Zelenograd, la ciudad verde, científica y guerrera a la que el Mundial le pasa por al lado

La ciudad de Zelenograd, ubicada a 41 kilómetros al noroeste del centro de Moscú y perteneciente al Óblast de la capital rusa, fue creada en 1958 como el centro de la industria electrónica soviética.

La traducción literal de Zelenograd es “ciudad verde” (zelenyy: verde, gorod: ciudad). El argumento es fácil de encontrar: toda la extensión del territorio que ocupa mezcla bosques (algunos nativos, otros transformados en parques) con grandes edificios. Es común ver 3 o 4 manzanas repletas de edificios de más de 20 pisos intercaladas por otras tantas hectáreas de arbolado natural.

 

Según algunos datos, la ciudad cuenta hoy con casi 250 mil habitantes y aún en la actualidad es el centro del desarrollo de alta tecnología de la Rusia que ya dejó de ser soviética hace tiempo.

Cuando se formó el Óblast de Moscú, Zelenograd, como distrito administrativo, se unió a Kryukovo. De hecho, para llegar en tren desde la capital el boleto se compra hasta Kryukovo.

 

Los Óblast son los “sujetos administrativos” en las que se dividió la Federación Rusa; algo así como las provincias en Argentina. Tan parecido es que Moscú (como la Ciudad de Buenos Aires) no pertenece al Óblast (que sería como la provincia de Buenos Aires) sino que responde de manera directa a la Federación.

Para los rusos, la fecha patria más importante es el 9 de mayo, fecha que recuerda la batalla final contra los nazis que querían apoderarse de Rusia en 1945. Ese día, denominado “Día de la Victoria”, marcó el final de la Segunda Guerra Mundial o la “Gran Guerra Patria” para los soviéticos.

Lyusha, en el hospedaje, me contó que para esa fecha muchos rusos suelen colocar en sus automóviles calcomanías de agradecimiento a sus antepasados por haber resistido y vencido al ejército alemán. Las calcos suelen tener inscripciones tales como “Gracias abuelo (o bisabuelo o tío) por la victoria” o “Somos herederos de la victoria”. Es la fecha dónde se realiza la mayor celebración patria del país, con actos que son encabezados por el Presidente.

Si bien la Segunda Guerra Mundial había comenzado en 1939, para los rusos se inició a mediados de 1941, cuando Hitler decidió invadir el país. Durante seis meses el ejército invasor desplegó un extenso frente de batalla que tenía la intención de tomar la capital. Fue en la zona de Kryukovo y Solnechnogorsk donde pudieron detener el avance.

 

A lo largo de Zelenograd hay innumerables “memoriales” que recuerdan a los héroes de aquella contienda. Esa batalla, que terminó los primeros días de diciembre de 1941, no significó un triunfo contundente de los rusos pero sí un logro anímico: (se) demostraron que el ejército alemán no era invencible.

En el lugar dónde está la estación de Kryukovo se desataron enfrentamientos feroces que acabaron con la vida de miles de soldados de ambos bandos y destrucciones incontables de tanques y armamentos. Hoy el lugar está atravesado por una avenida y rodeada de centros comerciales y ferias.

La autopista que pasa por arriba de la estación lleva el nombre de Panfilov Prospect, en honor a Iván Vasílievich Panfílov, general que comandó una división que acabó con 18 tanques alemanes en el combate.

Cada sector dedicado a recordar a los héroes de diciembre de 1941 tiene un pequeño jardín, una estructura de mármol, alguna referencia histórica y la inscripción del año. Además, se renuevan las coronas y ramos de flores dispuestas a la memoria de los combatientes. Incluso el museo de Zelenograd tiene una de sus salas dedicada de manera exclusiva a la guerra y a esa batalla en particular.

 

Como en el resto de la zona, Zelenograd está repleto de ciudadanos de Uzbekistán, Azerbaiyán, Armenia, Turkmenistán y de otros países que pertenecieron a la Unión Soviética, que se instalaron en Rusia por la mala situación económica de sus lugares de nacimiento. Tal vez la ausencia de sus selecciones en la Copa motive su falta de interés. Sí hay carteles en las avenidas y en las autopistas que anuncian los próximos partidos y en algunos sectores flamean banderas de la FIFA.

Con el triunfo de Rusia ante España hubo algunos festejos, algunos gritos, alguna alegría. Duró apenas unos minutos; bien distinto a lo que podría esperarse, por ejemplo, si una selección latinoamericana logra hazaña semejante. Y más si ese país es el organizador de la Copa en disputa.

 

No hay en las calles de Zelenograd muchas personas con camisetas de las selecciones que jugaron la Copa, al contrario de Moscú. Los que utilizan los colores de los equipos, es fácil identificarlos, son extranjeros que están de paso o que se alojan en esta particular ciudad. En los bares, incluso, son pocos los que prestan atención a los partidos que pasan por la tele y muchos restaurantes ni siquiera se molestan en poner los partidos.

Zelenograd tiene su equipo de fútbol que está en el ascenso ruso y suele haber chicos jugando a la pelota en los abundantes espacios verdes. Cuando se cruzan con un argentino lo primero que dicen es “Fútbol, Messi, Maradona” (en ese orden). Es decir, el fútbol en sí, algo les interesa. Pero el mundial no parece estar entre sus prioridades.

 

 

Por Facundo Insegna.