River cayó ante Rosario Central en el monumental

Domingo atípico en Núñez. No solo por el horario matutino que hizo madrugar a los más de 50 mil hinchas que asistieron al Monumental, sino también por el inesperado partido de un insípido River que sucumbió ante un férreo Rosario Central. Sin respuestas ni futbolísticas ni anímicas, el equipo de Marcelo Gallardo estuvo lejos de su mejor versión, mostró una pálida imagen, perdió 1-0 y dejó pasar la oportunidad de alcanzar la cima de la Superliga en soledad.

 

Mientras el público cantaba por la Copa Libertadores y despedía con aplausos al Millonario, los jugadores del Canalla no podían contener su felicidad, con los brazos en alto, los puños cerrados y una merecida sonrisa en el rostro. Los sucesivos abrazos que se dieron representaron en parte la importancia de lo conseguido: el gol de Lucas Gamba le dio tres puntos de oro en la lucha por no descender y marcó un golpe histórico, ya que no ganaba en Núñez desde hace 22 años (la última vez había sido en el Torneo Apertura 1997 por 3-1).

 

Con tres victorias y un empate, Diego Cocca sigue invicto frente a Gallardo y hoy le volvió a ganar la pulseada, con un Rosario Central que limitó a su rival y lo llevó a un terreno donde se sintió tan incómodo como confundido. Así, le costó mucho a River poder entrar en juego, quizás con la cabeza enfocada en los partidos definitorios que vendrán y con un desgaste físico y mental acumulado que le pasó factura. Más allá de eso, tuvo el control absoluto de la pelota y manejó los tiempos, pero no logró transformar esa superioridad en presencia en el área rival y sufrió la falta de potencia de tres cuartos de cancha hacia adelante.

 

Con la constante salida de los centrales como primeros armadores de juego y los laterales posicionados casi como extremos, el equipo del Muñeco tuvo un primer tiempo que fue de menor a mayor, pero nunca pudo exprimir al máximo todas sus virtudes para imponerse con autoridad. Así, en los primeros 45 minutos, solo tuvo dos acciones de peligro concreto: un remate desde lejos de Javier Pinola y una buena jugada colectiva que derivó en un potente remate de Matías Suárez que pasó cerca.

 

Agazapado y sin presionar alto, el juego de un aguerrido Rosario Central pasó por respetar el orden en la línea de fondo y combatir en el mediocampo para cortar los caminos del rival, con una escueta posesión de pelota de tan solo segundos antes de buscar un pelotazo o un pase largo entre líneas.

River ahora jugará el próximo jueves frente a Estudiantes (BA) en Córdoba por las semifinales de la Copa Argentina y luego el sábado 23 enfrentará a Flamengo en la final de la Copa Libertadores

 

Esa problemática y apresurada acción obligó a River a reaccionar con mucho tiempo por delante, pero nunca encontró la claridad necesaria para destrabar un partido que se le presentó difícil desde el comienzo y sintió el bajo rendimiento de Nacho Fernández y Exequiel Palacios, piezas claves del engranaje que no tuvieron la fineza habitual para jugar.

 

Con más de media hora por delante, Gallardo intentó renovar las energías en ataque con los cambios: Juanfer Quintero ingresó por Nicolás De La Cruz y luego Ignacio Scocco y Lucas Pratto entraron por Borré y Suárez. Y ni siquiera el banco de suplentes de lujo pudo romper el sólido cerrojo rosarino, apoyado en una gran tarea del arquero Jeremías Ledesma, quien respondió cada vez que le tocó entrar en acción.

 

Con el correr de los minutos, River se enredó solo y se fue apagando sin poder reponerse del mazazo que recibió desde el vestuario. Sin respuestas colectivas ni pinceladas individuales para rescatar al menos un empate, no pudo llegar a lo más alto de la Superliga. Y Central vuelve a Rosario con una enorme sonrisa tras un triunfo que no estaba en los planes.

 

 

Fuente: LaNacion