcionamiento del sistema de transporte es igual de particular: en horario pico los trenes de la misma línea pueden tener una diferencia de apenas 45 segundos. En horario no pico (incluso los domingos), 3 minutos entre uno y otro es lo máximo. En cada salida de los trenes hay un reloj y un cronómetro para que los pasajeros controlen el cumplimiento.

La red del Metro de Moscú es la que mayor cantidad de pasajeros transporta a diario en el mundo.

 

Existe un mito que asegura que hay una línea de metro mucho más profunda que las que prestan el servicio de transporte. Es un túnel que, supuestamente, une los edificios más importantes de la capital rusa, y que debía servir de refugio ante un ataque al país. Muchos hablan de eso, pero nadie lo conoce ni tiene una foto o un dato certero sobre esa presunta construcción.

El resto de las ciudades grandes de Rusia también tiene su red de metros. Algunas más largas, otras más cortas, pero todos cumplen la fundamental misión de unir puntos lejanos de una misma ciudad y la no tan fundamental pero sumamente agradable de exhibir obras de arte.

Viajar en el Metro en Rusia suele ser algunos rublos más caro que hacerlo mediante otro transporte (tranvía, trolebús, autobús). Está justificado por la belleza de las estaciones.

 

Por Facundo Insegna.