Se presentó el nuevo disco del Indio Solari: “El ruiseñor, el amor y la muerte”

Pasó. Con la expectativa que iba a generar. Y que generó. Se presentó en FM La Patriada, el lanzamiento del quinto disco solista del Indio Solari , El ruiseñor, el amor y la muerte. Se hizo en un clima que se sabía amistoso, es decir, no crítico. Y también con una impronta independiente (cooperativa), como volviendo a la vida los orígenes que motivaron la “gran”, la más importante conformación del Indio Solari (sujeto y objeto de esta presentación): Los Redondos.

En términos generales, el álbum se siente de manera empática con los oyentes. No complaciente, pero más familiar (si es que este término define lo empático) con el público. Antes del programa de Marcelo Figueras, las emisiones de la radio fueron anticipando lo que iba a suceder en Big Bang, el programa del conductor. Así pasó que la voz de Andrés Calamaro (uno de los conductores de la radio, recitó una selección personal y previa de temas de Solari (que luego se escucharon).

Entre otras cosas, muchas de ellas interpretadas o tamizadas por el conductor de la emisión (clarificantes, manifiestamente amigables pero, sobre todo, analíticas de la envergadura de la figura y de la obra de Solari), se constata que el incipiente ámbul oscila entre lo festivo y lo oscuro, que habla y hace cuerpo en la idea de la muerte, que hay rock y hay pop, y que la voz del Indio está tan presente como también se oculta. Como cediendo lugar.

“Hay voluntad del Indio de retirarse para que nada interfiera en el poder esencial de la canción”, sintetiza Figueras. Y el disco cierra con “El que la seca la llena”, el mandato popular que dictamina que el que consume el último trago, se obliga a reponerlo. Ni más ni menos que el principio, o el fin. O la respetuosa y agridulce incertidumbre artística que le permite al Indio cambiar radicalmente la letra de su última canción, para hacer ambiguo el mensaje y, a su vez, convertir “los amores se cruzan siempre con la tristeza”, en un camino que se cruza “con alegría”.

Fuente: LaNacion