Murió el reconocido periodista Alejandro Rodríguez

La última notica que publicó sobre su estado de salud fue el 20 de julio a las 17:53 según el preciso registro de su cuenta de Facebook. En esa pequeña crónica de apenas dos líneas estaba impregnada del tono severo que muchas veces Alejandro Rodríguez usaba para hablar sobre su enfermedad. No decía que estaba mal y que el cáncer de piel se complicaba cada día más: escribió que debido a “cambios significativos en mi  estado de salud, no estoy ejerciendo actividad por Face como comúnmente lo hacía”.

 

Alejandro Rodríguez, uno de los periodistas más comprometidos que tuvo San Luis, murió esta madrugada en el Hospital de Rehabilitación Drosdrowsky, en Tortuguitas. Ahí recibió las últimas atenciones, los últimos calmantes antes del final.

 

El desenlace no sorprendió a sus familiares y amigos. El domingo a la noche, el abogado radical Horacio Quevedo –uno de sus amigos-, habló con Luisa, su segunda esposa. Fue clara y contundente: “Alejandro se está muriendo”, le dijo.

 

“Pensaba viajar a visitarlo este miércoles porque tengo previsto un viaje a Buenos Aires pero me había dicho que estaba muy mal, que estaba en cama”, recordó el abogado en un contacto con SanLuis24.

 

El periodista vivía en la provincia de Buenos Aires desde 2011 aproximadamente. Se fue de San Luis dejando atrás fuertes tensiones políticas y –según él-, tenaces persecuciones por parte del Gobierno provincial del que fue una de las voces más críticas. Se instaló en una casa de la localidad de José C. Paz donde se preparó para el duro tratamiento oncológico.

 

Los viajes al Instituto de Oncología Ángel H Roffo fueron narrados con crudeza y precisión en su cuenta de Facebook, junto con destempladas críticas al servicio de PAMI y a la salud pública del macrismo.

 

En 2015 recibió la mención especial del premio “Mauricio López” de la Universidad Nacional de San Luis por su compromiso con los derechos humanos. No pudo viajar a recibirlo porque el tratamiento médico se lo impidió.

 

Nueve años antes, en un frío auditorio de esa misma universidad Alejandro participó de un debate con alumnos de periodismo. Había una cierta tensión en el aire por la presencia de profesionales de El Diario de la República, propiedad de la familia Rodríguez Saá. Lejos de caer en chicanas, Alejandro habló sobriamente sobre la “libertad de presión” de los medios y el compromiso social que debe tener un periodista.

 

Esa noche tomó notas en una libretita. Después se fue en bicicleta, como hacía siempre.

 

“Alejandro fue un humanista extraordinario, un hombre de una cultura muy amplia y profunda, con un gran compromiso con el prójimo. Se fue una gran persona”, resumió su amigo Horacio Quevedo.

 

Casi las mismas palabras –compromiso, lucha, escritura, música y poesía-, usaron sus hijos y su hermana en las redes sociales para comunicar la noticia de su muerte. Tenía 75 años.