Rusia: ¿Hay fiebre mundialista?

 

AUDIO: Facundo Insegna: {mp3}para ISR 1-06{/mp3}

 

Rusia es un país de tradición futbolera. Quizá no se nota tanto en los últimos 25 años, pero antes, cuando era la Unión Soviética, tuvo futbolistas y equipos de elite, tanto a nivel selección como en clubes.

 

La Copa del Mundo, que comienza en dos días con la selección Rusa como protagonista del partido inaugural, encuentra a los habitantes del país entre indiferentes ante tamaño acontecimiento y eufóricos por la llegada de las estrellas mundiales.

 

En las últimas horas, el país – o más en concreto la ciudad de Moscú – se llenó de hinchas-turistas de distintas partes del mundo, que se sumaron a los que se adelantaron unos días y coparon la metrópoli. Igual la capital moscovita está acostumbrada al colapso: en promedio, recibe cada año 4 millones de turistas, aunque no todos juntos como esta vez.

 

En las estaciones de trenes y subtes y las paradas de colectivos es cada vez más común encontrar camisetas de Perú, Colombia, México, Irán, Brasil, Argentina, Marruecos y hasta de selecciones que no clasificaron, como Estados Unidos. (Los europeos todavía no se hacen notar, pero están y en gran número).

 

La gente en Rusia continúa su vida cotidiana (trabajo, casa, escuela) con normalidad, como es esperable. Todos saben el acontecimiento que se aproxima: algunos lo esperan expectantes, pero una buena parte ni siquiera tiene en claro cuándo comienza.

 

Lo dicen ellos mismos, que suelen preguntar a los visitantes “¿Esta semana empieza?” o “¿Cuándo es el primer partido, el 14 o el 15?”. Y siguen la conversación hacia otros temas nada cercanos al Campeonato.

 

La FIFA, mientras tanto, tiene todo el circo montado: Fan Fest por todos lados, banderitas, promociones, venta de tickets, merchandising, souvenirs, pelotas gigantes para fotografiar (se), mesas informativas en distintos puntos (sobre todo en lugares de concurrencia masiva, como estaciones de trenes y aeropuertos) y toda la parafernalia habitual que suele rodear a la organización.

 

Las inmediaciones del Kremlin, por caso, parecen haber sido tomadas por la FIFA. Los visitantes – rusos y extranjeros – intercalan en sus recorridos los paseos por el Jardín de Alejandro, el lujoso centro comercial GUM, la Catedral de San Basilio y la plaza Roja en general, con la compra de “productos oficiales” de la Copa y fotos con la mascota.

 

La propia organización del fútbol mundial montó un patio de comidas en el lugar y, en la previa al comienzo del torneo, hasta ofrecen espectáculos artísticos de gran nivel.

 

Estos espacios tienen mayoría de asistentes rusos, claro, pero también se han convertido en un punto de encuentro para los hinchas que celebran cada vez que se cruzan con alguien de su país. (Este lunes, por ejemplo, confluyeron en un punto un grupo de 10 o 15 peruanos que entonaron cánticos con insultos a Chile, sin ninguna razón actual que lo amerite).

 

En la otra vereda están los indiferentes, a quienes parece que la Copa les pasa lejos. Ayuda al desinterés que los desinteresados no son todos rusos: muchos de los habitantes son nacidos en países de la ex Unión Soviética (Azerbaiyán, Uzbekistán, Georgia), que no clasificaron al Mundial, y no sienten a la selección rusa como propia, como es lógico. La antigua URSS tuvo una destacada actuación en Inglaterra 66, cuando alcanzó el 4° lugar y tuvo como figura destacada a la “Araña Negra” Lev Yashin.

 

Los indiferentes saben de la magnitud del acontecimiento pero no logra despertarles ni una pizca de interés. Acaso lo único que pretenden, algunos de ellos, es poder hacer algún dinero extra ante tanto turista extranjero.

 

Con todo, la “fiebre mundialista” se siente con fuerza en las inmediaciones de los centros dedicados especialmente a la ocasión, aunque bastante menos a medida que crece la distancia. De todas maneras, la FIFA se puso la vara alta: “Esta será la mejor Copa del Mundo de la historia”, aseguró hace un tiempo el presidente Gianni Infantino. Esperemos.