Vuelven a pedir la libertad para Jorge, “el tortugo más viejo del país”

El Tortugo Jorge está viejo y encerrado. Desde hace 37 años pasa sus días en una pecera del Acuario de Mendoza. Y los abogados Vanesa Lucero, María Aguilar y Oscar Mellado están intentando liberarlo a partir de un hábeas corpus que presentaron hace tiempo, en un caso que esta semana tuvo otro episodio del debate. 

Los letrados consideran que Jorge está siendo privado ilegítimamente de su libertad. En esa tónica respondieron a los descargos que hicieron el propio Acuario y la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza:

“Se capturó y secuestró al animal en una playa cercana a Mar del Plata -se dice también que fue en las proximidades de Bahía Blanca- se lo embaló en una caja de madera y, vía aérea, se lo trasladó a Mendoza. De inmediato se lo alojó en una pecera”, recapitula el escrito.

Las autoridades ya han argumentado que no se opondrían a la liberación si se cumplen ciertas condiciones. Pero Lucero, Aguilar y Mellado dicen que esa actitud no es creíble “frente a la fragante violación de la normativa provincial, nacional e internacional atinente al Derecho Animal” que se sigue perpetuando cada día que Jorge sigue preso.

“El tortugo permanece en una celda de cemento con paredes vidriadas sin ningún elemento propio del mar. Ni flora, ni fauna ni congéneres de su especie que tornen llevadera o menos tortuosa su existencia, su condena ilegítima a prisión perpetua. Habitualmente se acerca a los vidrios y de tal modo ‘toma contacto’ con él o los visitantes que curiosamente se aproximan, tocando ese frío e infranqueable límite”.

La libertad antes de morir

Cuando lo capturaron, Jorge tenía aproximadamente 43 años. Hoy anda por los 80 y es, probablemente, el tortugo en cautiverio más longevo de la Argentina.

Los abogados animalistas subrayan la similitud de este caso con el de Arturo, un oso polar cuyo encierro despertó indignación internacional cuando malvivía en una jaula del zoológico soportando los 40 grados de los veranos mendocinos. Ahora hay una segunda oportunidad de actuar antes de que sea tarde.

El contraejemplo es lo que ocurrió con la chimpancé Cecilia, que fue llevada a un santuario tras un habeas corpus que sentó precedente mundial y que sí tuvo un cauce favorable en la Justicia. 

Fuente: MDZ

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