Se cumplen 19 años del suicidio de Mirko Saric, una de las grandes promesas de San Lorenzo

“Un día me golpea la puerta, me dice: ‘¿Puedo hablar con vos?’. ¿Qué estaba esperando yo? Que dijera ‘mirá, yo por izquierda no me gusta jugar’, yo lo hacía jugar por izquierda; ‘no tengo marca’, no sé… Me senté en la cama y me dice… ‘No le encuentro sentido a la vida’. Así, de la nada. Yo le dije: ‘Tenés a tu papá, tu mamá, tus hermanos, tus amigos, los pibes del plantel te quieren, firmaste contrato, jugás al fútbol, ¿que es lo que querés?’. ‘No me pasa por ahí’, me respondió. Yo no sabía otra cosa. Entonces lo llamé a su papá y le conté. Me avisó: ‘Quedate tranquilo que está tratándose con un psiquiatra’. Y después pasó lo que pasó”.

 

Lo “que pasó”, según el relato de Oscar Ruggeri, entonces su entrenador, conmocionó a todo San Lorenzo y el mundo del fútbol. El 4 de abril de 2000, Mirko Saric, el elegante mediocampista que representaba una de las grandes promesas de la cantera azulgrana, el que había sido buscado por el Real Madrid, se suicidó en su cuarto, a los 21 años. Había llegado a jugar 41 partidos en Primera y había convertido cuatro goles. Venía de sufrir la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha, lo que había agudizado su depresión.

 

Querido por sus compañeros, aquella camada que surgió de la Reserva y nutrió al plantel profesional con nombres como el Pipa Estévez, Guillermo Franco o Leandro Romagnoli, talentoso, con futuro. La situación hizo sonar las alarmas más allá de las fronteras del Ciclón: ¿hasta dónde el cuerpo y la mente de las jóvenes promesas están preparadas para soportar las presiones, el peso de los deseos, la proyección de los sueños?

 

Saric había saltado a la élite de nuestro fútbol el 22 de diciembre de 1996, frente a Unión de Santa Fe, con apenas 18 años, reemplazando a un tal Néstor Gorosito. Quien tomó la decisión de promoverlo fue Carlos Aimar. “Yo lo subí a Primera, era un chico muy correcto, respetuoso, con un muy buen físico, muy claro para jugar y distribuir la pelota”, lo define el CAI a la distancia, ante la consulta de Infobae.

“Cuando le di la oportunidad respondió con carácter, me sorprendió. Cada chico tiene su personalidad, hay futbolistas a los que les cuesta jugar con presión, a otros no. En él, no se notaba, tenía mucha presencia”, agrega. Por eso, más allá de que cuando abandonó el banco de Boedo no continuó teniendo contacto con Mirko, “no podía creer cuando me contaron lo que había pasado. Un pibe joven, con tanto futuro por delante…”.

 

“Cuando los chicos suben a Primera, en general tienen una racha muy buena, pero después pasan por una meseta, caen en un bajón. algunos vuelven como grandes figuras y otros no salen de esa meseta. Depende de la personalidad, del apoyo de la familia, del grupo; son muchos los factores”, describe el electrocardiograma al que se someten los aspirantes a futbolistas (o los que llegan a serlo, con mejor o peor suerte). Situaciones que requieren de un respaldo, un seguimiento. No todos llegan. No todos tienen un alto nivel de tolerancia a los golpes.

 

 

Fuente: Infobae

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