Muerte en el peaje: las incómodas dudas que quedaron tras el fallo judicial

La camioneta Ford F100 doble cabina blanca había quedado detenida en el cantero central de la autopista. Brillaba bajo las luces de una noche helada, tenía el motor en marcha y por debajo del chasis comenzaba a formarse una nube de humo. Adentro estaba Héctor Antonio Fernández con la cara ensangrentada y aturdido, con la mitad del cuerpo apoyado en el asiento del acompañante.

 

El Peugeot 207 patente JPF 250 estaba muy cerca, con las ruedas hacia arriba y aplastado como si la carrocería fuese de hojalata. Adentro había cuatro cuerpos: dos sin vida, los otros dos malheridos, entre ellos el de un nene que fue el primero en ser auxiliado.

 

Esa es la imagen que los dos primeros testigos vieron la noche del 10 de junio a 500 metros del peaje Cruz de Piedra, muy cerca de la entrada al barrio Cerros Colorados. Con esa imagen comenzaba, además, la investigación de uno de los hechos policiales más extraños y conmovedores de los últimos años al menos en San Luis. Porque si bien el juez Sebastián Cadelago procesó el domingo a la tarde a Fernández por asesinar a los cuatro integrantes de la familia que iba en el Peugeot, hay interrogantes que no cierran y una pregunta que lastima: ¿se podría haber evitado?

 

Hugo Torres y Lidia Andrea Gutiérrez eran pareja y habían tenido un hijo, Williams, hace tres años. Ese domingo frío y negro Lidia iba al volante del Peugeot con su hijo en la falda. Atrás venía su mamá, Lidia Frías.

 

Cuando el vehículo llegó al peaje Cruz de Piedra, Torres le dijo al empleado de la cabina:

 

-Ese hombre nos encerró en la Cuesta del Gato-, dijo señalando la cabina 3, donde había parado la F100 blanca.

 

Sebastián Ferreira, el empleado del Ente Control de Rutas le dio el tiquet de pago, les pidió que esperase a que se alejase. “Pero me dijeron que estaban apurados porque tenían cosas que hacer”, declaró el muchacho en el Juzgado.

 

El ticket emitido por Ferreira –y que fue secuestrado del interior del Peugeot-, indica que la familia pasó por el peaje a las 21:43.

 

Diego Lucero es el otro empleado del Ente que ese domingo cumplía su turno de 15 a 22. Fue el que atendió a Fernández y el dio el ticket de pago a las 21:37, seis minutos antes de la llegada a la otra cabina de Torres y su familia.

 

Lucero declaró que conocía a Fernández porque pasaba seguido por el peaje y que siempre lo saludaba por el apellido. “Pero ese día –declaró-, lo noté como perdido. No podía encontrar la tarjeta para que le cobrase”.

 

 

Según el auto de procesamiento del juez Cadelago, el conductor de la Ford o bien salió a baja velocidad o bien frenó la camioneta en algún punto entre la estación de peaje y la rotonda del Golf Club –donde hizo el retome-, a la espera del Peugeot. Fernández estaba alcoholizado pero calculó con bastante precisión el momento en que el otro auto pasaría por el otro carril. Entonces sí aceleró, cruzó el cantero y lo chocó.

 

Los avisos. Nada se sabe qué hizo ese domingo Fernández además de emborracharse. La prueba de alcoholtest que le hicieron en el Hospital San Luis indicó que tenía 1,48 gramos de alcohol por litro de sangre. En la camioneta la Policía encontró una botella de vino tinto Toro Viejo sin abrir.

 

Al menos dos testigos –una mujer y un hombre que son compañeros de trabajo-, vieron esa tarde la pickup blanca zigzagueando por la ruta provincial 9 desde El Durazno hacia San Luis.

 

La mujer iba en una Fiat Qubo y se cruzó dos veces con Fernández manejando totalmente borracho. La segunda fue a la altura de la Cuesta del Gato. La testigo declaró que la otra camioneta mordió la banquina y que ella se encomendó a Dios y aceleró para poder pasarla. Cuando llegó al peaje no avisó nada sobre la presencia de un conductor borracho en la ruta.

 

Lo mismo pasó con el otro hombre que manejaba una utilitaria y que se salvó de chocar contra la Ford cuando ésta salió a toda velocidad y sin mirar por el espejo retrovisor luego de haberse cruzado de carril y de morder la banquina.

 

Por razones que no aparecen en la causa judicial, ese testigo tampoco llamó a la Policía ni avisó en el peaje de lo que había visto.

 

Lo que viene. El juez Cadelago retomará las audiencias en la causa judicial el 29 de junio con Fernández procesado con prisión preventiva por  homicidio simple. Maneja algunas certezas. Por ejemplo, que la pericia accidentológica que hizo la perito de Delitos Complejos Carina Bernal arrojó que el Peugeot iba a unos 40 kilómetros por hora y que la marcas de frenado que quedaron impresas en el asfalto son de casi nueve metros. Pero la colisión no se pudo evitar.

 

La otra certeza es que no se trató de un hecho vial más. “Entiendo que no estamos en presencia de un accidente de tránsito, sino en un hecho donde el modo de matar que el autor decide utilizar es la consciente y voluntaria provocación de una colisión automovilística, es decir, la camioneta en la que se conducía el imputado, es el arma homicida”, se lee en el auto de procesamiento.

 

Con otras palabras pero con la misma convicción lo sostuvo el abogado Miguel Ángel Orozco, abogado que representa a dos hijos de Gutiérrez. “Fernández tuvo el dominio de la acción”, resumió en un contacto telefónico con SanLuis24.

 

El abogado aseguró que no apuntará a los empleados del peaje o a los otros testigos por una posible omisión de aviso sino que centrará ahora su estrategia en probar que Fernández y Torres se conocían.

 

Para eso está tratando de desencriptar las imágenes de una cámara de seguridad de la carnicería con anexo de almacén que Torres tenía en El Volcán. La búsqueda retrotraerá el tiempo congelado en una computadora hasta cuarenta días antes de aquel domingo trágico.

 

Fernández ya atraviesa el período de adaptación de ingreso al Servicio Penitenciario provincial. Según una fuente consultada, tiene una enfermedad grave y hasta ahora no ha mostrado angustia. “Parece un tupper, hermético”, lo describió el informante.