Un “impuestazo” como respuesta al fracaso del ajuste de la política

A las 9;45 de este lunes, antes de la apertura del mercado cambiario a las 10 de la mañana, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne realizará el anuncio de un nuevo aumento de impuestos. Exactamente lo contrario a lo que venía pregonando el gobierno de Cambiemos desde que arrancó su gestión, es decir que la presión tributaria era excesiva y que era necesario bajarla para recuperar la senda de crecimiento sostenido.

Una de las claves de los anuncios del ministro sera la vuelta de las retenciones a los sectores agroexportadores. En el caso de la soja, estaba vigente un cronograma que la reducía un 0,5% mensual hasta 2020. Seguro será suspendido y aún no está claro si volverá a aumentar a los niveles que había fijado el kirchnerismo, es decir 35%. Pero además se reinstalarán para las exportaciones de maíz, trigo y otros productos que hasta podrían incluir productos industriales.

Otro de los anuncios que se esperan es la decisión de dar marcha atrás con la reforma tributaria, la cual establece una reducción de impuestos distorsivos como Ingresos Brutos y Sellos para las provincias. Como también una rebaja en aportes patronales, que se disponía a través de un aumento en forma gradual del mínimo no imponible. Se habla en forma insistente de eliminar la categoría más alta del monotributo para transformarla en “responsable inscripto”, es decir que miles de contribuyentes pasarían automáticamente a pagar IVA y Ganancias.

Varias razones son las que terminan en la decisión de realizar este “impuestazo”, pero la más fuerte es la negativa de la clase política a llevar adelante un ajuste en serio para ayudar a equilibrar las cuentas públicas. Ni el aumento del riesgo país ni la necesidad de ir a un acuerdo con el FMI habían convencido a Mauricio Macri de la necesidad de achicar la estructura de ministerios. Sólo fue la corrida cambiaria de los últimos días la que lo llevo a tomar una medida que se le venía reclamando hace por lo menos un año y medio.

La no reacción económica no solo sucedió en el Gobierno Nacional, también existió en las provincias, municipios y en el ámbito legislativo. No hubo un solo gesto de austeridad de prácticamente ningún sector, ni propuestas concretas.

Para lograr el acuerdo con el FMI estableieron reducir el déficit fiscal primario desde 2,7% a 1,3% para el año próximo, lo que en la práctica implica la necesidad de un ahorro de 300.000 millones de pesos. La idea era conseguirlo con una mezcla de menores subsidios, reducción de la obra pública y achicamiento del Estado.

La crisis actual cambió el panorama abriendo la situación a tener una austeridad mayor, por lo que se busca un anunció que acerque a las cuentas públicas al déficit cero el año próximo, adelantando algo previsto para el 2020. Esto y la caída de la actividad, sumado a las escasas señales de austeridad del sector público, obligaron al Gobierno a subir una vez más la carga tributaria. Pensar en un “gesto” de la política en pos de un ajuste en un año electoral era una tarea imposible en Argentina.

Frenar las retenciones y a la reforma tributaria fueron medidas que ya habían sido sugeridas al Gobierno por parte del FMI. En su momento fue el propio Macri quien rechazó un freno a la baja de la presión impositivo al campo (promesa que el presidente le realizó a este sector durante su campaña). Pero todo sucedió antes de la megadevaluación de agosto.

La caída del consumo y la consiguiente recesión complican mucho más el panorama. El plan original de Dujovne era que la baja de la presión tributaria se consiguiera con una reducción del gasto público en términos reales (es decir que crezca menos que la inflación), pero sobre todo a partir de mayor crecimiento. Con un PBI achicándose, la obligación de aumentar la recaudación se vuelve mayúscula.

Las reaparición de las retenciones al centro de la escena vienen de la mano del aumento del gran aumento del dólar, que acumula más del 70% en lo que va del año. Y esto le permite al Estado recaudar a costa de los exportadores, pero a partir de una megadevaluación, que llevará a la inflación por encima del 40% este año y por ende otro fuerte aumento de la pobreza.

 

Fuente: Infobae

Un “impuestazo” como respuesta al fracaso del ajuste de la política

A las 9;45 de este lunes, antes de la apertura del mercado cambiario a las 10 de la mañana, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne realizará el anuncio de un nuevo aumento de impuestos. Exactamente lo contrario a lo que venía pregonando el gobierno de Cambiemos desde que arrancó su gestión, es decir que la presión tributaria era excesiva y que era necesario bajarla para recuperar la senda de crecimiento sostenido.

Una de las claves de los anuncios del ministro sera la vuelta de las retenciones a los sectores agroexportadores. En el caso de la soja, estaba vigente un cronograma que la reducía un 0,5% mensual hasta 2020. Seguro será suspendido y aún no está claro si volverá a aumentar a los niveles que había fijado el kirchnerismo, es decir 35%. Pero además se reinstalarán para las exportaciones de maíz, trigo y otros productos que hasta podrían incluir productos industriales.

Otro de los anuncios que se esperan es la decisión de dar marcha atrás con la reforma tributaria, la cual establece una reducción de impuestos distorsivos como Ingresos Brutos y Sellos para las provincias. Como también una rebaja en aportes patronales, que se disponía a través de un aumento en forma gradual del mínimo no imponible. Se habla en forma insistente de eliminar la categoría más alta del monotributo para transformarla en “responsable inscripto”, es decir que miles de contribuyentes pasarían automáticamente a pagar IVA y Ganancias.

Varias razones son las que terminan en la decisión de realizar este “impuestazo”, pero la más fuerte es la negativa de la clase política a llevar adelante un ajuste en serio para ayudar a equilibrar las cuentas públicas. Ni el aumento del riesgo país ni la necesidad de ir a un acuerdo con el FMI habían convencido a Mauricio Macri de la necesidad de achicar la estructura de ministerios. Sólo fue la corrida cambiaria de los últimos días la que lo llevo a tomar una medida que se le venía reclamando hace por lo menos un año y medio.

La no reacción económica no solo sucedió en el Gobierno Nacional, también existió en las provincias, municipios y en el ámbito legislativo. No hubo un solo gesto de austeridad de prácticamente ningún sector, ni propuestas concretas.

Para lograr el acuerdo con el FMI estableieron reducir el déficit fiscal primario desde 2,7% a 1,3% para el año próximo, lo que en la práctica implica la necesidad de un ahorro de 300.000 millones de pesos. La idea era conseguirlo con una mezcla de menores subsidios, reducción de la obra pública y achicamiento del Estado.

La crisis actual cambió el panorama abriendo la situación a tener una austeridad mayor, por lo que se busca un anunció que acerque a las cuentas públicas al déficit cero el año próximo, adelantando algo previsto para el 2020. Esto y la caída de la actividad, sumado a las escasas señales de austeridad del sector público, obligaron al Gobierno a subir una vez más la carga tributaria. Pensar en un “gesto” de la política en pos de un ajuste en un año electoral era una tarea imposible en Argentina.

Frenar las retenciones y a la reforma tributaria fueron medidas que ya habían sido sugeridas al Gobierno por parte del FMI. En su momento fue el propio Macri quien rechazó un freno a la baja de la presión impositivo al campo (promesa que el presidente le realizó a este sector durante su campaña). Pero todo sucedió antes de la megadevaluación de agosto.

La caída del consumo y la consiguiente recesión complican mucho más el panorama. El plan original de Dujovne era que la baja de la presión tributaria se consiguiera con una reducción del gasto público en términos reales (es decir que crezca menos que la inflación), pero sobre todo a partir de mayor crecimiento. Con un PBI achicándose, la obligación de aumentar la recaudación se vuelve mayúscula.

Las reaparición de las retenciones al centro de la escena vienen de la mano del aumento del gran aumento del dólar, que acumula más del 70% en lo que va del año. Y esto le permite al Estado recaudar a costa de los exportadores, pero a partir de una megadevaluación, que llevará a la inflación por encima del 40% este año y por ende otro fuerte aumento de la pobreza.

 

Fuente: Infobae

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