Que vuelvan los amigos de Messi

Bronnitsy es una localidad ubicada a más de 50 km al sudeste del centro de Moscú, en lo que se conoce como el Oblast (el “Conurbano”) de la capital rusa. Allí está ubicado el centro de alto rendimiento deportivo Bronnitsy Training Center, el lugar elegido como base de la selección Argentina, mientras dure su estadía en el Mundial.

Llegar a Bronnitsy es complicado para todos. Desde el centro de Moscú es necesario tomar al menos dos transportes: el Metro (violeta, línea 7) hasta la estación Kotelniky y luego un autobús que, dependiendo del tráfico, puede demorar hasta una hora y media. Para el viaje en sí hay que calcular, como mínimo, dos horas y media.

El autobús hasta Bronnitsy no para cerca del centro de entrenamiento: es necesario completar el trayecto caminando varias cuadras hasta llegar. La localidad es bastante pequeña y sumamente tranquila, pese a haberse visto revolucionada en las últimas semanas con la estancia de la selección de Sampaoli.

El predio es bastante lujoso. Tiene varias canchas de fútbol, pileta, zona de juegos, sala de conferencias y – ahora – una carpa montada por la AFA para recibir a los periodistas que a diario concurren a cubrir la actividad del equipo de Messi.

Cada vez que la selección entrena, dejan que los periodistas, camarógrafos y fotógrafos observen, retraten y comenten 15 minutos (del principio o el final) de la práctica. Luego, dos jugadores dan una conferencia de prensa. Pero no siempre sucede eso.

Tras la derrota contra Croacia (y la casi eliminación Argentina del Mundial), prensa de AFA informó que el entrenamiento del día siguiente será a puertas cerradas. Como el viaje es largo, muchos medios decidirán no ir hasta Bronnitsy y comenzar las especulaciones desde otros lugares de Moscú.

 

No es fácil digerir lo que pasa con la Selección. Juega mal, pierde y está casi afuera. Depende de Nigeria para avanzar a octavos. O lo que es peor: depende de sí misma.

El jueves fue un día negro para el equipo. Lejos de ser una maravilla, controlaba la pelota y las acciones hasta el primer gol de ellos. Gol que llegó por un tremendo error de Willy Caballero. No es fácil ser arquero: si te equivocas quedás en evidencia siempre, porque la vas a buscar adentro.

En la cancha, en los Fan Fest, en los bares, en las casas, en Rusia, en Argentina, en el mundo, todos los hinchas insultaron a Sampaoli por no poner a Armani en el arco. Como si eso solucionara todo. Pero Armani también pudo haber cometido el error: ninguno de los dos se caracteriza por su juego con los pies. Acaso el único más acostumbrado a jugar casi como un defensor más es el “Patón” Guzmán, aunque eso no lo exime de haberse mandado alguna en cierta ocasión. Quizá el problema de Caballero sea que no te salva nunca, más que el error en sí.

 

Después de ese gol, el equipo (y el cuerpo técnico también) perdió la cabeza. Era todo revolearla para adelante, meter delanteros y esperar que alguno se ilumine. No pasó y nos comimos tres.

Como siempre, empezamos a buscar culpables: Messi, los amigos de Messi, Sampaoli, Caballero, Tapia, Angelici y Messi, que no es Maradona.
Con la selección integrada por “los amigos de Messi” llegamos a tres finales: un mundial y dos Copa América. Perdimos las tres (una 1 a 0 y las otras dos por penales). Los criticamos, les pedimos “hambre de gloria”, como si fuese posible tener más hambre de gloria que llegar hasta el final de un campeonato con chances de ganarla.

Alguno pensará que “ganarlas” es tener más hambre de gloria, como si los partidos no fueran toda una serie de variables esperadas e inesperadas que determinan luego el resultado final. Como si la “obligación de ganar” existiera. Como si “las finales no se juegan, se ganan” fuera una sentencia real. Como si eso se pudiera entrenar, preparar.

Le pedimos a nuestros jugadores que “pongan huevo”, que en Argentina se pone huevos para ganar, los europeos no, son más fríos, calculadores, no tienen sangre. Sin embargo, queda claro en este mundial, los europeos son mejores. Porque planifican, porque proyectan a largo plazo, porque tienen una idea y la respetan.

Acá no. Acá pasamos de Sabella a Martino, de Martino a Bauza, de Bauza a Sampaoli. Todas ideas diferentes, todos modelos de juego diferentes, todos formas de relacionarse con los jugadores diferentes. Pero esperamos resultados contundentes, que dejen en claro que Argentina tiene que ganar todo lo que juegue. Que ganamos “poniendo huevos”.

“Como puede ser que en sus equipos jueguen bien y con la Selección son un desastre”, decimos, una y otra vez. Será porque sus equipos trabajan como tales, siguen una idea, planifican, tratan de respetar un estilo. Las selecciones tienen poco tiempo de trabajo, por eso la planificación es tan importante. Sino que lo digan los europeos: Alemania lleva 8 años con el mismo técnico, España cambia de entrenador pero sigue una idea. Por algo siempre están entre los candidatos serios.

“Pero México le ganó a Alemania”. Sí, porque México también planificó el partido. Porque México perdió 7 a 0 contra Chile en la Copa América 2016 y no echó a su técnico. Porque el DT tenía claro el objetivo y trabajó en esa dirección. Y los dirigentes lo acompañaron. Igual, México no escapa al exitismo: hasta hace una semana, la gran mayoría odiaba a Osorio (el entrenador); después del partido con Alemania, lo aman.

 

Manu Ginóbili es uno de los grandes próceres de nuestro deporte. Ha sabido ganar, pero también ha sabido perder sin que nadie lo tildara de fracasado ni de pecho frío. Todos, incluso los que no sabemos demasiado de qué se trata eso del básquet, lo adoramos. Por su forma de ser, por su competitividad permanente, porque es un buen embajador de los nuestros.

En las ocasiones de derrota, siempre tiene algo interesante para decir. “Nos enloquecimos por nuestro afán de ganarlo con coraje y eso nos pasa habitualmente en nuestro país, porque creemos que todo se gana con huevos. En realidad se gana jugando bien, y después agregándole huevos y coraje. Por momentos creíamos que podíamos ganarlo empujando y pechando, pero está visto que con eso no alcanza. También hay que jugar bien”, dijo luego de perder un partido clave contra Lituania en los juegos olímpicos de 2016. Más claro imposible.

Ahora ya no están todos los amigos de Messi (sólo 8 de los 23 del plantel jugaron el mundial pasado) ni está Sabella y el técnico que tenemos parece más perdido que todos los argentinos juntos. Todos deseamos que no, pero es bastante probable que volvamos en primera ronda. Será un fracaso – otro más – que ojalá sirva de lección.

Mientras tanto, para la última fecha, podríamos probar con los amigos que le quedan a Messi en la Selección ¿No? Esos que nos hicieron jugar tres finales, a los que nos cansamos de insultar por no ganarlas.

 

 

Por Facundo Insegna.