Tensión entre la Iglesia y el Gobierno: prudencia táctica y nuevos nubarrones

La prudencia discursiva que el Gobierno mantiene luego de la misa motorizada por la alianza sindical de Hugo Moyano apenas fue alterada por mínimas declaraciones, bastante medidas. Es, podría decirse, un recurso táctico, habida cuenta del oleaje producido por esa celebración, que exhibió incluso algunos malestares internos visibles no sólo para los lectores finos de los matices eclesiásticos. La expresión más evidente fue despegar al Papa del acto en Luján, el más significativo por su teñido sectorial y político.

 

En el Gobierno y en sentido más extenso, en el oficialismo también existen matices y distintas modos de observar y moverse frente a la Iglesia y como reacción ante las señales que emite Francisco. Pero en cualquier caso, los análisis parten del registro de los notorios mensajes críticos hacia la gestión de Mauricio Macri y del aval a la oposición peronista en sus distintas vertientes.

 

De todos modos, frente a la misa en Luján existió cierta coincidencia en ser muy medidos en las respuestas. Para algunos, los de mayores vínculos personales con referentes de la Iglesia, porque consideran que la peor estrategia sería agudizar las tensiones, abiertas y dogmáticas como fueron durante el debate por la legalización del aborto, más políticas y hasta ideológicas en el cuestionamiento global al macrismo. Para otros, el razonamiento es más pragmático: reaccionar sin advertir los matices del caso sería empujar una reacción en bloque de la jerarquía eclesiástica.

 

El punto, en todo caso, es que la celebración en Luján superó por mucho el lugar de la crítica con visión religiosa al delicado cuadro de la crisis económica y el ajuste dispuesto por el Gobierno. Ser una referencia social o una voz crítica –un ejercicio que siempre genera debate- no es asimilable a avalar a una determinada franja política y sindical, en este caso la más dura por razones entre las cuales se destacan comprometidas causas judiciales por corrupción.

 

Por supuesto, no todo se explica por esa disputa hacia el interior de la Iglesia. Los matices pueden confundir. Radrizzani, de visible y previa simpatía con el kirchnerismo, no es precisamente un hombre de confianza del Papa, que no contó con su solidaridad en la época de arzobispo de Buenos Aires. En cambio, Lugones, de formación jesuítica, es parte del armado episcopal en sintonía con Francisco. Ojea no habría derivado la solicitud moyanista en función de tales antecedentes, sino por la elección de la basílica, según la explicación que se dejó trascender.

 

También pesan señales que no parecen menores o fruto del puro descuido. La consigna de la celebración en Luján fue “Paz, pan y trabajo”: el eco remite a la marcha cegetista en el final de la dictadura.

 

Fuente: Infobae

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