Violento motín en una cárcel de Salta dejó 17 heridos

Doce efectivos del Servicio Penitenciario y cinco presos resultaron heridos durante un violento motín que se registró el pasado lunes en la Unidad Carcelaria 2 de la ciudad salteña de Metán.

Pese al hermetismo que existía en torno del caso, la prensa local pudo confirmar que los graves incidentes se produjeron el último día de abril, alrededor de las 19:30, en la sureña ciudad. El principal protagonista fue un preso de apellido Ramírez, quien salió enojado de la enfermería, donde lo habían tratado por una alergia y se negó a recibir la medicación.

El preso exigía a los gritos que lo llevaran a un especialista en el hospital Del Carmen, lo que era imposible porque había que sacar turno con anticipación y era fin de semana largo por los feriados del Día Internacional de los Trabajadores. Además, según trascendió, su cuadro de salud no revistaba una gravedad tal que requiriera atención de emergencia.

Cuando regresaba de ese sector de la cárcel, el interno Ramírez le dio una patada a una de las puertas enrejadas y luego fuera de sí, en un patio interno, tiró un escritorio de registro sobre un guardiacárcel y lo lesionó en una de las manos. Tomó intervención el oficial de guardia, quien buscaba calmarlo, pero el joven privado de la libertad siguió reaccionando violentamente y tomó una banca y la arrojó a un celador de guardia, quien recibió el impacto en el brazo derecho.

Debido a la conflictiva situación, un agente penitenciario hizo sonar el silbato para que se constituya todo el personal del penal, que el sábado alojaba a 96 internos en distintos pabellones. Inmediatamente los efectivos comenzaron a recorrer los pasillos para hacer el encierro de los presos ante la falta disciplinaria, para tratar de evitar inconvenientes mayores. Pero junto a Ramírez otros cuatro presos se negaron a ingresar a las celdas y comenzaron a arrojar bancas contra los penitenciarios.

En medio de ese desorden hasta el director del penal, José Alberto Jaime, resultó con lesiones en el brazo derecho. Cuando los efectivos de custodia llegaron al lugar continuó el encierro de los revoltosos, pero uno de los internos ingresó a un pabellón que no era el suyo. En ese momento, mientras se cerraba el pabellón B, algunos de los presos del A comenzaron a colocar cuchetas en el acceso al dormitorio comunitario.

En pocos minutos los internos estaban amotinados en el pabellón A, donde había unos 26 privados de la libertad, pero no todos participaban de los incidentes. Por eso las autoridades del penal pidieron refuerzos al personal que estaba de descanso para lograr juntar los efectivos suficientes para proceder. Una vez agrupados abrieron la puerta del pabellón en conflicto e ingresaron por arriba de las cuatro camas cucheta que colocaron, pero comenzaron a ser atacados con agua caliente, pedazos de palos de escoba y otros elementos contundentes.

Fue entonces que los efectivos hicieron entre nueve y diez disparos persuasivos con escopetas. Solamente de estruendo y sin municiones, para tratar de controlar la situación. Se procedió a reducir a los cinco internos que fueron los principales protagonistas de los incidentes, entre los que estaba Ramírez y uno de sus hermanos. Luego fueron revisados por el médico del penal, Gustavo López Burgos. Posteriormente quedaron alojados en el denominado pabellón disciplinario por la infracción al reglamento interno de las unidades carcelarias.

Hubo dos celadores que tuvieron que ser enyesados y otros diez penitenciarios lesionados, entre ellos el director del penal. Mientras que los internos presentaban escoriaciones y lesiones. Al día siguiente hubo una requisa en todo el penal y se secuestraron un arma blanca casera o “tumbera”, palos de escoba y otros elementos.

 
Fuente: Elintransingente