Muerte, fuego y una presunta homicida que dejó demasiados cabos sueltos

María del Carmen Yacobino ya está en el Servicio Penitenciario provincial procesada con prisión preventiva porque, a criterio de la jueza penal Virginia Palacios, es la autora del asesinato de Rosula Camargo, la anciana de 76 años que murió de dos puntazos en el corazón y que después fue quemada. Rosula y María del Carmen estaban unidas por la sangre: fueron tía y sobrina hasta el 21 de abril.

 

El auto de procesamiento de la jueza Palacios tuvo una sorpresa: procesó a Yacobino por homicidio simple en vez de agravado, el delito por el que fue indagada. La declaración de la médica forense Marcela Gómez fue clave para ese cambio de calificación que también había sido pedida por los abogados defensores de la presunta homicida, que asumieron ya avanza la prórroga de detención.

 

La forense explicó que Rosula murió desangrada por la acción de los dos puntazos que recibió en el costado izquierdo del corazón y que tuvo una agonía de unos veinte minutos. Durante ese lapso la anciana no respiró monóxido de carbono, un residuo tóxico de la combustión que no apareció en los pulmones ni en la tráquea de la víctima durante la autopsia.

 

Es decir que el incendio que destruyó la casa de la anciana, ubicada en la calle Sarmiento 1641 no tuvo ninguna relación con su muerte.

Dice la jueza en su auto de procesamiento:

 

De lo antes expuesto se desprende la imposibilidad de sostener las agravantes de ensañamiento y alevosía del art. 80 inciso segundo; ello asi por cuanto al producirse la muerte de la persona, como consecuenda de conducta precisa de resultar asestada con elemento punzo cortante, lo ocurrido a posterior a raíz del factor fuego, ninguna injerencia tuvo en el resultado muerte, descartándose la posibilidad de de que dicho factor hubiere de operar como un un reaseguro para concretar el resultado o como medio tendiente a someter a la victima a mayor  padecimiento.

 

La jueza ordenó que se amplíe el sumario y Yacobino será  indagada la semana por otros dos delitos: estrado doloso –por el incendio que ella habría provocado- y el de administración infiel, en contra de Gastón Cambarieri, su jefe, dueño de la pizzería en que la acusada trabajaba como encargada.

 

Ese testimonio, el de Cambarieri, tuvo peso durante la primera etapa de la investigación. El dueño de la pizzería ubicada en avenida España y calle Mar del Plata juró que el 21 de abril, el día del asesinato de Rosula, “el negocio había sido un caos porque María del Carmen abrió como a las 21:30”.

 

Además el gastronómico detectó un faltante de 25 mil pesos en la caja correspondientes a la recaudación de los últimos tres días de trabajo de su empleada. “Los tengo yo, no te preocupes”, le dijo Yacobino por teléfono un día antes de ser detenida.

 

Que Yacobino se haya llevado esa plata abonó la hipótesis de que tenía alguna deuda, probablemente derivada de una compulsión por apostar en los tragamonedas, dato aportado por uno de sus tíos.

Sobre el posible móvil del asesinato la jueza fue escueta: el lucro.

 

Se encuentra demostrado que Yacobino era una de las únicas personas que visitaba a la victima y asimismo que cuando lo hacia, se procuraba la entrega  de dinero por parte de aquella. Se ha relatado sobre el temor que sentía la occisa por la actitud de la acusada cuando le demandaba la entrega de plata. 

 

Tal como lo había anticipado SanLuis24, Yacobino dejó demasiados cabos sueltos que terminaron empujándola a la cárcel. Cuatro testigos la vieron salir ese sábado 21 poco antes de las 20:30 de la casa de Rosula y minutos antes de la explosión que arrasó con la casa. La jueza terció que la acusada “fue la última persona en ver a la víctima con vida”.

 

Cuando se enteró por un llamado de un tío del incendio, Yacobino volvió a la escena del crimen. Si a los testigos les quedaba alguna duda sobre su identidad se les disipó. Vieron que tenía puesta la misma ropa y la observaron que llegó en el mismo auto, un Gol Trend blanco que habían visto estacionado frente a la casa de Rosula.

 

También notaron esa noche en la comisaría segunda que Yacobino se había cambiado de ropa. Pero ya era demasiado tarde: la sospecha de que el incendio en la casa de la calle Sarmiento había sido intencional crecía con fuerza y empezaba a cernirse sobre ella. Y se cerró definitivamente al día siguiente cuando encontraron el cadáver calcinado de su tía.