Un médico argentino en Nueva York: “Aquí sólo escuchamos las alarmas de los respiradores…”

Jorge Mercado dirige la Unidad Pulmonar de Hospital Langone, dependiente de la Universidad de Nueva York, en Brooklyn. En un podcast de la CNN contó el día a día junto a su equipo y cómo este suceso afectará sus vidas a futuro.

Como telón de fondo del relato de Jorge Mercado, se escucha un sonido intermitente: “Hoy todo el hospital está escuchando las alarmas de los respiradores o de un corazón que se detuvo”, explica él.

Pasan los días y cada 24 horas, se actualizan las cifras de la pandemia. Estados Unidos ya acumuló más de 61 mil muertos y superó el millón de casos confirmados de contagio por coronavirus. Se convirtió así en el nuevo epicentro de la pandemia de COVID-19.

Jorge Mercado es un médico argentino de 43 años que se desempeña como Director del Departamento Pulmonar del Hospital Langone, dependiente de la Universidad de Nueva York, en Brooklyn.

El profesional porteño, que obtuvo su título en 2001, reside en los Estados Unidos desde hace varios años. Allí se especializó en terapias pulmonares y en terapia intensiva. Hoy, en el medio del azote de la pandemia, su expertise en el tratamiento del órgano más afectado por el coronavirus lo colocó en el ojo de la tormenta.

Mercado fue el entrevistado de una edición del podcast “Coronavirus: Realidad vs Ficción”, de la cadena CNN, en el que respondió las preguntas de la periodista Ana María Luengo Romero y detalló cómo es la vida de un médico abocado a la batalla contra el “enemigo invisible”, como muchos llaman al virus.

“Hoy hay siete unidades de terapia intensiva en el hospital. Es como si la Unidad de Terapia Intensiva hubiese tomado todo el hospital como rehén. Ocupa medio establecimiento”, aseguró.

“Cada vez que llegamos, hacemos el pase de sala y nos enteramos quién ha fallecido en el turno anterior, y nos preparamos para hacer la ronda de los pacientes”, agregó.

Mercado aseguró que el clima que se vive a diario en el hospital es de tensión constante, tristeza, llantos y hasta desesperación.

“Ahora todo el mundo escucha las alarmas incesantes de los respiradores. Lo otro que se escucha todo el tiempo es la alarma de un código de arresto cardiopulmonar porque lamentablemente el corazón de alguien ha dejado de funcionar”, describió.

El médico argentino aseguró que lidiar con los pacientes y con la muerte todos los días afectó su vida personal. En ese sentido, pronosticó que una vez superada la pandemia, la gran mayoría de los médicos de los Estados Unidos que estuvieron involucrados en la atención de pacientes con Covid-19 padecerán algún tipo de estrés post traumático.

“La reanimación cardiopulmonar no es como muestran las series de TV. Es mucho más violenta y estresante (…) Lo que yo le digo a mi equipo es que nos aseguremos de que esos pacientes no estén sufriendo, que no tengan dolor y que tengan una muerte digna. Nosotros no estamos sólo para salvar vidas, lo primero que nos toca es aliviar”, agregó.

El médico argentino reconoció sentir un gran dolor por no disponer de la posibilidad de hablar cara a cara con los familiares de los pacientes, lo que constituye el 50 por ciento de su trabajo. “Es muy difícil lidiar con pacientes sin contacto con la familia. Como latinoamericano, para mí ese contacto es esencial. Una pantalla, por buena que sea internet, le quita humanidad”.

Por las noches, Mercado tiene serias dificultades para conciliar el sueño. El apoyo de su familia es el sostén principal para no desmoronarse emocionalmente. “Aislado en un hotel, sin mis hijos ni mi mujer, hubiera sido cien veces más difícil”.

Mercado no olvida sus orígenes y por eso le preocupa la situación en Latinoamérica, aunque confía en la calidad profesional de sus colegas, quienes se acostumbraron a lo largo de los años a desarrollar su trabajo en un contexto de gran escasez de recursos.

“Yo estoy preocupadísimo por lo que pueda pasar en América Latina. Van a haber muchas regiones que van a sufrir mucho en las próximas semanas. Los médicos de Latinoamérica han demostrado ser de una enorme calidad. Eso quedó demostrado porque (…), con pocos recursos y gastando mucho menos en salud, tenemos casi la misma mortalidad e índices de salud de países desarrollados”.

Admitió tener miedo de contagiarse del COVID-19 -“el que dice que tiene miedo está mintiendo o exagera”-, pero aseguró que el orgullo que le genera su profesión y la posibilidad de ayudar al prójimo con sus conocimientos lo mantienen con los pies firmes sobre la tierra. “Como terapista, tengo muy presente la fragilidad del organismo humano. Somos adolescentes que nos creemos invencibles hasta que pasa algo y nos damos cuenta de nuestra propia mortalidad”, dijo.

“El momento que más voy a recordar en el futuro es uno que todavía no ocurrió: es una respuesta tanto de la comunidad médica y de la sociedad en general, de olvidarnos de las peleas de los últimos años y realmente abrazar a la comunidad científica. Hay que dejar que seamos nosotros los que dictaminemos qué es lo mejor para esta pandemia”, sostuvo, reivindicando a su profesión.

Fuente: Infobae

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