Tras la muerte de Fabián Tomasi, vuelven a alertar por el uso de agrotóxicos cerca de las poblaciones

AUDIO: MARIO NICOLETTI (INGENIERO AGRÓNOMO)

 

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Fabian Tomasi murió el viernes de la semana pasada a causa de una neumonía que lo dejó internado durante cinco días. El joven de Basavilbaso, provincia de Entre Ríos se convirtió en un símbolo de la lucha contra los agrotóxicos en todo el país.

Fabían comenzó a trabajar en 2005 en el abastecimiento de aviones fumigadores. Su tarea consistía en abrir los envases de los productos químicos para mezclarlos con agua y enviarlos mediante una manguera a los tanques de los aviones que luego lo esparcían por la superficie sembrada.

El permanente contacto con los agrotóxicos comenzó a hacer mella en el cuerpo del joven, que con el pasar de los años se transformaría en el ejemplo viviente del daño que causa en la salud humana la exposición a ese tipo de químicos.

Tras conocerse la muerte de Tomasi, el ingeniero agrónomo Mario Nicoletti, uno de los impulsores de numerosas campañas en contra de la instalación de Monsanto en el Valle del Conlara, llamó a la reflexión sobre los permisos que se otorgan a este tipo de empresas que, con sus acciones, ponen en peligro la salud de la población.

“La responsabilidad más importante no la tienen las empresas multinacionales. La tienen los gobiernos”, sentenció Nicoletti, creador de varias organizaciones ambientales y ex concejal de Villa de Merlo.

La localidad turística por excelencia de San Luis tiene el peligro muy cerca: hacia el oeste se han instalado desde hace muchos años empresas que trabajan de manera directa para la multinacional contaminante y, claro, utilizan la fumigación como un método habitual para “proteger” sus cultivos.

“A la par del centro turístico más importante de la provincia hay un emprendimiento de estas características, que va exactamente en contra de todo lo que se ha proclamado de la Villa de Merlo, como primero en calidad ambiental, municipio saludable, etcétera. El turismo en la Villa de Merlo se encara hacia una forma de sustentabilidad, de salud, que tiene que ver con el ecoturismo”, analizó.

En las inmediaciones de Merlo hay cultivos de forraje y soja, bajo riego, y con la utilización de plaguicidas para su protección.

“La responsabilidad no la tiene Monsanto. Ellos piden la autorización y la Provincia otorgó los permisos. Desde el punto de vista económico, tampoco es negocio. Ni Merlo ni la región ganan nada con estos emprendimientos. Políticamente, tampoco es negocio”, aseguró.

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